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DIRECTORA DE 'LAS PROVINCIAS' DURANTE 27 AÑOS

Consuelo Reyna: «Me castigaron sin publicidad institucional del PSOE»

"Cuando hay crisis, siempre es más fácil decapitar al director de periódico en vez de al Consejo de Administración"

16 Abr 2014 - 16:31 CET
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A pesar de que desde el periodismo se haya defendido siempre la igualdad de oportunidades, los hechos son que en cuarenta años de democracia han sido pocas las mujeres que han ocupado la dirección de periódicos relevantes.

Una excepción – y no pequeña – es María Consuelo Reyna (Valencia, 1944), que encabezó la redacción de ‘Las Provincias’ desde 1972 hasta 1999 y columnista diaria de la prensa valenciana desde 1973 a 2003. Considerada la periodista más influyente en la Comunidad Valenciana durante ese periodo, conversa en entrevista telefónica con Periodista Digital.

¿Por qué quiso ser periodista?

En mi familia había gerentes de empresas periodísticas pero no había habido periodistas. Yo a los 16 años decidí que quería ser periodista. Era lo que quería hacer y a la larga se ha demostrado que era lo único que sabía hacer.

¿Por qué ha habido tan pocas mujeres directoras de periódico en España?

Porque para la mujer es mucho más difícil la dedicación absoluta que necesita un periódico. Está la familia, están los hijos… es mucho más complicado. Porque un periódico no tiene horas. Trabajas de cuando sea a cuando sea. ‘La Región’ la dirigió durante un tiempo Outeliño. En Madrid no ha habido, ni en mi etapa, ni ahora mujeres dirigiendo.

En Valencia el periódico dominante durante el régimen anterior era el ‘Levante’ (el periódico más leído de Valencia) pero ‘Las Provincias’ consiguió ganarle

‘Levante’ era el periódico del Movimiento. Era el periódico del Régimen. ‘Las Provincias’ consiguió ganarle a pesar de todas las trabas que se ponían desde la administración a los periódicos privados, que se nos castigaba con la supresión del cupo de papel. Pese a todo eso conseguimos ir adelante.

¿Qué valoración le merece José Ombuena?

José Ombuena fue mi maestro, era una persona cultísima y preparadísima, que me enseñó muchísimo.

Existe la idea de que cuando usted era subdirectora, en el fondo era usted la que controlaba el diario.

No era exactamente así. Yo estaba a las órdenes de Ombuena. No daba un paso sin que él me dijera «adelante». Lo que pasa es que yo era una persona joven en aquel momento y el director no era tan joven, por eso delegaba mucho en mí.

Usted publicó multitud de artículos defendiendo la repoblación forestal de El Saler ya en 1973 frente a los que apostaban por la urbanización ¿Por qué se mojó tanto en ese tema?

Porque me parecía una aberración lo que se estaba haciendo. Yo venía de Madrid, de hacer periodismo en Madrid y los periódicos de Madrid estaban mucho más abiertos. Cuando llegué a Valencia me encontré los periódicos más callados. Más temerosos del Régimen. Tiré por la calle de en medio defendiendo aquello y salió muy bien. El Saler y Dehesa es un parque natural gracias a aquel movimiento.

Antes hemos mencionado la riada, aquella célebre conversión del cauce del río y el jardín también se atribuyó en parte a la campaña de ‘Las Provincias’ dirigida por usted.

Aquello realmente fue un poco más difícil que lo de El Saler. Lo de El Saler la gente lo entendía, pero en lo del cauce había mucha gente que quería que allí se hicieran autopistas, una autopista que saliera directa hacia Madrid. Yo, entre comillas, manipulé, o como lo quieran llamar y lo que dije es que lo que la gente quería era que hubiera río y jardín. Y al final lo fue. Ahora muchísima gente, después de tantísimos años, que van al cauce del río, a jugar con los niños, me dicen ‘todo esto no hubiera sido posible sin ti’. Yo me siento muy orgullosa. Bastante más que las cosas políticas que me atribuyen. Eso fue una conquista del periódico ‘Las Provincias’ para muchas generaciones, mientras que las cosas políticas pasan.

