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ARTÍCULO EN ABC

El perdigonazo del «casposo» Pérez-Maura a José Luis Ábalos por su cruzada contra los cazadores

"Me dirijo a usted en mi calidad de casposo, de la que he sido informado por vuecencia. Yo soy uno de casi un millón de españoles que cazamos en nuestro país"

Juan Velarde 19 Dic 2018 - 08:09 CET
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Colea la polémica que el Gobierno de España ha abierto con respecto a la caza y sus, supuestamente, perniciosos efectos. Comenzó todo con la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera y ahora lo ha aumentado el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, que ha llegado a tildar a los cazadores de «casposos».

Este 19 de diciembre de 2018, Ramón Pérez-Maura, avezado cazador, le pega un buen repaso al titular de Fomento por su inconsistente discurso contra el arte cinegético:

Excelentísimo señor ministro de Fomento, don José Luis Ábalos Meco: me dirijo a usted en mi calidad de casposo, de la que he sido informado por vuecencia. Todos los días se aprende algo. Yo soy uno de casi un millón de españoles -de ambos sexos, no se apure- que cazamos en nuestro país. Y yo también soy uno de la minoría dentro de ese millón. Porque yo soy un urbanita que, antes de juzgarla, se ha molestado en conocer una realidad que le era algo ajena. La mayoría de los falsos ecologistas lanzan anatemas contra la caza creyendo que el campo español es una zona para montar en bicicleta o ir a zamparse una tortilla los fines de semana. Y no saben que el campo español tiene una riqueza excepcional en buena medida gracias a la caza. Porque quien más cuida la naturaleza es el cazador que da vida con comederos, bebederos y manteniendo un hábitat que correría grave riesgo sin el apoyo del hombre. Y gracias a la caza viven muchos oficios que se dedican a mantener ese campo: guías, guardas, perreros, muleros.

Le avisa de que el próximo 22 de diciembre de 2018 piensa enfundarse el traje de cazador y pegar unos tiros con criterio:

El próximo sábado, señor ministro, yo espero montear en la provincia de Toledo. En una finca en la que el año pasado hubo que cancelar la montería porque no había caza. Este año la perspectiva es muy otra. El terreno está mejor cuidado. Se ha incentivado la presencia de las reses invirtiendo dinero. Para ese día se han contratado rehalas que existen porque hay monterías, una modalidad de caza española. Habrá postores, veterinario y carniceros. Se habrá contratado un taco para los monteros, lo que ayuda a la economía del pueblo colindante. Algunos habrán dormido en un hotel. Cada montero que esté en esa cita habrá pagado por hacer un examen y obtener una licencia de armas. Habrá pagado por la guía que debe acompañar el arma, por la licencia de caza de la comunidad autónoma en la que estaremos monteando. Y habremos pagado por un seguro. Hay que ver cómo fomenta el Estado la caspa. Friéndola a tasas.

Le recuerda que la caza no es un deporte que practiquen únicamente los ricos o los ociosos:

España es un país en el que la caza es transversal. Nada tiene que ver con una clase social. Qué más quisiéramos que en España hubiera un millón de millonarios. Cualquiera que recorra un sábado los pueblos de amplias regiones de España verá batidas de caza saliendo al campo. Ésta es una tradición cultural que existe en todo el mundo. Y España es un país privilegiado porque tiene una oferta que mueve al hijo del presidente de los Estados Unidos a instalarse unos días en Aragón y cazar en rececho. No hay otro país en el mundo en el que un ministro insultaría a un visitante así.

Y le recomienda que vuelva a décadas atrás, cuando las cosas se hacían de manera natural:

Este Gobierno, tan ajeno a algunos valores básicos, tan empeñado en ideologizar a los niños en lugar de educarlos, haría mucho mejor en enseñar a los urbanitas la realidad de lo que es la naturaleza. Una verdad que poco tiene que ver con una gallina, una vaca estabulada o un pony en un corral. A mí me gusta recordar cómo cuando yo contaba cuatro o cinco años jugaba un día con mis hermanos y primos junto al arroyo del Alpuébrega. Mi abuela Gabriela Maura, una de las grandes cazadoras españolas del siglo XX, vio una serpiente avanzando hacia nosotros. Imperturbable, la agarró con sus manos enguantadas y la azotó contra un árbol hasta matarla. Después la hizo un nudo en una rama baja y durante el verano la vimos corromperse progresivamente. Al año siguiente, su esqueleto anudado testificaba el paso del tiempo, de la vida, de la muerte. Todo. Quede usted con Dios, señor ministro (con perdón). Yo me quedo con mi caspa.

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72

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