La costumbre de los grandes periódicos españoles de aplaudir el discurso de Nochebuena del jefe del Estado se ha mantenido con el primer mensaje de Felipe VI. Salvo El País.
El periódico aparentemente dirigido por Antonio Caño y en realidad por Juan Luis Cebrián, cuya empresa editora ha sido la más beneficiada por el régimen de 1978 con subvenciones y exclusivas, es el más crítico.
La víspera del mensaje, El País le hizo ver al Rey que «los españoles» estaban «esperando escuchar» de su boca «una explicación sobre la acusación a su hermana». Este 26 de diciembre de 2014, en su editorial titulado ‘Buen discurso, pero…’, el periódico progresista da su aprobación al discurso, aunque, como un profesor tiquismiquis, le pone notas a pie de página.
Lo más sorprendente es que el editorialista concluye su interpretación del mensaje apuntando al Rey al programa electoral de Podemos de abrir un proceso constituyente. Como si Juan Luis Cebrián estuviera enfadado porque la Corona no ha hecho caso a sus deseos de reforma constitucional, planteados desde la abdicación de Juan Carlos I, y hubiera decidido dar un portazo, a ver si así le atienden.

Felipe VI convenció en su primer discurso de Navidad como rey. Sin florituras ni moralina, el Monarca abordó los grandes problemas del país (crisis, corrupción y Cataluña) aportando un punto de vista certero y concreto. Llamó a las cosas por su nombre -con una excepción, el de la infanta Cristina- y concluyó con un mensaje de esperanza en el futuro de España. Esas fueron las tres palabras más utilizadas en su intervención: esperanza, futuro y España.
Unas palabras en este apartado sobre el procesamiento de su hermana, que no es un problema familiar sino un serio percance para la Corona y una grave preocupación para España, hubieran hecho su intervención mucho más convincente.
En la recta final, además de enviar un mensaje de esperanza, el Rey abrió la puerta, como ya hizo su padre hace un año, a «poner al día y actualizar el funcionamiento de nuestra sociedad democrática». Sin ser tan explícito como en los otros asuntos, don Felipe recogió así el deseo de muchos españoles de reformar las normas de convivencia que rigen nuestro país. O, dicho de otra manera, la posibilidad de iniciar un proceso constituyente capaz de mejorar la Constitución y adaptarla a los nuevos tiempos. Ese es, sin duda, uno de los retos a los que se enfrenta España en 2015.
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