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El 19 de agosto de 2014 estallaba una de las bombas políticas del verano con un artículo de Fernando Sosa Wagner publicado en El Mundo. En Después de las europeas, el líder de los eurodiputados de Unión Progreso y Democracia apostaba por una alianza con Ciudadanos para acudir juntos a las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales. El texto abrió una crisis interna en UPyD, al tiempo que el debate abierto por el mismo ha tenido un tratamiento muy diferente en el diario de Unidad Editorial con respecto del que ha recibido en los otros dos grandes diarios de derechas madrileños.
Los editoriales y los artículos de opinión de El Mundo han apoyado durante las dos semanas siguientes la propuesta de Sosa Wagner de forma constante. Mientras, en ABC y La Razón no ha aparecido ningún editorial al respecto y los pocos columnistas que han tratado el asunto en líneas generales se han mostrado favorables al acuerdo, si bien alguno de ha opuesto e incluso ha habido quien ha aprovechado la polémica para cargar contra las dos formaciones. Quien no sale nada bien parada en ninguno de esos tres diarios es Rosa Díez, por su rápida reacción en contra del líder de los eurodiputados.
El mismo día en que se publicaba el artículo de Sosa Wagner, El Mundo, que informaba del asunto en su portada, editorializaba a favor del acuerdo con el título de UPyD y Ciudadanos no pueden resignarse a ser irrelevantes.
UPyD y Ciudadanos son los únicos partidos constitucionalistas que crecen en intención de voto. Su alianza podría generar ilusión y atraer a los desencantados del PP y del PSOE que optan por la abstención o, hartos del status quo, pueden sentirse tentados por opciones como Podemos. En la encrucijada actual, con un desafío como el que representa el independentismo, ni UPyD ni Ciudadanos pueden permitirse el lujo de seguir siendo irrelevantes. Rosa Díez debe reflexionar: por talante y liderazgo podría ser la persona adecuada para intentar un acuerdo que sería beneficioso para su formación, para la causa que defiende y para España.
Al día siguiente, y ante la reacción positiva por parte del líder de Ciudadanos, en su ‘Vox Populi’ dedicaba una flecha ascendente a Albert Rivera, acompañada del titulo Importa el país, no la sigla de los partidos. Una jornada después, el 21 de agosto publicaba una carta enviada por la diputada Irene Lozano, donde la autora dedicaba palabras muy duras a Sosa Wagner bajo el título Querido Paco. Posteriormente, la propia Lozano pediría perdón por alguno de los términos utilizados en la misiva.
A pesar de la publicación de la carta, El Mundo seguía apostando por la alianza entre ambos partidos, y ese mismo día publicaba un nuevo editorial titulado UPyD y ciudadanos deben actuar con altura de miras. En él decía:
La líder de UPyD no entró ayer a valorar tal posibilidad y se limitó a decir que el eurodiputado nunca ha defendido esa tesis en los órganos del partido. Puede que Díez tenga razón en lo que se refiere a las formas, pero sigue sin atender al fondo del asunto. Irene Lozano, parlamentaria y miembro de la dirección, arremete hoy en un artículo en nuestras páginas contra el eurodiputado, lo que podría acabar convirtiendo el debate en una guerra de descalificaciones.
Concluía:
Los líderes de UPyD y Ciudadanos deberían valorar la situación anteponiendo el interés general, máxime en un momento como el actual que exige generosidad y altura de miras.

El debate interno de UPyD parecía estar haciéndose de cara al público en las páginas del diario de Casimiro García-Abadillo. Así, un día después Sosa Wagner publicaba un nuevo artículo con Puntualizaciones a una polémica, mientras que la siguiente jornada, el 23 de agosto era el también eurodiputado Fernando Maura quien tomaba posición junto con su jefe de filas en la Eurocámara con un texto titulado El doble debate en UPyD. Se mostraba muy crítico con la dirección del partido:
Y en este sentido, está muy bien que hayamos tenido más de 400 procesos de primarias en UPyD, pero no estaría de más que después integráramos a todos los que han participado en ellas como parte que son de nuestro proyecto; es razonable y conveniente que la dirección del partido -no sólo sus principales dirigentes- muestre su parecer sobre el candidato a presidir la Comisión Europea, por ejemplo, pero teniendo en cuenta previamente el criterio de todos sus diputados europeos, y en especial el del líder de la delegación de UPyD en esa institución, elegido además en primarias por sus afiliados; está muy bien decir que no existe mandato imperativo en las decisiones de nuestros cargos públicos, pero es imprescindible no cerrar la comunicación con ellos si no gusta lo que han votado.