Usted, desde ‘Las Provincias’ apoyó la Transición y la Constitución del 78, que ahora parece que se quiere revisar…

Lo que se hizo en aquel momento era lo que había que hacer si queríamos una Constitución de todos. Hubo errores, como los del título octavo. Hoy no se hubiera hecho, pero yo quisiera ver a los que hoy tanto lo critican en aquel momento, que fue muy dura la Transición, aunque la tengamos idealizada. Cediendo y consensuando, cediendo todos. Con enorme voluntad. Era lo que había que hacer.

Tras el 23-F usted publicó el artículo ‘La Larga Noche’ donde comentó que en Valencia fue donde peor lo pasaron, porque llegaron a tener un bando militar, lo cual causaba un choque de legalidades entre cumplir el bando o cumplir la ley constitucional.

Siempre he pensado que el resto de España jamás entendió lo que padeció Valencia aquella noche. Valencia fue una ciudad tomada, literalmente, al pie de la letra. Con un bando que prohibía salir a la calle más de tres personas juntas amenazando con juicio sumarísimo. Y estaban los tanques en la calle. A la puerta del periódico teníamos a la policía nacional mandada por el gobernador para defendernos de los militares que estaban dentro a la puerta de nuestros despachos, con sus armas en posición. En nuestra puerta.

¿Llegaron a estar dentro de ‘Las Provincias’? ¿Pudo haber una toma como en Prado del Rey?

Hubo una toma del periódico y hubo una toma de las emisoras. Por supuesto que sí. En la COPE también estaban en la puerta. Yo cerré la puerta para hablar con los redactores dentro a puerta cerrada con los militares afuera, unos chicos jóvenes que estaban ahí porque Milans los llamó y ya está.

Fue una jornada de angustia. Pensábamos que era imposible que aquello triunfara y al final no triunfó, pero fue una noche de angustia. En el momento en que vimos que el gobernador mandaba a la policía nacional para defendernos, vimos que no iban de la mano militares y gobierno civil. Entonces piensas ‘esto se puede enderezar, se puede acabar’.

En su artículo agradecía al Jefe del Estado en nombre de miles de valencianos que hubiera puesto fin a esa larga noche…

Por supuesto que sí. Cuando lo vimos aparecer por televisión entendimos que todo se acababa y ya volvía la rutina y la normalidad, pero con un dolor en el corazón de pensar ‘esto se nos ha podido ir por los aires.

Ya en 1978 hubo reportajes en prensa madrileña sobre el conflicto que había entre Cataluña y Valencia, en medio del debate autonómico, cuando había quienes defendían que Valencia debía formar parte de los llamados ‘Paises Catalanes’, y los reportajes sacaban a Sanchis Guarner como representante de los que defendían que Valencia era Cataluña y a María Consuelo Reyna como defensora de los que entendían que había una historia detrás de Valencia y que no era posible esa unión.

Era un conflicto muy duro. Mediante una supuesta ‘identidad’ de las lenguas – lo que decía Napoleón, dadme una lengua y os daré un imperio – lo que querían era la Federación de Países Catalanes. Imaginaros si igual que en el País Vasco existe esa disposición transitoria de la Constitución, que abre la puerta a la federación de País Vasco y Navarra, hubiera habido lo mismo en el caso de Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana. Si se hubiera hecho eso que querían, ahora no se estaría discutiendo la independencia sólo de Cataluña, sino estaríamos discutiendo la independencia de esos ‘Países Catalanes’. Y eso es a lo que furibundamente yo me opuse con todas las fuerzas desde el periódico. Respaldado por la mayoría de los valencianos. El tiempo nos ha dado la razón. Lo que pretendían es lo mismo que ahora pero a lo bestia.

Imaginaos un país formado por Cataluña, Baleares y Valencia… y al resto de España que le vayan dando. Eso es lo que aquí no se quería. Aquí se tenía muy claro la solidaridad y la unidad de España.

En algunos documentales se presenta la idea de que en UCD iban a aceptar esa identificación Catalunya-Valencia hasta que llegaron ‘los tres malos’ del nacionalismo catalán, Abril Martorell, Broseta y Consuelo Reyna, que ‘contaminaron’ a la UCD valenciana e impidieron aquello.

A la UCD valenciana la conocí muy bien. Había uno o dos, que se fueron de UCD, que querrían aquello de los Países Catalanes. El resto no. El resto lo tenía clarísimo. No era una mayoría de UCD, que va. ¿Por qué nos culpaban a nosotros tres? Porque éramos los que dábamos más la cara para que nos pegaran todas las bofetadas. Éramos las caras visibles, lo que nos llamaban ‘el búnker barraqueta’.

