Francisco Muro de Iscar, colaborador en OTR y en Periodista Digital, fue un destacado columnista durante la Transición de temas sociales. Ha trabajado en prensa, radio y gabinetes. Recuerda con cariño sus etapas en los diarios Arriba y Ya, donde ocupó puestos directivos. En la actualidad es director de la revista Abogados, publicación del Consejo General de la abogacía El veterano periodista recuerda para PD algunos momentos de la Transición:
Suárez nos salvó a todos de una situación enormemente difícil. Muchos españoles tenían miedo de que volviera a estallar una guerra civil. Su nombre estará en la historia con letras de oro.
Es injusto que algunos sectores ahora menosprecien la Transición. La Transición fue un ejercicio de cesión por parte de todos. En el Congreso de los Diputados el clima era mucho más duro de lo que es ahora, pero había una diferencia. A pesar de ponerse verdes, después se iban a una habitación del Congreso y salían con un acuerdo. Un acuerdo en el que perdían todos pero ganábamos todos. Y eso es lo que no sucede ahora.
La Transición fue posible porque los procuradores se hicieron el harakiri y entregaron el poder a los que venían. Y los que venían, en vez de exigir todo – como podía haber hecho el PCE, que era el que más fuerza tenía en aquel momento – supieron ceder en cosas como la bandera. Ahora vemos banderas republicanas en las manifestaciones, pero en aquel momento quienes la defendían fueron capaces de plegarla y guardarla.
Criticar ahora es muy fácil. Se cometieron errores, es posible que en temas como en las autonomías. Pero eso hizo posible que la democracia se estabilizara en España y que las libertades llegaran y el país funcionara. Pasamos de ser siervos a ser ciudadanos. Había una enorme ilusión colectiva. Desde la derecha entonces, desde los que crearon ese centro social – que era artificial, pero era un centro que permitió avanzar- desde la izquierda hasta el Partido Comunista. Eso fue un avance fundamental. Olvidar eso es olvidar la mejor parte de la historia de nuestro país.
Los líderes políticos de entonces, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Felipe González, Alfonso Guerra, Adolfo Suárez, creían en la necesidad que había que hacer país, había que hacer Estado y no había que mirar sólo a los suyos.
Además en aquella época no eran profesionales de la política como los podemos entender ahora, eso que empiezan en las juventudes y de ahí saltan al ayuntamiento, luego a la diputación, luego al escaño y no se van en toda la vida. El Sr. Fraga, el Sr. Carrillo, el Sr. Alzaga o el Sr. Herrero de Miñón tenían una profesión a la que podían volver en cualquier momento. Además querían volver. En derecha y en izquierda hubo hombres de Estado. También Tarradellas. Las diferencias ideológicas eran brutales, pero había una voluntad de construir un Estado.
Los políticos de hoy, en todo caso, no son mejores ni peores a los ciudadanos de hoy. En ese momento había una ilusión colectiva.
El último Arriba:
Uno de los periodos más olvidados del diario Arriba fue la última etapa (1976-1979) en la que el periódico apoyó decididamente el proceso de Transición. Francisco Muro encabezó aquella redacción junto a Alejandro Armesto y tiene buen recuerdo de esa etapa.
En Arriba hubo nombres fantásticos, fue una etapa de enorme libertad. Se hacía un gran dominical, con muchísima libertad. Y había personajes de primer nivel. Había gente que ha estado en redacciones de todos los medios. Hay gente del Arriba que hoy está en El País, en el ABC en ‘El Mundo’. En todos. En las agencias. Hay muchos que lo han quitado de sus curriculums. Pero había gente como Fernando Ónega, como Pedro Rodríguez, Manolo Alcántara – el mejor columnista en prensa que hay – estaba también Lalo Azcona, Paco Caparrós, Martínez Soler, Sol Gallego, Luis Otero, Diego Carcedo, también pasó por ahí Rosa Montero. Gente de todos los niveles, pero que escribían francamente bien.