Ese mismo día, Pedro García Cuartango era el primer columnista de El Mundo en tomar partido. Lo hacia titulando Sosa Wagner tiene razón.
Más allá de estas consideraciones, España necesita un partido de centro izquierda, laico, progresista y con un modelo de Estado que anteponga los derechos de los ciudadanos a las voces de los territorios. Yo creo que la integración de UPyD y Ciudadanos contribuiría a ese objetivo, siendo perfecta mente posible la coexistencia de Díez y de Rivera, de Lozano y de Sosa Wagner en ese proyecto que muchos queremos. En un país tan cainita como es el nuestro, sería un empeño que podría devolver la ilusión a un sector de la ciudadanía que, harto de la falta de ejemplaridad de nuestra clase dirigente, necesita creer que la política es mucho más que un oficio para sobrevivir.
Unas páginas después, los lectores se encontaban con una carta al director firmada por el portavoz y otros once afiliados a UPyD de Albacete apoyando también al líder de los eurodiputados de la formación. Al día siguiente, Ferrer Molina titulaba un artículo como Rosa Rivera, Albert Díez, donde dejaba bien clara su postura coincidente con la del periódico:
He leído los programas de UPyD y Ciudadanos y, aun a riesgo de ser encarcelado, he de decir que he visto más similitudes que diferencias. Si me dieran a elegir entre Rosa Díez y Albert Rivera, me quedo con Rosa Rivera.
El día 25 el apoyo a la unión entre las dos formaciones aparece en forma de análisis, con el título de UPyD entraría con C’s en todos los parlamentos. La pieza, firmada por Álvaro Carvajal, tenía como entradilla:
Este ejercicio de política-ficción, extrapolando los resultados más recientes, los de las elecciones europeas -que es cierto que tienen sus peculiaridades-, dibuja un mapa autonómico y provincial desconocido para UPyD, como se puede apreciar en el gráfico anexo.
El 27 de agosto, El Mundo daba una tregua a la líder de UPyD, que había expresado su aceptación a que se debatiera la propuesta. Le elogiaba por ello en un editorial titulado Rosa Díez acierta al debatir en UPyD una posible alianza con Ciudadanos.
Dado que, cierta o no, se ha extendido la idea de que si no ha habido hasta ahora un acercamiento a Ciudadanos es por una decisión personal de Rosa Díez, su iniciativa de forzar a los órganos del partido a pronunciarse le permiten borrar ese estigma y subraya lo oportuno de su decisión. Ahora bien, en UPyD deben ser conscientes de que el paso que van a dar es de gran trascendencia y que tendrán que explicarlo bien, toda vez que quedan nueve meses para las elecciones municipales, que en Ciudadanos se muestran abiertos a colaborar, que ambas formaciones comparten las grandes líneas de sus programas y que existe el riesgo de que, cada uno por su lado, fracasen en sus expectativas.
El Mundo no quería dejar escapar el asunto, por lo que el 29 de agosto publicaba una entrevista de Lucía Méndez a Sosa Wagner —«El diálogo con Ciudadanos es bueno para UPyD y para España»–, al tiempo que presentaba un editorial conciliador con Rosa Díaz titulado El debate en UPyD debe superar los personalismos, pero en el que seguía apoyando la alianza de su partido con Ciudadanos.
Rosa Díez hizo bien en trasladar ese debate a los consejeros de UPyD y zanjar una polémica que algunos, como su número dos, Carlos Martínez Gorriarán, llevaron demasiado lejos al considerar a Sosa Wagner poco menos que un traidor y acusarle de «corrupción política». La esencia de la democracia es la confrontación de ideas y en este sentido UPyD demuestra que es ya una organización madura en la que los personalismos han quedado aparcados en beneficio del proyecto común. Porque el objetivo de cualquier partido es alcanzar la suficiente cuota de poder que le permita una participación política decisiva. Y eso es más fácil uniendo fuerzas con Ciudadanos.
