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OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Losantos propone el final de Isabel II para Juan Carlos I: «Pudrirse en el exilio»

Jaime González confiesa en ABC que se siente estimulado en sus labores y emociones por "la mirada del Rey"

18 Jun 2014 - 04:36 CET
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No deja de llamarme la atención que los columnistas que se califican de republicanos son quienes más consejos dan al cercano (en el tiempo) Felipe VI sobre lo que debe hacer para salvar su Corona. Por su bien, ya lo sabemos, porque nada quiere más un republicano convencido que la perviviencia de la monarquía.

Ignacio Camacho lo explica este 18 de junio de 2014, en ABC como la pretensión de realizar con casi 40 años de retraso la ruptura que el pueblo español rechazó varias veces en las urnas (referéndum de 1976, elecciones de 1977 y referéndum de 1978).

Se le está solicitando, a veces con cierto tono de amenaza relacionado con su legitimidad de ejercicio, que se ponga al frente de un impulso de regeneración institucional para el que hasta se le fijan deberes. La lista de peticiones, o exigencias, previas a la coronación la debería transportar a Palacio el Cartero Real… de los Reyes Magos.

Hay mucho de presión coactiva, consciente o no, sobre el heredero de la Corona, sometido antes de llegar a la opción tácita de promover un cambio radical en el statu quo o sufrir un cuestionamiento de su propia presencia en la cúpula del Estado. El dominó abdicatorio que se ha producido en la nomenclatura dirigente apunta también a una suerte de imperativa renovación generacional en beneficio de una efebocracia obligatoria.

El reinado de Felipe VI -habrá que hablar del felipato porque el término felipismo ya está gastado-, consecuencia natural de la Constitución vigente, parece para muchos la oportunidad de liquidar defacto el régimen. Y el verdadero programa de la abstracta Segunda Transición no vendría a ser otro que el de enterrar la primera.

Uno de estos benefactores republicanos es el nacionalista catalán Xavier Vidal-Foch (El País), que se emperra en que el nuevo rey, aunque carece de poderes constitucionales, debe implicarse en federalizar España. Incluso le dice que ya están redactados los proyectos, que sólo necesitan un impulso soberano.

Si la etapa que se inicia mañana quiere perdurar, deberá inexcusablemente emprender reformas de calado, a cargo naturalmente de los partidos y organismos competentes. Las propuestas de reforma constitucional en un sentido federal, que algunos desprecian, ningunean o minusvaloran, están mucho más elaboradas de lo que parece, sobre todo a quienes no han hecho el esfuerzo de leerlas: como la Declaración de Granada, del PSOE. Y hay a disposición otras fórmulas inteligentes, como la «mutación constitucional» de Miguel Herrero.

Solo una Monarquía de corte republicano podrá competir con éxito frente a una República (posiblemente) oligárquica. Solo un Estado federal y plurilingüe es capaz de vencer al proyecto de una pluralidad de Estados (probablemente) débiles y monolingües. De vencer y de convencer.

Así que el modelo que propone el ignoto constitucionalista Vidal-Foch es el reino de Bélgica, porque, me atrevo a deducir, una república estilo francés oprimiria a la desvalidad Cataluña.

En su videoblog de El País, Iñaki Gabilondo abunda en la misma idea:

Felipe VI está llamado a jugar un papel muy destaco como propulsor del cambio. es cierto que tiene pero tiene un margen de maniobra muy estrecho, sí, es cierto, pero un margen de maniobra muy, muy profundo. Ya hablaremos de eso más adelante.

EL PRECEDENTE DE CÁNOVAS DEL CASTILLO CON LA REINA DERROCADA

Para tratar con el rey padre, Federico Jiménez Losantos (El Mundo) aconseja a Mariano Rajoy los precedentes de Tony Blair y de Antonio Cánovas del Castillo con dos reinas de igual nombre: Isabel II. Blair obligó a Isabel II a rendir honores a la detestada Lady Di y Cánovas impidió que la otra Isabel II regresase de París a vivir a España.

Rajoy debería haber tomado ejemplo de Blair para imponer al Rey la conducta que, tras su súbita abdicación, requería la dignidad nacional, representada en las Cortes. Sobraban el numerito del fajín y el del guateque abdicatorio. Y, por supuesto, debía haber estado con la Reina Sofía, Elena y las infantas Pilar y Margarita en primera fila, presenciando la proclamación de su hijo como Rey de España. No sólo para ahorrarnos ese feo alarde de rencor viejuno sino por respeto a las Cortes, símbolo -ellas, no la Corona- de la soberanía nacional. Ni merecía el Príncipe ese desplante ni, sobre todo, lo merecía España. Dirá alguno que ha estado mal pero que ya pasó. De eso, nada.

