Sin tocarnos latidos alejados
y sin abrir los sueños de la estela
amable lentamente quedó escrito
el escudo remoto va desnudo
pudimos comprobarlo estando juntos.
La tierra amarga invade la mar dulce
en su orilla y su fondo la pisamos
guardamos sentimientos entre libros
de la pasión callada entre dos almas
y ambos sabemos que la mar existe.
José Pómez

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