Pocos días después, el 2 de septiembre de 2014, sin embargo, volvía a criticar a Rosa Díez en un nuevo ‘Vox Populi’ a favor de Albert Rivera titulado Plantea consultar a los afiliados la unión con UPyD:
El líder de Ciudadanos propone plantear a la militancia de su partido, a través de una votación interna, la unión con UPyD de cara a la próxima cita electoral. Rosa Díez debería tomar ejemplo.
Ni ABC ni La Razón han prestado a este asunto tanta atención como El Mundo. Han informado de él en bastante menor medida, al tiempo que ninguno de los dos diarios ha publica un sólo editorial sobre la crisis interna abierta por el mismo en UPyD. Sí han expresado su opinión varios articulistas, en su mayor parte favorables al acuerdo y muy críticos con Rosa Díez.
El primero en escribir sobre ello en el diario de Vocento fue Ignacio Camacho, que al día siguiente de la publicación de la carta en El Mundo titulaba El tercerismo eclipsado. Celebraba la propuesta del eurodiputado, pero llamaba, para hacer frente al reto de Podemos, a una redefinición estratégica del partido magenta y de Ciudadanos:
La unión con C’s, de quienes solo los separan cuestiones de liderazgo personalista, puede ser para el partido de Rosa Díez una prioridad táctica, pero ambas organizaciones necesitan una redefinición estratégica. Su misión es demostrar que existe un espacio para el reformismo prudente, lejos del populismo extremista. Son organizaciones próximas al centro-izquierda, susceptibles de atraer el descontento de los votantes más liberales del PP y de los menos dogmáticos del PSOE, y tienen un papel decisivo para limitar el corrimiento de tierras que Podemos está provocando en el territorio político. La dificultad consiste en convencer a los desencantados de que aún quedan vías institucionales de regeneración sin caer en la ruptura catastrófica, en la desestabilización revolucionaria del régimen.
Dos días después, el 22 de agosto de 2014, era David Gistau el que se mostraba muy duro con UPyD, en especial con Irene Lozano en su columna Pin y Pon.
Cuánta gangrega debajo de la epidermis magenta. El artículo de respuesta publicado en «El Mundo» por Irene Lozano no sólo es decepcionante por lo que tiene de herramienta de aplastamiento de un incordio interno. Lo es sobre todo por el modo en que incurre en la descalificación personal, en el desprestigio como de purga, que además obliga a un pregunta: si Sosa Wagner es tan mal candidato, tan desconocido e inútil, tan despreciable en general como bípedo, ¿cómo permitieron ustedes que llegara adonde está? ¿Son igual de eficaces para todo? Casi es preferible un partido malvado y endogámico pero más profesional.
Tres jornadas después, el día 25 de agosto de 2014, era Ignacio Camacho el que volvía a criticar a UPyD, y especial a su dirección, con una columna titulada El cable eléctrico.
Esa deplorable trifulca de miserias internas aventadas con estilo de aparatchiks se produce, además, por un motivo aparentemente incomprensible. La posibilidad de constituir una alianza con Ciudadanos parece como mínimo una hipótesis estratégica razonable habida cuenta de la dificultad general para percibir diferencias ideológicas, estructurales o programáticas entre ambas formaciones vocacionalmente reformistas y emparentadas en el espectro sociológico y cultural, que además se disputan de manera estéril un mismo electorado y constituyen la última frontera regeneracionista frente al populismo demagógico de Podemos. La descarga eléctrica que ha recibido Sosa es propia de quien ha pisado un cable pelado, uno de esos conductos de alta tensión por los que circula la energía secreta de los partidos convencionales. Pero se supone que UPyD no lo es. O no lo era. O no quería serlo.
En ese contexto de modesto apoyo a la alianza entre las dos formaciones, con críticas a la dirección de UPyD, ABC publica el 2 de septiembre de 2014 un muy duro artículo contra esta formación y también contra el de Albert Rivera. Titula La pureza de UPyD y ciudadanos.
Pero aún tan significativo como lo anterior en la política española es que ambos partidos han complementado su patriotismo español con un mensaje de regeneración democrática que, sostienen, ellos representan mucho mejor que el PSOE o el PP. Porque serían menos corruptos, más éticos, más altruistas y tendrían un funcionamiento interno más democrático. A lo que incluso añaden algunos ingredientes populistas, especialmente Ciudadanos, sobre su cercanía al ciudadano de a pie, su sencillez y lo rápidamente que resolverían todos los problemas económicos de los españoles con un recorte aquí y un impuesto allá.
