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LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Rallo le mete un buen palo a ‘videojuegos’ Errejón: «No puede seguir degenerando hacia el meapilismo doctrinario»

Salvador Sostres: "La CUP se ha especializado en folclorizar el delito y se mueve en esta delincuencia de baja intensidad"

Juan Velarde 24 Dic 2016 - 06:27 CET
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Variedad de temas este 24 de diciembre de 2016, Nochebuena, en las tribunas y editoriales de la prensa de papel. Está desde el machaconeo con el separatismo catalán a quien pone de vuelta y media a Errejón por sus ideas de consola, pasando por los consejos a los conductores, nada de alcohol y/o drogas, y terminando por afear la conducta de aquellas personas que no pueden vivir sin el móvil ni siquiera cuando deberían de estar disfrutando de un espectáculo como la ópera.

Salvador Sostres, en las páginas de ABC, ridiculiza a los de las CUP por sus poses de matón que, en realidad, son meros comportamientos infantiloides:

La CUP se ha especializado en folclorizar el delito, y se mueve en esta delincuencia de baja intensidad con la retórica del matón que quiere ir de guerrero, pero que no pasa de abusón de patio de colegio que se come el bocadillo del pequeñín de la clase. Quemar o romper fotos del Rey es como rascarse los sobacos o hurgarse la nariz y chuparse luego el dedo. Para ellos la revolución es esto, y aunque nos matarían si pudiesen, se encuentran diversos peldaños por debajo en la escala evolutiva como para poder.

El editorial de El Mundo también se centra en el caos de los separatistas catalanes y como su unidad poco a poco se va resquebrajando:

Sea como fuere, es evidente que están empezando a surgir los primeros signos de desencanto entre los independentistas, frustrados por el estancamiento de la hoja de ruta soberanista, los reveses legales, la falta de apoyo internacional y la debilidad económica de la Generalitat, cada vez más dependiente del Estado. Lo que parece evidente es que las próximas semanas van a ser decisivas para comprobar la deriva del proceso y la unión de las fuerzas que lo sustentan, que ayer se vio resquebrajada. Puigdemont tendrá que decidir si acepta la mano tendida del Estado o sigue por la vía de una confrontación que le lleva al fracaso.

Ramón Pérez-Maura no es que quiera amargarnos las Navidades, pero lanza un mensaje muy claro, en Europa no hay nadie que pueda decir que está a salvo de un ataque yihadista:

Desde el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004 en Madrid, Europa ha estado regada de sangre derramada por ataques islamistas. Podemos quedarnos en el buenismo y en imaginar que todo se arreglará por la buena voluntad de terceros. Olvídense. No va a ocurrir. Tendremos suerte si el de Berlín es el último atentado de estas Navidades. Aquí hay una parte que está librando una guerra y otra parte que no quiere darse por enterada de que esa guerra existe. Adivinen quién gana así.

En La Razón, Juan Ramón Rallo tacha de meapilismo doctrinario el argumento de Íñigo Errejón de culpar a los videojuegos de atentados como el de Berlín:

El número dos y portavoz parlamentario de Podemos, Íñigo Errejón, aprovechó el reciente atentado terrorista en Berlín para criminalizar a los videojuegos violentos. Según manifestó en la Cadena Ser: «Creo que también hay un efecto imitación. Estoy convencido de que el que ha hecho lo de Berlín no lo habría hecho de la misma forma si no es porque conoce lo de Niza y porque ha visto videojuegos similares y películas similares». Uno esperaría de nuestros representantes un poco más de prudencia a la hora de efectuar declaraciones tan aventuradas que sólo contribuyen a colocar el foco de la sospecha sobre centenares de miles de adolescentes que disfrutan de su tiempo libre sin dañar ni entrometerse en la vida de nadie. Antes de seguir degenerando hacia el meapilismo doctrinario, más valdría que Podemos le echara un vistazo a la evidencia y contuviera su ansia de ingeniería social.

Alfonso Ussía reclama que en los espectáculos como la ópera o la zarzuela (aplícase también a los cines o a las conferencias) se pongo coto definitivo a los móviles:

No termino de entender cómo se permite entrar en una sala de conciertos al público con el móvil. Igual que existe el guardarropa, tendría que instalarse en todos los grandes teatros de ópera y salas de música sinfónica el «guardamóviles». Entre mil personas, siempre hay un necio al que se le olvida silenciar el maldito chisme. Y los hay que tuitean mientras se interpreta una sinfonía de Mozart. Nuestra sociedad es tan débil que sin conexión con las redes sociales se cree perdida y abandonada. Prefiere humillar a Händel o Schubert antes que perder su conexión con el mundo exterior, ese que se mueve en la grosería y la incultura y no sabe prescindir durante dos horas de su comunicación con la vulgaridad imperante. ¡Fuera!

El País se marca uno de estos editoriales buenistas con palo al Gobierno por los accidentes de Tráfico y reclama más campañas de concienciación. No sabemos qué pretende el autor de la filípica, pero precisamente en España ha habido muchos mensajes tendentes a hacer ver a los conductores la necesidad de no pasarse nada al volante:

Después de una década en la que la siniestralidad en la carretera ha mantenido un ritmo descendente, este año acabará con un preocupante repunte en el balance de muertes por accidente. Cuando aún quedan por delante millones de desplazamientos con motivo de las fiestas navideñas, los datos ofrecidos ayer por la Dirección General de Tráfico cifran en 1.138 las personas fallecidas en lo que va de año, siete más que en todo 2015. Involucrar a las organizaciones dedicadas a la seguridad vial y a los partidos políticos para articular un pacto de Estado, como proponen las autoridades de Tráfico, servirá de poco si al mismo tiempo no se desarrollan campañas de concienciación y actuaciones en el ámbito educativo. Esa es la clave para lograr que la curva de la siniestralidad vuelva a ser descendente.

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