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LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Luis Ventoso sobre la polémica de ARCO: «Es un disparate financiar con dinero público boberías, pero Ifema patinó retirando la obra»

Losantos: "Las fotocopias de los delincuentes y golpistas ya tienen lugar en el que exponerse, la guarida delictiva que albergó las obras de Sijena"

Juan Velarde 23 Feb 2018 - 06:30 CET
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Sigue la polémica con ARCO y la obra de Santiago Sierra, ‘Presos Políticos’. El debate, eso sí, se ha trasladado a si fue o no oportuno retirar la pieza fotográfica. Este 23 de febrero de 2018 son muchos los que creen que el cuadro, una vez expuesto, nunca debió de descolgarse porque, al final, lo que se le ha hecho es el juego al artista y, de propina, a la galerista.

Bieito Rubido, en su billete de ABC, recuerda como los que ahora van de defensores de la libertad de expresión ahuecaron el ala en otros casos similares e incluso sin la gravedad o el impacto de la obra de marras de ARCO:

Es curioso cómo se levantó ayer la progresía. No así cuando Colau retiró un magnífico cartel de Dalí en una promoción taurina o cuando Carmena prohibió el autobús de Hazte oír. Claro que entre defender la dignidad de un toro y la de una embarazada…

Jaime González se hace una pregunta pertinente:

Por qué, en defensa de la dignidad de las víctimas, pueden retirarse todos los símbolos y monumentos artísticos públicos que ensalzaban al régimen franquista, pero no puede retirarse de un espacio público una obra que ensalza a veinticuatro delincuentes convictos o inmersos en gravísimos procesos penales denigrando la dignidad de las víctimas de ETA y de la violencia machista. A ver, ¿por qué?

David Gistau, en cambio, considera que alabar la censura de la obra expuesta en ARCO es sumamente peligroso y un arma de doble filo:

Desde que esta fugaz polémica estalló, me sorprende haber visto a periodistas razonar a favor de la censura y exigir respeto. Me sorprende porque la defensa de los valores y de los topicazos expuestos en este artículo será siempre, para un periodista, un acto de apuntalamiento de su propia supervivencia. El periodista que justifique la censura no tendrá derecho a la queja el día que se la apliquen a él en nombre del respeto, o del buen gusto, o de la obligatoria de las verdades oficiales. Recuerde el periodista que también a él le pueden descolgar los cuadros: basta con que conceda ese poder a quien anhela hacerlo.

Luis Ventoso considera que haber retirado ‘Presos Políticos’ ha sido un error garrafal, pese a entender que es difícil considerar a esa obra como una expresión artística:

Estimo que Ifema se ha columpiado retirando la exposición de Arco con las fotos de sediciosos catalanes y algunos delincuentes convictos. Nuestra democracia permite defender a criminales y también calificarlos de ‘presos políticos’. Lo mismo debe regir en el arte. Es cierto que es un disparate que el dinero público siga costeando algunas boberías mil veces regurgitadas del llamado arte moderno (en realidad muy antiguo). Pero ese es otro debate.

Pedro Narváez, en La Razón, considera que el escándalo de ARCO nunca se hubiese producido si la obra de la polémica nunca se hubiese colgado:

Las fotos, ejemplo del arte mamarracho bendecido por su mensaje, jamás debieron colgarse de aquellas paredes. No por la provocación sino por su oportunismo. La galerista Helga de Alvear lo sabe. Hay memes en internet que merecerían mayor espacio y más dinero. El negocio les espera en la feria de las calamidades. Estos días me siento un preso político por no participar del consenso con el que duermen leños los críticos de la cosa. Buena parte del arte contemporáneo es una insensatez, pero si es tan cutre y esconde un mitin entre las musas resulta insultante.

Federico Jiménez Losantos, en El Mundo, aborda la polémica con la obra ‘Presos Políticos’ y sugiere una idea para que esta pueda ser contemplada sin mayores problemas:

Las ridículas fotocopias de delincuentes presuntos y golpistas ciertos, retiradas por acuerdo de Ifema y una galerista en ARCO y que tanto revuelo han montado entre los catetos de derechas y los jetas de izquierdas, tienen ya lugar adecuadísimo donde exponerlas: la guarida delictiva que durante décadas albergó las -esas sí- obras de arte robadas en Sijena. El museo de Lérida que se negaba en nombre de Cataluña a devolver lo que no era suyo, ha reclamado el derecho a exponer el fotobodrio.

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