Lo sabes, poesía

José Pómez

[148] La sentencia de la niebla.

[ 148 ] La sentencia de la niebla. Condenado soy, soy, soy, condenado y voy contento, a pasear de la mano con ella el mismo tormento. Que es pesada, ya lo sé, que es plasta, yo no lo niego, pero ella lleva mi mano ¡ay! como quien lleva fuego. La conozco mogollón, de toda la vida entera, y me lía en sus locuras como si el mundo esperara.

[147] A quien me dice.

A quien me dice. Lo dices como quien no quiere hacer ruido, tres letras nada más, son casi un secreto, pero las guardo como se guarda un fuego: Y lo hago muy despacio para que no se apague. No hacen falta discursos ni promesas grandes, tú lo resumes todo en un suspiro corto, y aun así yo siento que me abrazas entero, y que en esas tres

[ 146 ] Junto a un mar que no se moja.

Junto a un mar que no se moja. Villa botella, Villa Botella. Junto a un mar que no se moja tina Villa de cristal, con tejados de rocío y una fiel luna de sal. Nadie corre, nadie grita, todo va despacio allí: el reloj camina en puntas para nada interrumpir. Villa botella, Villa Botella. Una copla canta el viento entre grietas de un candil,

[ 145] Ley de la luz.

Ley de la Luz. Hay quien camina pisando el jardín, quien rompe el espejo por no verse ahí, quien miente despacio, con voz de metal, y llama mentira lo que es de cristal. Pero hay una ley que no escribe ni el tiempo, que vive en el pecho de quien no se vende, y aunque la apaguen, vuelve a encender: la luz no negocia con quien la quiere doblar.

[ 144 ] Piel de otro mundo.

[ 144 ] Piel de Otro Mundo. Floto en un cielo que no tiene nombre, mi cuerpo es agua, después es bronce, las manos crecen donde no hay distancia, y el tiempo se dobla como una infancia. Veo mil rostros dentro de uno solo, un ojo abierto donde nace el polo, la piel se vuelve mármol, luego humo, soy la pregunta y también soy el rumbo. Somos

[ 143 ] Las luces se encienden en la vieja ciudad.

[ 143 ] Las luces se encienden en la vieja ciudad el frío me cuenta una historia real buscando el camino que lleva hasta ti y el tiempo responde que sigo aquí. Y aunque hoy el viento sople fuerte sé que queda un poquito de calor. Espera a que salga el sol otra vez las nubes se irán, lo puedo creer hay luz en las grietas que deja el ayer.

[141] EN TIEMPO REGULAR.

[141] EN TIEMPO REGULAR. ¿En qué estación se te perdió el verano, Mar? ¿En qué techo dejaste la risa colgada? Te he visto florecer en enero, ¿cómo ahora te me vuelves callada? Dices que estás regular, Mar, como si regular fuera poco, como si no supiéramos los dos que lo regular también es un arcón roto. Pero Mar, lo regular no

[ 140 ] La espuma viene a devorar la orilla.

[ 140 ] La espuma viene a devorar la orilla. La espuma viene a devorar la orilla mientras mis pasos borra la corriente te busco en la penumbra más sencilla con un abrazo tibio y persistente. No importa que la furia se desate ni que el salitre muerda la garganta mi pecho tiene el ritmo de un combate que por tu calma siempre se levanta. Si

[ 139 ] Viento de verdad pendiente.

[ 139 ] Viento de verdad pendiente. Cae el diamante, cae de cristal, rompe el silencio del aire total, piedra de nube, piedra de luz, canta la furia que el cielo es austral. Vienen los vientos, se funden los dos, Norte y Sur cantan la misma voz, Este y Oeste se dan la mano, un solo aliento, un solo verano. Blanco relámpago sobre la piel,

[ 138 ] En mis sueños de golpe.

[ 138 ] En mis sueños de golpe, me atraes junto a ti, me abrazas fuerte fuerte, me hablas dulce al oído, y me cubres de besos. Y así, fundido en ti, al fin comprendo bien lo que es amar de veras, lo que es amor también. Siempre tendrás tu sitio, y serás bienvenida, en mis sueños ya tuyos, en mis sueños tu vida. José Pómez https://tinyurl.com/3smt2prx

[ 137 ] Y no paro de acordarme niña de coco y de huevo.