¿Existía entonces intervencionismo político en la prensa valenciana?

El intervencionismo se produce por la publicidad. Muchas veces se premia o se castiga a los periódicos dando publicidad oficial. Pero ahí el error es del periódico si cimenta su economía en la publicidad oficial, cuando hay que buscarlo en la publicidad independiente. Yo estuve castigada sin publicidad institucional del PSOE durante años, años y años. Únicamente teníamos publicidad de Presidencia de la Generalitat [Joan Lerma], de ninguna de las consejerías, no teníamos nada, ni anuncios oficiales, ni nada, a pesar de que según la ley nos correspondía por ser el periódico de más tirada. Nos tuvimos que ir a la publicidad independiente de empresas independientes y nos fue muy bien, muy, muy, bien.

‘Las Provincias’ fue uno de los primeros periódicos en denunciar casos de espionaje político, cuando un concejal les querelló por publicar que había habido espionaje.

Recuerdo el tema de que sí se pusieron micrófonos o se dejaban de poner. Su querella no prosperó. Ya entonces había prácticas de ese tipo que denunciamos. Nosotros denunciamos que un secretario de finanzas del PSOE mandó una circular a todas las asambleas locales y ayuntamientos del partido diciendo que contraten con las empresas del partido. Así, a las claras, clarísimamente. El señor lo firmaba y nosotros publicamos la carta con su firma y el tema acabó en el Congreso. Era para temas de basuras, para temas de espectáculos… etc.

¿Hubo algún intento del PSOE de comprar a la prensa valenciana?

Sí que hubo intentos, concretamente el diario ‘Mediterráneo’. ‘Las Provincias’ jamás. Alfonso Guerra dijo en una ocasión ‘nosotros no podemos sacar un periódico en Valencia mientras exista ‘Las Provincias’, es inútil. Jamás he conocido tal simbiosis entre una sociedad y un periódico como ocurrió con ‘Las Provincias’. Según él debería ser estudiado en las universidades como fenómeno sociológico.

Se decía que su columna marcaba la agenda de la política valenciana

Si la marcaba era cosa de los políticos, yo escribía mi columna para la gente, nada más. El presidente Lerma me decía «el problema de tu columna es que se te entiende». También hay quien me decía que escribía muy mal, pero es que he escrito siempre de manera muy directa, muy corta y muy clara. He escrito para la gente, no para los políticos.

Usted siempre ha hablado muy bien de Ricard Pérez Casado (alcalde de Valencia con el PSOE), que dimitió de manera fulminante en 1989.

Dimitió harto de su partido. Su partido le hizo la vida imposible y Ricard Pérez Casado dimitió. La noche que dimitió hablé con él, me dijo «te mando mi carta de dimisión», y estaba muy claro por qué lo hacía.

En las elecciones de 1987 y 1991 Unión Valenciana tuvo muy buenos resultados, y hay quién dijo que era por el apoyo de ‘Las Provincias’.

Pero quien gobierna es Rita Barberá. Delante de mí, en mi despacho, Rita Barberá y Vicente González Lizondo (candidato de UV) pactaron que el que tuviera más votos sería el alcalde, Rita sacó más votos y fue la alcaldesa con el apoyo de UV.

Usted dijo en una entrevista que la desaparición de Unión Valenciana no fue porque su periódico dejara de apoyarles sino por las luchas internas

Fue por luchas internas. En su propio partido comenzaron a destrozarle. Consideraban que no era una persona suficientemente preparada, a lo mejor no lo estaba, pero tenía una intuición política bestial y era el que había llevado el partido adelante. Por un ataque de su partido Lizondo, presidente de las Cortes Valencianas, baja de su escaño para contestar, y le da un infarto y es cuando muere.

¿Su peor día al frente del diario fue el día que asesinaron a Manuel Broseta [ex Secretario de Estado y columnista de ‘Las Provincias’]?

El peor día personal. Que asesinen a un amigo de muchísimos años y que tengas que hacer la información es duro. Es duro aguantar al pie del cañón sabiendo que el amigo estaba muerto.

Usted desveló que Broseta estaba a punto de volver a la política

Tenía ya la propuesta de Aznar de encabezar la lista de diputados por Valencia del PP y ser luego candidato del PP a presidente de la comunidad. Broseta había dicho que sí.

