Cataluña tendrá el próximo 14 de mayo de 2018 nuevo presidente (salvo que a las CUP se les ocurra algún esperpento de última hora). Todos los editoriales y tribunas de opinión coinciden en la misma idea, que con Torra permanecerá el conflicto y, sobre todo, el empobrecimiento a marchas forzadas de la autonomía.
ABC hace la terrible cuenta de lo que le ha supuesto a Cataluña la deriva independentista. El dato es para echarse a temblar:
La celebración del referéndum ilegal el pasado 1 de octubre y la posterior declaración de independencia que llevó a cabo el hoy prófugo de la Justicia Carles Puigdemont marcó el inicio de una de las etapas más negras de esta región, pero, lejos de corregir la senda emprendida, los independentistas insisten en prolongar la inseguridad e incertidumbre, cuyos frutos afectan de lleno al bienestar de la población. Prueba de ello es que un total de 3.873 empresas se han ido de Cataluña desde el 1-O, y, si bien es cierto que la aplicación del artículo 155 logró taponar la hemorragia, esta fuga de riqueza y empleo no se ha detenido, puesto que otras seiscientas compañías han cogido las maletas en lo que va de año para establecerse, en su mayoría, en Madrid.
Salvador Sostres cree que la elección de Puigdemont perjudica a los golpistas que están presos en Estremera, Soto Del Real y Alcalá-Meco:
La elección de Puigdemont perjudica a los líderes independentistas encarcelados, porque justifica el temor a la reiteración delictiva y no ayuda al juez Llarena a reconsiderar la prisión preventiva; no contribuirá en absoluto a recobrar la normalidad de un cierto espíritu constructivo y desde luego la Generalitat continuará siendo un juguete en manos de los que hace tiempo que la usan para regodearse en sus delirios y en su vanidad, en lugar de una administración útil y eficaz en el servicio a sus ciudadanos.
Carlos Herrera le dice a Torra que no pasa de ser un mero lacayo de Puigdemont:
Torra puede gobernar con quien quiera, pero no como quiera, y deberá recordar que no pasa de ser un lacayo obediente de quien, por ahora, sigue libre en su fantasía republicana.
Ignacio Camacho precisa que nada bueno se puede esperar del tal Torra:
Que nadie espere buena voluntad: lo que viene es una fase de humillación al Estado. Por eso el hombre es Torra, un antiespañolista de manual, un supremacista clásico. Un tipo mediocre, opaco, perfectamente consciente del papel de subalterno militante para el que ha sido designado. Su función no será la de organizar un nuevo asalto sino la de mantener caliente el sillón del expresident prófugo y devolver a toda la nomenclatura destituida a sus cargos, a esos despachos que el régimen opresor ni siquiera se atrevió a ocupar por espíritu timorato. El nuevo Govern va a lanzar su maquinaria clientelar a todo trapo para asentar desde el poder el imaginario de los derechos conculcados, de la persecución política, del país ocupado.
Luis Ventoso no entiende como Rajoy le ofrece diálogo a un sujeto como Torra que su primera declaración como candidato es asegurar que piensa seguir adelante con el proyecto constituyente:
El testaferro de Puigdemont está haciendo oposiciones a ganarse un 155 como un piano. Con tal panorama, resulta decepcionante que por puro interés personal Rajoy lo dé por bueno como mandatario catalán y hable hasta de «diálogo». Si Torra es presidente, el PNV levantará el veto para visar los presupuestos del Gobierno, de ahí la extraña urgencia de Rajoy por que Cataluña tenga un Ejecutivo, aunque sea con un fanático al frente. Pero esa estrategia de agotar la legislatura a cualquier precio tendrá un peaje: le va a dejar a Feijóo un PP en el chasis, porque los españoles quieren que se les defienda con energía ante los sediciosos separatistas, como bien sabe y explota Rivera.
El País no se cree el perdón de Quim Torra por sus tuits xenófobos:
El perfil xenófobo de este abogado y ensayista agudiza la crisis. Ha pedido perdón por sus comentarios despectivos y ofensivos contra los españoles y los ha borrado de la red social en la que los publicó. Se ha excusado diciendo que los difundió hace seis años y que lo importante son los hechos y no las palabras. Pobre e insuficiente disculpa de alguien que no ha aclarado si sigue pensando que los españoles solo saben expoliar como creía entonces. Su imborrable ideología entronca con los movimientos xenófobos de la ultraderecha europea.
La Razón aprovecha la designación de Torra para meterle un palo al líder de Ciudadanos:
Una vez más, parece, y lo lamentamos, que Albert Rivera antepone su campaña de desgaste del Gobierno a los intereses generales, más con un asunto tan sensible para la mayoría de los españoles como es la unidad de España. Este oportunismo enrarece el ambiente de serenidad y tranquila fortaleza con la que deben desempeñarse las instituciones del Estado, de las que los partidos políticos también forman parte, ante amenazas tan graves para la convivencia como la que representan los separatistas catalanes. Las leyes obligan a todos, especialmente a quienes están encargados de hacerlas cumplir, sin excepciones, arrebatos ni cálculos aprovechados. Y la Ley en Cataluña se cumplirá, que nadie lo dude.
El Mundo avisa al Gobierno de que el currículum, aún inmaculado de Torra, no es suficiente como para relajar las cosas en Cataluña y mucho menos con alguien cuyas aviesas intenciones han quedado al descubierto:
El Gobierno, por tanto, no puede darse por satisfecho con el limpio expediente judicial de Torra. Méndez de Vigo sostuvo ayer que la intervención de Cataluña ha obrado el restablecimiento constitucional. Lo cierto es que el 155 pactado entre PP, PSOE y Ciudadanos se ha limitado a la convocatoria electoral y a la gestión ordinaria de la Administración catalana. Sin embargo, ni ha apaciguado al independentismo ni ha frenado el uso partidista de la escuela y de los medios públicos. Así que el hecho de que Albert Rivera presione al Gobierno motivado por el auge de Cs en los sondeos no es óbice para admitir que le asiste la razón cuando denuncia que, tras medio año de intervención autonómica, el golpe secesionista sigue en marcha.
Manuel Arias Maldonado le recuerda a los catalanes, a los golpistas que insisten en ciscarse en la ley, que siguen en ese callejón sin salida:
La aceptación por parte del independentismo de que sus objetivos son irrealizables. Esto no es una simple opinión, ni un juicio de valor; se trata de una constatación refrendada por los hechos. Es verdad que la insistencia de Puigdemont en alimentar a toda costa el gamberrismo institucional servirá para mantener cohesionado al soberanismo etnicista que representa Quim Torra, mientras él mismo conserva un cierto protagonismo fantasmático desde alguna estancia berlinesa. Pero el callejón sigue sin tener salida.
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