[ 137 ] Y no paro de acordarme niña de coco y de huevo. ¿Acordarme? ¡Ay! ¡Qué digo! Es una condena larga Estás viva en mi café, en mi siesta y en mi ducha. Porque allí abriste el grifo sin ninguna pena en banda como quien abre compuertas de una esclusa pasajera. Cepillo arriba y abajo, y mirada al infinito, tú tan tranquila pulías,

De San Diego a Manila.

[ 136 ] De San Diego a Manila. No puedo evitarlo. Hay un silencio que se rompe cuando miras, un idioma nuevo que mi pecho aprende solo. No fue decisión, fue como el viento entre las piedras, algo que se mueve sin tenerme en cuenta. He querido a veces no sentir tanto, guardar la voz, cerrar la puerta despacio. Pero vuelves siempre en cada

[ 135 ] Cetrería de piedra.

Fotografia: Daniel Corona. https://www.instagram.com/shivenis [ 135 ] Cetrería de piedra. Dos cernícalos velan sobre el muro dorado, guardianes silenciosos de un tiempo ya callado. Ella mira hacia el cielo, él vigila el confín, entre grietas y cera que llora sin fin. No hay reloj que los una más que el propio latir, dos alas, una piedra,

[ 134 ] Aeroplanos de papel.

[ 134] Aeroplanos de papel. Dobla el mundo entre sus dedos, pliega el cielo en un papel, y lo lanza sin miedo a estrellarse contra el sol. Toca un violín que no existe, con un arco que es de viento, y aunque nadie lo oiga, insiste: la música está en su intento. ¡Vuela, vuela, aeroplano! ¡Suena, suena, violín! Lo imposible está en su

[ 133 ] Al que calla.

[ 133 ] Al que calla. Tú, que nunca alzaste el brazo ni la voz, que dejaste la urna vacía como el pecho de una casa sin candil, hoy te canto, hoy te nombro mayoría dormida, ejército sin filas, pueblo que no ha sido pueblo todavía. ¡Avante! ¡Avante! Somos más de dos tercios. No es tuyo el silencio, te lo dieron. Cuenta las manos que

[ 131 ] Épica de cristal.

Épica de cristal. Desciende el granizo en tropel de diamantes, como lágrimas duras de un cielo iracundo, y en su danza de perlas y flecos resonantes anuncia la cólera primigenia del mundo. Viene el Bóreas armado de su lanza de escarcha, el Austro perfumado de rosas y de sal, y en el centro del aire, donde el trueno se ensancha, se abrazan

[129 ] El decir.

[ 129 ] El decir. No hablo solo por hablar, no es la lengua un simple sonar, cuando digo, hago aparecer, cuando nombro, funda el ser. El poeta no copia lo real, el poeta abre un lugar, antes del verso, silencio y nada, después del verso, el mundo se hace casa. No es adorno, no es señal, es la luz en lo esencial, el poeta dice y el mundo

[ 128 ] Lo que no se vende.

[ 128 ] Lo que no se vende. Hay un precio en cada esquina, todo se compra, dicen ya, pero hay algo que no se inclina ni se rinde ni se va. Es la voz que dice "no" cuando el mundo dice "sí", la verdad que no se dobla aunque duela estar aquí. Y no se vende, no se vende, lo que llevo por dentro, la mirada que no cede, el silencio que es mi

[ 127 ] A la españa que despierta.

[ 127 ] A la España que despierta. Yo vi la patria dormida bajo un cielo en bruma incierta, con la puerta entreabierta a una voz desconocida. ¿Dónde quedó aquel coraje que alzaba el pecho a la mar? Sólo veo naufragar sombras de vil personaje. Y los que hablan desde lo alto tejen redes de silencio, y el pueblo, en padecimiento, guarda

[ 126 ] Insensibilidad.