¿Cree que los criminales que lo mataron lo sospechaban?

Lo sospechaban no. Estaban seguros. ETA fue la mano ejecutora, pero había una cosa que se llamaba Terra Lliure, y alrededores que también estaban ahí, el terrorismo catalanista, que apoyaba a ETA. Hubo militantes de Terra Lliure que luego se integraron en ETA. Publiqué que hubo hasta un militante destacado de estos de Terra Lliure que fue a declarar a la policía ‘yo no he sido’. En casas de muchos de estos estuvieron acogidos etarras.

En Cataluña se armó un revuelo cuando realizó ‘Las Provincias’ una entrevista a Mariscal y este criticó a Jordi Pujol. Usted recordó en su columna del día siguiente los ataques desde Cataluña negando la cultura valenciana…

Les pareció un delito de lesa patria. Mariscal estaba bastante integrado en Cataluña, vivía allí, y para los catalanes era imperdonable que dijera aquello. Pues bueno, vale. Siempre se enfadan con lo que dicen los demás y nunca con ellos mismos, tienen la verdad absoluta.

En esto del doble rasero usted criticó cuando pasó lo del Liceu y la administración se apresuró a anunciar que el Estado presupuestaría lo necesario para restaurarlo, comparándolo con lo ocurrido con el Teatro Romano de Sagunto.

El Teatro Romano de Sagunto… arquitectos catalanes y todo el mundo venían a defender que lo que había hecho Grasi era construir sobre el Teatro Romano, un nuevo Teatro Romano. Era como si Picasso hubiera pintado sus Meninas sobre las de Velázquez y aquello les parecía la Gloria, no se podía hacer una construcción mimética, real, partiendo de las ruinas. Que fue lo que sí se hizo con el Liceu, que sí fue mimético. Aquí no. Allí era la gloria y aquí era el desastre. A Grasi jamás le hubieran dejado hacer en Italia lo que hizo en Valencia. Años después, en un Congreso de arqueología, una de las conclusiones fue que el Teatro Romano hecho por Grasi era el perfecto ejemplo de lo que no se debía hacer. Nunca hubo marcha atrás.

Cuando Raimon fue pitado en el homenaje a Miguel Ángel Blanco en Madrid por hacer una defensa del catalán como idioma de Valencia, la prensa catalana, pero también periódicos de Madrid como ‘El País’ vincularon los incidentes al diario ‘Las Provincias’.

Es que era tan normal que todas las culpas fueran nuestras… Raimon no tenía por qué decir aquello en aquel momento. Era un homenaje a Miguel Ángel Blanco, no era el momento para defender los ‘países catalanes’ ni el catalán. Fue cosa de él lo que provocó que pasara lo que pasó. Y siempre la culpa era nuestra. Tampoco me importaba.

¿Qué le parece que los mismos partidos que en 1997 criticaron las manifestaciones que apoyó usted desde ‘Las Provincias’ contra una sentencia del Tribunal Constitucional contra el valenciano sean los mismos que ahora están en abierta campaña contra la Constitución?

El tiempo al final da la razón. Aunque a veces pase mucho tiempo. En aquel momento les parecía un crimen, pero al final el tiempo pone las cosas en su sitio.

Un caso que cambió la crónica negra de este país fue el ‘caso Alcasser’ que a usted le pilló como directora de ‘Las Provincias’. ¿Cómo recuerda aquel largo proceso?

Fue brutal. Después ha habido muchos más casos. Pero aquel, tres criaturas, además quemando los cuerpos tras torturarlas con esa brutalidad, que encima Anglés se escapara. Además fue el principio de los circos mediáticos… fue muy duro… muy doloroso todo. Muy desgarrador.

Hubo muchas críticas tanto a las televisiones comerciales, como a Canal 9, como también a la prensa valenciana por cómo trataron aquel caso, por si dieron cancha a lo que dijeron algunas personas que luego no parece que fuera verdad…

En el caso nuestro puedo decir con absoluta sinceridad que fuimos con pies de plomo y no se publicaron muchas de las barbaridades que se hacían. Yo, por ejemplo, tuve la autopsia en las manos. Jamás se publicó. Nunca hice morbo destructivo, sólo lo que era necesario publicar, lo otro no.

A partir de 1995, desde el PSOE, para atacar a ‘Las Provincias’ se usó su vinculación con Canal 9 ¿Qué le parecía aquello?