A ver qué hace el Gobierno con el abdicado pasado mañana. Lo que hizo Cánovas para salvar la Restauración fue dejar pudrirse en el exilio a Isabel II. Cruel pero eficacísimamente constitucional.

A Fernando González Urbaneja (Republica.com) también le preocupa el papel que vaya a desempeñar don Juan Carlos a partir de mañana, pero no apela a los precedentes históricos de Losantos, sino a sus creencias personales y a la buena voluntad del ex rey, si se le puede llamar así. Su columna se titula ‘El relevo: y el undécimo, no molestar’. Parece que este mandamiento se lo aplica a él.

El Rey no estará en el Congreso en el acto de designación o proclamación del nuevo Rey. Algunos sacan punta a este hecho y especulan con las razones, pero me parece que es correcto, lógico; el Rey abdicó ante el Parlamento que aceptó esta decisión y la hizo buena hoy. Así debe ser. Y el nuevo quedará reconocido mañana en el Parlamento. La soberanía está en el pueblo (art. 1 de la Constitución) y las Cortes representan al pueblo (art 66). Todo lineal y correcto, aunque caben especulaciones de todo tipo.

Lo relevante por llegar es el discurso del nuevo Rey y, sobre todo, sus actos posteriores, su vida ejemplar y constitucional. Y al que se va, tras los homenajes que quieran darle, que serán muchos, le queda no estorbar, organizar su vida sin demasiado ruido, que no está la cosa para dar de qué hablar.

ANTONIO BURGOS, CONMOVIDO POR EL SACRIFICIO REAL

Entre los monárquicos de verdad, diversidad de opiniones, como la célebre anécdota del torero.

Casi puedo sentir en el papel de ABC las lágrimas que se le cayeron a Antonio Burgos (ABC) mientras escribía su columna.

hoy podremos asistir por la tele a uno de los actos de generosidad y servicio a España más importantes de los últimos tiempos, solo comparable al manifiesto Al País de Don Alfonso XIII. Don Juan Carlos I sancionará su abdicación. Acuérdense de aquel acto íntimo en La Zarzuela con la emoción del Conde de Barcelona al renunciar a sus derechos históricos y dinásticos, aquel taconazo y aquella inclinación de cabeza ante su augusto hijo, su «¡Por España!». Se pronuncien esas dos palabras hoy o no, en el Salón de la Columnas de Palacio resonará, con el taconazo, ese mismo sentido de la continuidad de la Corona en su servicio a la Patria. Don Juan Carlos sirvió a España toda su vida y por España abdica. Y

En cambio, a Ignacio Ruiz Quintano (ABC) le irrita la adaptación de la Corona a las consignas laicistas, que le exigen rechazar a la religión católica y a los monárquicos.

La coronación, donde, al parecer, no habrá cruz, la señal más sagrada del universo, en palabras de Guardini. El 98 se quedó de piedra cuando, visitando monumentos, descubrió que la Iglesia creó la nacionalidad española, así que, si en la coronación no hubiera cruz, sería por no ofender a Podemos, igual que tampoco la hay en el escudo del Madrid por no ofender a los emires.

Aquí, el último cargo público que tenía leído (también) a Guardini fue Tierno, que exigió para su toma de posesión, en abril del 79, una cruz («símbolo de paz y amor», explicó a sus concejales recalcitrantes) que luego presidiría su despacho de alcalde de Madrid.

Raúl del Pozo (El Mundo) nos da noticia en su columna (también aparece en El País) de una cena del rey Juan Carlos con ex ministros de UCD y del PSOE. Todos «como unos españoles más». Pocos de los salvadores voluntarios de la Corona dicen que el nuevo rey deba de cortar con estas cuchipandas y francachelas con ministros, banqueros, comisionistas y ricos.

Juan Carlos se reunió en el restaurante Currito (Casa de Campo) en las cenas de Corcuera, en un cóctel de veteranos de la Transición y reliquias del felipismo: su primo José Luis Leal, Alfonso Guerra, Virgilio Zapatero, Solchaga, Oliart, Ibarra, Leguina, Rosa Conde, Soledad Becerril, Arias Salgado, Roca… y así hasta dos docenas y una gamba.

CARRASCAL TEME VOLVER A LOS AÑOS 30

Las refriegas en el PSOE ocupan a varios columnistas… y lo que va a durar.