[ 1 2 6 ] Insensibilidad. Hoy, bajo una luz que ya no es luz sino herida que parpadea y se apaga, el alma se ha ido adelgazando hasta casi no ser. Ya no oímos el silencio que antes cantaba en las cosas; sólo queda el rumor sordo de nombres vacíos que se pierden en el aire sin memoria, y el ruido de los hombres que ahoga al hombre verdadero.

Ceuta, centinela.

[ 125 ] Ceuta, centinela. Ceuta, roca y farol sobre la mar que brama, ni el viento ni la duda apagarán tu llama; entre dos continentes, con la sal en la frente, vela tu nombre insomne la eternidad del puente. Ciudad de doce siglos, peñón sobre la mar, el faro no se apaga aunque se apague el mar. La niebla de la aurora te viene a despertar,

A la espesura que se aleja.

[ 124] A la espesura que se aleja de la urbe y su cemento, le robamos el contento con afán de moraleja. Del frescor que el roble deja solo queda un verso frío, un desdén al hondo brío de la leña y su calor; y el incendio, con furor, lo convierte en poderío. Ya no es taller ni despensa, sino idilio de poeta; mas la llama, tan secreta,

Retrato en blanco y negro.

Retrato en blanco y negro Hay un rostro que guardé en el cajón, en blanco y negro, con silencio y luz. Una marca pequeña junto a la boca, como señal perfecta de bondad. Miles de ojos pasaron sin mirar, miles de manos tocaron sin sentir. Pero tú estás allí, muy quietecita, esperando a que vuelva la razón. Qué dura es la gloria cuando

[ 122 ] No digas nunca mi nombre

[ 122 ] No digas nunca mi nombre, déjame ser sombra y ruta, la espina que no se quita, la mano que nunca fuma. Si el viento dobla el olivo y la torre se desploma, yo me quedo junto al muro como la piedra en la sombra. ¡Si se apaga el sol del mundo, yo encenderé mi costado! Bajo el hierro y el abismo, mi raíz te ha jurado. ¡Ni la muerte,

He vestido siglos con los ojos vendados.

He vestido siglos con los ojos vendados, no por ignorancia, sino por confianza. Creí que el peso de la balanza bastaría para enderezar el mundo. ¡Qué livianas resultaron las promesas! ¡Qué hábiles manos aprendieron a inclinar mis platos sin tocarlos! Me llaman cuando la herida ya florece, cuando el mármol ha olvidado ser montaña y

119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada.

[ 119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada. Cendal la venda, airada la mirada, ceñido el pecho de desnuda suerte, no pende de su mano la balanza, que el peso del dolor la tiene yerta. Del oro roto la cadena yerta y el ojo ciego que la ley no alcanza, mas no hay en su furor mudanza o calma, que el hierro enciende la dormida llama. Así, desnuda

[ 118 ] Los cuarenta ladrones.

Los cuarenta ladrones de las tierras más raras, sumados a los sesenta y un perrillos plumas de falda y de mantel, nos da ciento y un dálmatas, una historia sin duda muy enternecedora; pero quizá no tanto como siempre lo es Bambí. José Pómez https://tinyurl.com/3smt2prx ISBN: 9781008924512 https://spillwords.com/author/jose-pomez/?citationMarker=43dcd9a7-70db-4a1f-b0ae-981daa162054

Amar, amar, amar

Amar, amar, amar... Y cuando el alba rompa la negrura, quedará tu memoria en la corriente, como perfume fiel, limpio y ardiente, que nunca envejece ni se apura. ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay! Será la luz más honda y más segura, la que no hiere, la que alumbra y siente; la que convierte el polvo humildemente en una eternidad de flor madura.

No hubo combate de metal ni acero.

No hubo combate de metal ni acero, ni estandartes de vana algarabía; tu sola gracia desarmó el sombrío orgullo antiguo del dolor severo. Venciste con la paz, noble lucero; con una flor ceñida todavía, hiciste de la sombra melodía y del destino un cauce verdadero. Quien mira así no vuelve siendo el mismo: lleva una luna viva entre las

Lámpara de luna.