Me parecía de lo más machista. Se me atacaba porque el que entonces era mi marido estaba al frente de Canal 9. Pero si hubiera sido al revés, seguramente no habrían dicho nada. Pero ambos siempre hemos ido muy por separado. De hecho en las anteriores elecciones él llevaba la campaña de Lizondo y yo, en cambio, a quien apoyaba desde ‘Las Provincias’ era Rita Barberá, para que fuera alcaldesa. A mi marido y a Lizondo no le sentaría bien, pero era lo que era.

Francisco Mora cuando sale de ‘El Mundo’ y se pasa al ‘Levante’ asegura que su salida de El Mundo se produjo por presiones suyas mediante Benigno Camañas

Salió porque quiso. Antes había escrito en ‘Las Provincias’. Fue director de Radio 9. Se enfadó y se fue a El Mundo y luego se fue a Levante. No tenía 16 años, era libre. Hizo lo que quiso. ¿Presionar a Benigno a santo de qué? Eso es imposible. Me culpaban de todo.

De Eduardo Zaplana se decía que tenía muy relación tanto con ‘El Mundo’ como con ‘Las Provincias’, aunque ahora está desaparecido. ¿Qué le pareció que dejara la presidencia de la Comunidad para ir de ministro con Aznar?

Que se equivocaba completamente. Se lo dije. Creo que fue Cánovas el que dijo aquello de ‘era un ministro tan provinciano que sólo quería ser ministro’. Pero se podía tener mucho más poder como presidente de la Generalitat Valenciana que como ministro. Aquí en Valencia, Zaplana podría haber sido presidente todo el tiempo que hubiera querido. Supo contagiar a la sociedad su ambición, que era una ambición buena e hizo muchas cosas buenas, le dio un impulso brutal, espectacular.

A usted se le atribuye la elección de Zaplana como líder del PP en Valencia

Aznar me pidió nombres, tuvimos una reunión en casa de Juan Villalonga. Me preguntó que a qué persona podían elegir y el candidato al final fue Zaplana, que era el que tenía más puntos positivos.

Cuando Villalonga montó aquello de Vía Digital con ‘El Mundo’, que luego acabó en la ruina, ahí estuvo ‘Las Provincias’.

Exacto. Fue una ruina. Pero la participación de ‘Las Provincias’ fue mínima. Invirtió poquísimo en aquella historia, porque tampoco creía mucho en ella.

Probablemente su destitución de ‘Las Provincias’ era el cese de un director más destacado hasta el de Pedrojota. Habitualmente los ceses parece que se hacen o de manera transitoria, o con ascensos. Pero lo de destitución fulminante de un día para otro…

Sí. Pero parte del Consejo decidió que mi etapa se había terminado y a la calle. Yo lo único que quería era ser directora del periódico, me dijeron que no y me marché. Vamos, no me marché, me despidieron.

¿Se sintió usted traicionada?

Pienso que más que nada querían hacer otro tipo de periódico en el que yo no tenía encaje. Yo dejé el periódico con 72.000 ejemplares. Hoy están en 20.000. Algo habrá pasado y no será todo por la crisis. Han hecho no sé cuántos EREs… a lo mejor no estaba yo tan equivocada.

En aquel momento gobernaba el PP en Madrid con un pacto con los nacionalistas catalanes ,¿cree que pudo haber intervención política?

Dijeron que sí, que yo era molesta. A mí igual me daba denunciar lo de unos y de otros

A su cese le dedicaron editorial de ‘El Mundo’, tribuna en ‘El País’ y la revista ‘El Temps’ le dedicó portada y 18 páginas llenas de artículos y declaraciones celebrando el despido de una periodista, incluyendo los entonces líderes de ERC, Carod Rovira e Iniciativa per Cataluña, Rafael Ribó.

Fue una barbaridad. Es un despropósito. Es que yo era la bestia negra del catalanismo. Se alegraron muchísimo de que me destituyeran. Yo era para ellos una cosa molesta y se alegraron mucho de me pusieran en la calle. Me daban una importancia brutal, pero debían entender que la importancia la tienes en función de los lectores que tienes, no por una misma. Eran los lectores los que querían aquello.

Cuando vende usted su parte de ‘Las Provincias’ se pensó que su objetivo iba a ser dirigir ‘Diario de Valencia’, pero al final se limitó a ser columnista.