José María Carrascal (ABC), que ya está mayor, pero no abdica de la columna, recuerda de nuevo que en las entrañas del PSOE duerme una bestia que todos hemos de contribuir a no despertar. Lo malo de los viejos es que siempre están asustados: no me llega la pensión, los jóvenes de hoy son unos maleducados, vuelve la guerra…

el PSOE ha venido interpretando un papel decisivo en España durante el siglo largo de su existencia. Para bien y para mal, cuando se lanzó a las barricadas como cuando colaboró con el resto de las fuerzas políticas, desde el gobierno y desde la oposición.

La encrucijada toma aspectos dramáticos. Los viejos barones están demasiado desgastados por un uso, más bien abuso, del poder, y los delfines no ofrecen garantías. El experimento con Zapatero fue demasiado traumático para repetirlo con una generación que ha crecido en el invernadero del partido sin tener siquiera experiencia de gobierno en la alcaldía de su pueblo o ciudad. Y, sin embargo, de ellos o ellas va a depender en buena parte el futuro de España. (…) Como se rompa, margine o, simplemente, sea desbordada por la izquierda radical, utopista, revanchista, lo más probable es que ocurra lo que ocurrió en los años treinta del pasado siglo, de aciaga memoria.

Lo recuerdo no para invocarlo, sino para conjurarlo.

Alfonso Ussía (La Razón) es menos complaciente con el PSOE que Carrascal, ya que les pone a los socialistas algunas condiciones para contar con el apoyo de los demás españoles, como prescindir de Eduardo Madina por sus concesiones al separatismo.

Es un hombre que mira de lado, se mueve de lado y piensa de lado. Cuenta con el apoyo del oficialismo del PSOE, pero si persiste en reconocer que es partidario de un refrendo separatista en Cataluña, puede perder todas sus opciones.

Madina es una veleta. Pero sin viento, siempre apunta hacia el mismo horizonte. No entiendo el apoyo que disfruta de dirigentes socialistas que se han caracterizado por su lealtad a España y a la Constitución.

Madina, con independencia de haber metido el remo hasta la empuñadura en la cuestión del separatismo catalán, no ha dicho nada todavía. Tiene los avales a su disposición, pero su proyecto no existe. Sus mentores harían bien en formarlo con urgencia. Es aire. Pero no aire de fiar. Muchos de los militantes del PSOE se han rendido. Pero otros muchos, más que los primeros, aún creen que socialismo y español no son contradictorios. Y esos socialistas no confían en Eduardo Madina, esa cercanía a la nada que se ha convertido en un aledaño de algo.

Y por último, una aguda viñeta de Puebla en ABC: un dibujo de Eduaro Madina diciendo la frase de Zapatero sobre la nación española:

El concepto de PSOE es discutito y discutible.

LA PRIVATIZACIÓN DE AENA, MANIOBRA CONTRA CATALUÑA

Artur Mas ha pasado de decir, con esa grosería atributo de los nacionalistas, que no asistiría a la proclamación del príncipe Felipe a buscar como sea una reunión privada con el nuevo rey para suplicarle que intervenga a su favor y le ayude a salvar la cara… y el sillón.

Pablo Sebastián (Republica.com) abronca no sólo a Mas sino, también, a la oligarquía catalana.

el presidente catalán está buscando por todos los medios el tan citado choque de trenes a sabiendas que el único tren que se ha equivocado de vía y viaja sin frenos es el suyo, y lo conduce el líder de ERC, Oriol Junqueras, lo que sin duda debe ser motivo de alegría para los votantes y militantes de CiU de las clases medias y altas de Cataluña, que son el segmento sociológico en el que se apoya Convergencia.

Y no perder de vista al conglomerado financiero y empresarial de Cataluña que tan aficionado es a los discursos de mediación y que es hora que empiece a pronunciarse con claridad diciéndole a Mas que abandone la vía soberanista por la que conduce su tren en vez de disimular. Y que dejen de jugar taimada y temerariamente con el fuego de la independencia, porque el tiempo se acaba y hora es que cada uno se ponga en su sitio para que la ciudadanía catalana (y la española) empiece a ver con claridad donde está cada cual y lo que les espera en caso de ‘conflicto’.

Y un aviso sobre el derecho a decidir… qué compras.

Sobre todo los que los van a mirar serán los inversores y consumidores de dentro y fuera de España que esos sí que tienen el derecho a decidir lo que hacen con sus recursos y además dentro de la legalidad.

En la línea de la columna de ayer de Arcadi Espada, en que éste reclamaba la intervención de los ricos españoles en favor de los catalanes españolistas, Santiago González (El Mundo) señala que en España faltan ciudadanos, sobre todo entre las clases privilegiadas.