Lámpara de luna. La luna alzó su cáliz de diamante, sobre un jardín de bruma silenciosa; velaba, fiel centinela, la lámpara luminosa de un sueño palpitante. Callaba el aire, puro caminante, con la humildad del agua sigilosa; y abrió la noche su secreta rosa bajo el cristal del cielo rutilante. Entonces fue tu imagen encendida, flor

La reina de espadas se cansó

La reina de espadas se cansó, arrojó sus cartas al mar, el verdugo perdió su número, ahora está trabajando gratis. Tu mujer dejó una nota diciendo: Me quedo después de todo, el tren que debería haberte matado acaba de silbar por el pasillo. Vi a Moisés bajar su bastón, dijo: el mar puede permanecer separado. Lo opuesto a lo fatal

Parte de novedades: ¡Hoy se ha caído un diente!

Parte de Novedades: ¡Hoy se ha caído un diente! Atención, atención, vecinos del jardín, se reporta un suceso justo allí en el jardín: un diente pequeñito, blanquito y peleón, por la mañana ha caído ¡sin ninguna razón! Este diente viajero no llegó hasta Asturias, quedó por el camino y cuenta su aventura. Testigos: Esa lengua

Fundirme en ti.

Fundirme en ti. Fundir el alma mezcla obsesión y la mirada. Rebozaría de tinta y nieve cuenco de barro que aún conserva calor de manos esmalte y grieta que cubre y vela con la metáfora. Queda el amor y no es la luna tan reflejada en río y su agua, sino la sed que talla el cuenco marca al beber, la huella del asa, cruce de olas, y temblor

Macetero marchito.

Macetero marchito. Macetero de sombras, vendes jardines que nunca florecen, promesas verdes en bolsas de olvido, raíces huecas que el viento deshace. Te crees tierra fértil, pero solo eres polvo que mancha la mano, flores de plástico bajo luna fría, un paraíso que se pudre al amanecer. Solo estás echando tierra. flor falsa, alegría

Las formas y el asombro.

Las formas y el asombro. Es fascinante, digo, y lo repito, buscar el sentido oculto en la madera, en la piedra que calla su delito, en la sombra que baila y no se altera. Las formas nos hablan sin palabra, en curva de vasija, en trazo fino, la mano antigua que la tierra labra deja su huella como último destino. Y así el hombre recorre el

Luz que no pide.

Luz que no pide. No te llamo, porque tu nombre ya florece, silencioso, en la rama más alta de mi pecho. Eres esa claridad que no necesita el alba para ser día. Nunca he querido poseer la rosa; me basta saber que su perfume atraviesa el jardín del mundo y llega, sin saberlo, hasta mi respiración. Así te quiero. Como quiere el agua la luna

Sobre los escombros.

Sobre los escombros. Hay días en que la palabra llega tarde. No porque haya olvidado el camino, sino porque el polvo habla primero. Cada piedra caída pronuncia el nombre que ya nadie responde. Cada ventana rota sigue mirando un horizonte que no entiende de ruinas. Entonces la poesía se queda quieta. No renuncia. Aprende el oficio del silencio.

No busques marcos para lo que vive.

No busques marcos para lo que vive, ni le des nombre a lo que es libertad; el río fluye y el cauce lo mide, pero el cauce es esclavo de la claridad. Deja que el asombro sea tu guía, que no hay respuesta que valga el sentir; hay una paz que en el alma se cría cuando renuncia, por fin, a medir. Que el viento escriba lo que el verbo calla,

Mira como te mira esquiva la buganvilla.

Mira como te mira esquiva la buganvilla. Aquel que sube altivo como vid de buganvilla, que tiñe el muro de púrpura y carmín ardiente, creyendo que su fuego es eterno y reluciente, sin raíz firme en tierra humilde y sencilla; alza su pompa al cielo, y en la cumbre brilla, mas sin apoyo ajeno su tallo se resiente; las espinas ocultas hieren

La curva del silencio.

La curva del silencio. La ciudad no ha perdido la memoria. La lleva, como estas fachadas de cal que sostienen el sol sin preguntar de quién es la mañana. La piedra conoce lo que los hombres olvidan. He visto una calle doblarse sobre sí misma como un pensamiento antiguo, y en aquella curva el tiempo parecía haber dejado su bastón contra

Si no te lo explicas, no te lo expliques.