Ya no quería nada más. Mi vida era ‘Las Provincias’. Estaba 12 horas. Me gustaba construir el periódico mucho más que escribir. Y, en el fondo para mí hubiera sido traicionar mi trayectoria. Por eso sólo fui columnista.

¿Por qué un día, en 2003, decide dejarlo?

Porque llega un momento en la vida en que te das cuenta que tu época ha pasado y que es el momento de la gente joven.

Ahora la Comunidad Valenciana es una de las comunidades con más imagen de corrupción política ¿Cree que habría habido menos con ‘Las Provincias’ más combativo?

El caso es que no hubo corrupción en aquella época. Estando yo estuvo el caso del PSOE con la carta de antes, que se denunció en ‘Las Provincias’. El ‘caso Cartagena’ que afectó a un consejero del PP, lo denunciamos en ‘Las Provincias’ y fue destituido y el caso de Vicente Sanz, y se denunció. Ambos sabían que mientras yo estuviera, cualquier caso de corrupción que yo me enterara lo iba a denunciar y se iba a cortar de raíz. Y el caso es que a partir de eso es cuando empieza a haber casos de corrupción. No antes.

Igual se relajaron al no estar yo «ahora que ya no está Pepito Grillo», que es como me llamaban. Pero es injusto que la corrupción se centre en Valencia, porque la corrupción del caso de la Gürtel valenciana comparado con el caso Palau o con los EREs de Andalucía es pecata minuta…

…A usted que tanto la atacaron en su día por sus críticas al Palau de la Música, no sé qué habrá pensado cuando ahora ha salido todo lo que ha salido…

Claro. Las cantidades que se barajan aquí de dinero, no son nada comparadas con las del Palau de la Música. Pero parece como si lo de Valencia fuera lo realmente perverso. Por supuesto que ha habido corrupción en Valencia. Se ha demostrado que si estás muchos años en el poder, te relajas, te crees que todo es tuyo y que puedes disponer del dinero público (en Valencia el PP, en Madrid el PP, en Cataluña los nacionalistas, en Andalucía el PSOE), llevan mucho, muchísimo tiempo. Ellos se enfadan y dicen que el dinero público es de los ciudadanos, pero acaban no teniéndolo claro.

¿A que alude usted la actual crisis de la profesión periodística?

La primera causa de ruina en los periódicos fue su pretensión en convertirse en grandes grupos mediáticos, sacrificando lo que a todos, absolutamente a todos, les había hecho fuertes: el periódico y se metieron en negocios de radios y televisiones que hoy están todos fracasados. Todos. Del primero al último. Luego llegó la crisis, que tampoco se encauzó bien en los periódicos. Si los periódicos hubieran sido defensores de la sociedad, la crisis hubiera hecho bajar la publicidad pero no la difusión al nivel que ha caído, de una forma brutal.

¿Cree que es apocalíptico que el periodismo pueda desaparecer? Muchos dan al periodismo de papel por acabado…

No es tan apocalíptico. En Estados Unidos han desaparecido ya muchos periódicos que son sólo digitales. El periodismo digital debería haber sido un campo para los nuevos, pero todos los periódicos quisieron sacar sus propias ediciones digitales y muchos de sus lectores se han ido a lo más cómodo: a leerlo en su ordenador en vez de tener que ir al quiosco a comprarlo. Los periódicos diarios deberían haberse concentrado más periodismo de investigación y no de filtración, amarrando las filtraciones, no dando cositas, con pocos datos y dejar el tema de la inmediatez a los digitales. No lo han hecho. Pues la gente se ha ido a los digitales. El plazo de la desaparición del papel se puede fijar en 10 años.

En dos meses han sido destituidos tres directores de periódicos relevantes, Pedrojota Ramírez, Antonio Caño y José Antich, ¿cree que es por la crisis?

Al final cuando las cosas van mal el culpable es siempre el director. Es más fácil cortar la cabeza a un director que a un Consejo de Administración, que son más.

¿Qué consejo le daría a alguien que quisiera ser periodista?

Lo más importante es tener una curiosidad inagotable y un amor total por la profesión. El periodista que llega a una redacción y lo primero que te dice es ‘¿qué horario tengo?’, yo le contesto ‘¡Y yo que sé, hijo!’. El periodismo se ejerce con pasión y si no, déjalo estar.

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