Otro «me voy», para después añadir: «Me quedo». Juan Luis Cebrián dejará el 31 de diciembre2017 su cargo como presidente, aunque seguirá en el grupo como presidente de una nueva Fundación, un consejo editorial de ésta derivada y también del diario más emblemático de la empresa, El País.
Es lo que le ha costado a los accionistas rebeldes deshacerse de un gestor al que han acusado de «una gestión pésima» y de tener «demasiado personalismo». La presidencia de PRISA quede en manos de Manuel Polanco, hasta la fecha vicepresidente e hijo del fundador Jesús de Polanco.
«Se va, pero se queda», ha dicho el cabecilla del bando accionista rebelde, Joseph Oughourlian, y es así porque Cebrián ya repitió la jugada el 23 de octubre de 1988 cuando abandonó la dirección de El País para saltar al consejo de administración de PRISA, donde ha permanecido casi treinta años mandando a su antojo.
En aquel 1988 escribió una tribuna de despedida titulada …pero me quedo en la que le pasaba el testigo a Joaquín Estefanía, «para el que le sobran merecimientos y en el que han de abundarle los apoyos», un tipo querido en la redacción de El País y dócil a los caprichos del capataz de Jesús Polanco.
Ahora hace lo mismo al conseguir colocar a Manuel Polanco, un mediocre que se crió a sus pechos y que jamás puso pegas ante los desmanes, el despilfarro y los despidos masivos. Un polanquito obediente que siempre hizo lo que se le ordenó son chistar, –¡hasta traicionar a su primo Javier Diez de Polanco!– y que ahora será el hombre de paja de Cebrián, como lo fueron todos los directores de El País que le siguieron a su salida.
Bastó ver cómo Cebrián se resistió como gato panza arriba contra el bando rebelde en contra de asumir dejarle su sillón a tipos poco dóciles Javier Monzón, que salió huyendo de esa casa como si hubiera visto a la niña de El Exorcista.
«El 31 de diciembre abandonaré la dirección de la compañía con la tranquilidad del deber cumplido», ha destacado Cebrián tras asegurar que el «relevo generacional» es «apropiado» tanto para la empresa como para él mismo, que a partir de ahora afrontará «nuevos proyectos».
Entre ellos, estará al frente de una nueva fundación que tiene como objetivo «salvaguardar» la independencia y autonomía de los medios del grupo Prisa.
Según Cebrián, su salida garantizará un «futuro sólido» a la compañía «al margen de cualquier personalismo», una vez que se apruebe la ampliación de capital de la compañía, cuya deuda asciende a alrededor de 1.500 millones de euros.
«Manuel Polanco es garantía para el cumplimiento del compromiso que tiene la compañía», ha asegurado Cebrián, quien ha dicho que la transición será «ordenada» y que «su éxito constituirá el éxito de todos».
En ese sentido, considera que el relevo en el liderazgo puede facilitar «la incorporación de inversores no especulativos» al grupo, que antes de finales de 2018 ha de amortizar un total de 956 millones de euros de deuda.
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