Si no te lo explicas, no te lo expliques. Cuando en la sombra de tu pensamiento surja una luz que no puedas prender, déjala arder en su callado aliento, sin preguntarle por qué quiere arder. Hay en el alma jardines secretos que no conoce la voz ni la ley; brotan sus flores en hondos quietismos, mueren sin nombre y perfuman también. ¿Por

Al tirititero del río al atardecer.

Al Titiritero del río al atardecer. En esta hora en que el Guadalquivir o el Manzanares se tiñen del mismo cobre que el Sena, camina un hombre blanco de rostro, negro de traje, con los hilos del mundo entre los dedos enguantados. No es París, hermano, es España la que tiembla bajo sus zapatos. Es Madrid con olor a bocadillo de calamares

La entrega.

La entrega. Si me amas tanto como yo a ti, Siento que por fin todo tiene sentido. Tenía que confesarte lo que dicta mi corazón. Hola, mi vida, hola, mi vida Hola, mi vida, no dejemos de sentir Hola, mi vida, no dejemos de sentir. Eres la única mujer en este mundo con la que quiero despertar cada día, Chica, te elegiría mil veces más,

LA CAÍDA.

LA CAÍDA. Respirar duele ahh... duele. Todo parecía perdido. Y el miedo gritaba tu sombra. ¡Gritaba! yeah perdido. ¡Vamos! Pero algo arde dentro. Rompes el suelo al levantarte. ¡Rompes! ¡wuh! fuego ¡uhh! Cada cicatriz es un paso paso a paso, yeah ¡LEVÁNTATE! ¡Arriba! ¡Dale! ¡Uah! ¡wooh! ¡corre! Eres fuego. ¡Fuego! Eres guerra

La verdad.

La verdad. Fue quedándose de agua y de ceniza. Nadie llamó su nombre. La tarde, que sabía el sitio de sus manos, entró despacio, como una luz cansada entre los visillos. No hubo rumor de pasos, ni una voz que acudiera a recoger del aire la rosa última de su pensamiento. Sólo el reloj, con su pequeño corazón de sombra, contó las hojas

Tridentes de Marte.

Tridentes de Marte. Bajo el polvo de Aonia, donde el hielo nunca muere, esas bestias de metal despertaron a la vez. Con un rugir de fisión, rompen la cripta marciana, lanzas de guerra hacia el vacío, sed de gravedad humana. Las grietas del subsuelo son costillas del planeta, y cada tridente escupe fuego que a Fobos enfrenta. No hay mal que

Dime…

Dime... Dónde está. Dime... Que no se dónde está. Quizá pueda pensar... Mas no comprendo ni el tiempo, ni el lugar. Vuelve donde estaba. La llave ya la entregué con total confianza. José Pómez http://pomez.net http://pomez.es https://tinyurl.com/3smt2prx ISBN: 9781008924512 https://spillwords.com/author/jose-pomez/?citationMarker=43dcd9a7-70db-4a1f-b0ae-981daa162054

Uno más.

Uno más. Me desperté con el silencio, donde solía sonar tu voz. El café se está enfriando, otro día normal. Tu lado de la cama todavía recuerda cómo te reías. Ahora el reloj sigue corriendo, pero no conoce la mitad. He estado caminando por estas calles como un hombre sin tiempo. Llevando tu memoria como una moneda de diez céntimos

Mira bien mi jugada.

Mira bien mi jugada, tres ases en la mano. Tres reinas me acompañan, bienvenidos al lado. Tú miras mi sonrisa, yo te leo la intención. Si dudas en la apuesta, se te cae la decisión. No mires tus cartas, mírame a mí. Si subes la apuesta, te hago decir que sí. Tres ases, tres reinas, voy a ganar así. Tres ases, tres reinas, la mesa es

Soportales.

Soportales. Qué hermosa es tu canción y qué hermosa es tu voz con tu flequillo suelto después de recortado. Ya no hace frío o sí confío en que no vuelva se suben las laderas para después bajarlas. La obra ansiosa cede en plácidos escombros de terrores antiguos de tazón y de flores. Soltando el pecho vive el juego de la roca convencido

Sanación por el verso te receto.