Hace dos años, cuando la quietud del presidente empezó a manifestarse como un don sobrenatural, pensábamos que, ah, los empresarios catalanes, ah, el mercado, ah, el cava. La semana el presidente de Foment, Gay de Montellá, pedía al Rey una cosnulta, como si estuviese entre sus atribuciones constitucionales (…) No sólo los políticos nacionalistas, los empresarios también son ‘ancien règime’. Y la cosa irá a más. O sea, a menos. La República fracasó porque no había suficientes demócratas en España. Esto va como va porque nos falta la materia prima del Estado democrático: los ciudadanos.

Pero Pilar Rahola Martínez sigue desatada en su columna de La Vanguardia, viendo conspiracione y  ataques contra su amada Cataluña por parte de unos españoles o madrileños (no me queda claro) que considera obcecados. El último ataque, el anuncio de la privatización parcial de Aena, el ente gestor de los aeropuertos españoles, que pretende destruir El Prat… construido con el dinero de todos los ciudadanos españoles.

La frase de Mas-Colell a Basté es la metáfora de la realidad paralela en la que viven Cataluña y España. «A mí me toca ser escocés y suponer que los que tengo delante son británicos», dijo, después de mostrar su indignación por la privatización de los aeropuertos que quiere hacer el Ejecutivo. Y no tanto por la idea de «privado», sino por la voluntad de crear un único monopolio español con un claro objetivo estratégico: supeditar El Prat a Barajas. Es decir, hacer aquello que no ocurre en ningún país serio, porque incluso cuando lo han intentado, no lo han permitido los controles de la competencia. Así pues, esta voluntad de monopolio no sólo da al traste con las aspiraciones catalanas en la materia sino que dispara las alarmas, porque si Barajas monopoliza toda la red, es evidente que El Prat lo tiene muy crudo.

Y yo que creía que esta salida a bolsa era para obtener dinero. ¡Qué tonto soy!

Quizás una manera de empezar a frenar el choque de trenes del que hablan los catalanistas sea echar de su columna a esta paridora de odio y mentirosa.

QUÉ HARÍA JESÚS POLANCO CON CINTORA EN CUATRO

Como el humor está cada vez más ausente de la prensa de papel, hay que buscarlo en la prensa digital, donde tampoco abunda, la verdad. Un habitual es Pablo Molina (Libertaddigital.com), que se pregunta qué haría Jesús Polanco de volver a la vida y encontrarse a Pablo Iglesias en Cuatro.

En las tertulias políticas de las televisiones progresistas no cabe un progre antisistema más.

Estas cosas con Polanco no pasaban, al menos en su canal. Ahí no se permitiría la presencia de jovenzuelos que amenazasen con acabar con el sistema que le permitió hacerse multimillonario. Estarían de forma marginal, cubriendo una cierta cuota de exotismo ideológico para dar imagen de pluralidad, pero en el entendido de que las únicas extravagancias admitidas en el acorazado intelectual de la izquierda española son las chocheces ecuménicas del páter Gabilondo. Polanco hubiera visto al vuelo que los primeros medios que cerrarían estos universitarios, de llegar algún día al poder, serían los suyos, para evitar la competencia desleal. En cambio, a los periodistas estrella de su televisión no les importa y los responsables de la misma todavía no se han enterado.

Dudo entre dos periodistas cortesanos para escoger la columna ridícula del día, de modo que, con permiso de Luis Balcarce, prefiero dejarle a usted, querido lector, esa tarea.

Jaime González (ABC) se declara traspasado por los ojos del Rey, como si fuera una quinceañara que logra cruzar su mirada con la de Rafa Nadal.

En los ojos de Don Juan Carlos hay una mezcla de todos los sentimientos: alegría, tristeza, confianza, esperanza, amargura, orgullo, gratitud y nostalgia, entremezclados sin concierto, porque es imposible ordenarlos según un plan determinado.

Reconozco que nada ha servido tanto de estímulo a mis emociones que la mirada del Rey: reconfortada a veces, pero también presa de una humana zozobra. O perdida en un mar de sensaciones cruzadas. Las mismas que me invaden desde el momento en que anunció su retirada.

E Iñaki Zaragüeta (La Razón) abusa de las metáforas marineras.

Estoy convencido de que el nuevo Rey surcará con maestría nuestros tempestuosos mares hasta llegar a la calma. La crisis, las movidas territoriales, nuestros problemas y demás circunstancias que adornan el escenario nacional se transformarán en recuerdos, serán simplemente pasado. Así lo queremos y así será. Estoy seguro. Así es la vida.

Hoy no he tenido que echarle azúcar al café; me ha bastado con un trocito de cada una de estas columnas.

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