Si todo lo anterior sobre la regeneración fuera cierto, UPyD y Ciudadanos no deberían tener problema alguno para unirse. Es más, deberían hacerlo inmediatamente para poder defender así de una manera mejor los intereses y objetivos de sus votantes. Pero a los partidos pequeños les pasa lo mismo que a los grandes. Necesitan organización jerárquica y liderazgo para funcionar y ser eficaces, pero ese liderazgo se convierte también en un objetivo en sí mismo para los miembros del partido y en un obstáculo para objetivos de unidad con otros partidos.
Como en ABC, a pesar de lo poco tratado del asunto, en La Razón el primer artículo al respecto se publica al día siguiente de que Sosa Wagner lanzara su propuesta desde El Mundo. Alfonso Ussía publicaba el 20 de agosto un largo texto en la contraportada del diario de Francisco Marhuenda titulado Ya, sin ella:
Tengo para mí que la maniobra de Francisco Sosa Wagner es extremadamente inteligente y futurista. Si Albert Rivera y sus Ciudadanos, sin olvidar su raíz catalana, consiguen implantarse en todo el territorio nacional, y UPyD se empecina en moverse como un muñeco de feria desorientado y pésimamente dirigido, el porvenir del llamado partido magenta será tan ilusionante como mi sueño de futuro, que no es otro que presidir la República de San Marino. Y no por errores compartidos, sino por carencias de quien manda con mano de hierro y risa de Massiel.
Concluía:
Rosa Díez -no puede negarse-, es eficaz en el traslado de los mensajes y de cuando en cuando parece coherente. Lo mismo, pero mucho más creíble, Albert Rivera. En las dos formaciones hay personas de gran valía que apenas están ideológicamente separados por un tabique, o mejor escrito, por una mampara. Si Rosa Díez se opone, como ha hecho hasta el momento, a negociar la unión que propugna Sosa Wagner y apoya un sector considerable de UPyD, las conversaciones tienen que comenzar. Mejor con ella. Pero si ella se opone, sin ella y ya.
La voz discordante en La Razón es la de César Vidal, que el 25 de agosto se mostraba contrario al acuerdo en una columna titulada El techo de UPyD.
Para Ciudadanos, que aspira a quedarse con el voto perdido del PSOE -en las europeas todos descubrimos que se habían situado a toda máquina en la izquierda-, UPyD no es un aliado lógico, sino un rival; para el votante de izquierdas, el mensaje apocalíptico de Podemos resulta mucho más atrayente y, para el desengañado del PP, UPyD no pasa de ser una izquierda razonable para estar en la oposición, pero no para otorgarle el voto. Mucho me temo que UPyD, en contra de lo que pensaba mi amigo, ha tocado techo.
Quién sí se mostraba partidario era el columnista Lucas Haurie, que en un texto del 29 de agosto titulado Convergiendo o no sostenía:
Si Rosa Díez cuenta con algún economista de cabecera, que le explique en qué consisten las «oportunidades de mercado». Una coalición con Ciudadanos (veintitantos diputados en las Cortes, presencia en todas las cámaras autonómicas…) la convertiría en la única bisagra potable de todo el espectro político, y podría así corregir eficazmente las fallas del denostado (por ella) bipartidismo. Pues resulta que todavía se lo está pensando.
A pesar de no haber publicado ningún editorial, La Razón ofrecía un análisis el 31 de agosto de 2014 titulado Unión, progreso ¿Y Ciudadans?
En él se asegura que las posibilidades de acuerdo se han enfriado por parte de Ciudadanos:
Desde Ciutadans aplaudieron en un primer momento la propuesta del eurodiputado. Albert Rivera publicó un tuit que rezaba: «En la situación que vive España serán necesarias personas a las que nos importe más nuestro país que las siglas de nuestro partido». Aunque tras la reacción de la líder de UPyD parece que las relaciones entre ambos se han enfriado.
La posición de C´s se resume así: Pacto sí, pero no a cualquier precio. Ya que los de Rivera están en expansión mientras que los magentas flojean.
Lo cierto es que una hipotética coalición entre la formación de Díez y Ciutadans podría alzarles hasta la tercera fuerza política, rivalizando con IU y Podemos en algunos ayuntamientos.
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