Recuerdo una portada muy llamativa, con una enorme foto de Marcelino Camacho. La titulación, que se hacía en letra set, y el que montó la portada se equivocó. Era el día que salía a la cárcel y el título tenía que haber sido ‘en libertad’, pero por error salió ‘libertad’. Fue un poster impresionante: Marcelino Camacho en la portada del Arriba con el título libertad.
En las primeras elecciones democráticas, Armesto me dijo ‘me ha llamado Pío Cabanillas, me ha dicho que te metes mucho con Abril Martorell’. Yo me metía mucho con Abril Martorell, pero también con Comisiones Obreras, porque escribía de esos temas y me dijo ‘me ha dicho que mejor que dejes de meterte con él durante la campaña electoral. Y tengo que volver a llamarle para que informe a Suárez de esta conversación. Dicho eso tú puedes seguir escribiendo de lo que te dé la gana’. Pero si yo hubiera seguido a quien le hubieran cortado la cabeza hubiera sido a él. Por lo tanto durante cuatro semanas dejé de escribir la columna, para así no escribir sobre Abril Martorell, pero tampoco todos los demás.
Arriba a favor de la legalización del PCE:
En la Semana Trágica, cuando firmamos el editorial conjunto con todos los demás periódicos en contra de la violencia era porque todos estábamos de acuerdo en que eso no se podía hacer, todos nos pusimos de acuerdo en que toda la prensa debía unirse, porque la situación era verdaderamente terrible.
El Arriba apoyó también la legalización del PCE y eso indica claramente donde estaba el Arriba en ese momento. Ya no era el periódico del Estado y ser el periódico del Estado significa ser el periódico de todos los españoles. El ABC no lo apoyó. Es peculiar. Hubo momentos en que Arriba o Ya fueron más avanzados que otros, que aparentemente tenían el sello de independientes u otras cosas. No siempre los clichés valen.
Había campañas fuertes a favor de la disolución de la prensa del Estado. Curiosamente en la época de la prensa del Estado el mayor apoyo de que se mantuviera era de la izquierda, el resto estaba a favor de su desaparición. La disolución del Movimiento no nos afectó mucho en el sentido en que el Movimiento había dejado de estar presente en la redacción de Arriba desde mucho antes. Quitamos el yugo y las flechas de la cabecera, claro, ya no había Movimiento.
Invitamos a Santiago Carrillo a la redacción de Arriba. También invitamos a Manuel Fraga y a Carlos Hugo. Que Santiago Carrillo estuviera en la redacción de Arriba era todo un símbolo, pero era la normalidad. Independientemente de la historia de Carrillo, él hizo un enorme favor a la democracia cuando apoyó la bandera nacional y se integró en la normalidad democrática.
El cierre:
Alejandro Armesto fue a hablar con Adolfo Suárez, volvió a la redacción y nos dijo. ‘Suárez me ha dicho que si fuera Pueblo no me podría prometer nada, pero que nos prometía que el Arriba no se cerraba’. Y quince días después el Consejo de Ministros decretó el cierre del Arriba. A él en aquel momento no le interesaba decir que iba a cerrar. Creo que había que hacerlo, aunque fue un golpe durísimo para todo el mundo. Cuando un periódico, como el Arriba o como el Ya cierra… hubieran merecido un final más digno. Pero mantener la prensa del Estado no era posible, puede haber una televisión o una radio pública por una razón de servicio, pero incluso eso discutible. La prensa del Estado perdía mucho dinero.
En el caso del Ya creo que los obispos españoles no tenían claro lo que podía ser un periódico católico y la importancia que tenían. Ángel Herrera tenía claro que ‘primero periodistas y luego católicos’. Creo que en ese momento hay muchos cambios en la Conferencia Episcopal y no entendieron lo que era un periódico. El periódico perdía mucho dinero, eso no gustaba y por uso hubo tantos bandazos.
Esta es la profesión más bonita del mundo, el que quiera ser millonario que se dedique a otra cosa, el que quiera seguridad y estabilidad que se dedique a otra cosa, pero el que quiera ser periodista lo va a ser. Pagaría por volver a empezar otra vez y no lo voy a dejar nunca.
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