Sanación por el verso te receto. En la escrita prisión del alma herida, donde el gemido ahoga la garganta, baja el verso cual lluvia descendida de aquel manantial que nunca se agota. No sólo sana llaga del deseo que en fuego vivo el corazón abrasa; también la carne gime y el cuerpo ceo siente en sus huesos la celeste brasa. ¡Oh verso

En esta España mía.

En esta España mía, de olivos y de espadas, donde el Guadalquivir sigue llorando en silencio, un hombre de sonrisa eterna y paso de baile gobierna desde el puente de un barco que hace agua. ¡Ay, España, madre mía, qué sola te has quedado entre banderas rotas y promesas de papel! El poder es un amante que promete y no se entrega, y el

Faros en la bahía.

Faros en la Bahía. Hay cien barcos que duermen muy quietos frente al muelle y mil luces que tiemblan cuando la tarde cae. Y tu risa se enreda entre redes y sal y este viento me nombra cosas que ya no están. Si vuelves con marea te espero el agua sueña, con faros y promesas Si que no borró la arena. Aquí guardo tu nombre en una caracola,

Agua y oro.

Agua y oro . Agua y oro te ciñen el semblante, y en tus ojos dos selvas de esmeralda donde naufraga el sol, y en tu guirnalda de cabello la noche cae amante. Gota a gota desciende el dios errante que bautiza la piel y el fuego escalda. Tú eres llama que el agua no resguarda, tú eres agua que el fuego hace brillante. Ay, vida, así te miro

Algo de huerto, algo de Jardín… Y un poquito de Luna.

Algo de huerto, algo de jardín… Y un poquito de Luna. En la artesa del verano, canta el tomate encendido, rojo farol campesino bajo el cielo adormecido. Agua clara, pan tranquilo, ajo blanco, sal marina, aceite verde que sueña con la tarde andaluza fina. ¡Ay, ay, ay! Algo de huerto... Pepino fresco en la sombra, pimiento de sol y viento,

Se abrió la niebla.

Se Abrió la Niebla. Caminó entre sombras, con el alma descalza. Guardó sus no puedo donde duele la calma. Pintó madrugadas con café y con fe. Mientras el mundo dormía, ella era su porqué. Y dijeron que el río era muy muy muy ancho que los sueños se ahogan si no hay un buen plan B. Pero ella siempre hablaba con el cielo despacio y

Hojas enormes del laurel que sangra.

Hojas enormes del laurel que sangra. ¡Ay, qué ambición de espada que no corta el aire, sino el cuello del hermano que también lleva sangre de duende! En el olivar de los libros, donde la luna es una página rota, dos políticos se miden la sombra con palabras que son dagas de plata. Uno dice: «Mi nombre será torre más alta que el ciprés

El alba vino a los árboles.

El alba vino a los árboles con pies de agua y de cuchillo. La luna, presa entre las nubes, temblaba en su cristal herido. La mar, sin una sola ola, parecía haberse rendido, como si toda su amargura durmiera al borde del abismo. Lejos, la ciudad era apenas un trazo seco y amarillo, la cicatriz de alguna torre borrada en yeso por el frío.

Sal en la piel.

Sal en la piel. Suena el viento, cae el sol arena en los pies, sube el calor tu mirada me rozó y ya no hay control. Brisa lenta, tu pelo volando piel dorada, me estás atrapando dices “vente”, yo voy llegando y el mundo se queda girando. Y aunque la noche se vaya sin avisar quiero este momento pa’ siempre guardar. Sal en la piel, fuego

No tiene mapa.

No tiene mapa. Salí de madrugada con los pies sin zapatos, pisando los adoquines que el rocío dejó, buscando la felicidad entre naranjos y soleá, entre cumbia y limonero, entre luna y caracol. El duende me decía: "Niño, sigue el camino,"y el tambor en mi pecho llevaba el compás. Pregunté al viento sur, pregunté al torbellino, ¡ay!

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