He vestido siglos con los ojos vendados.
He vestido siglos con los ojos vendados, no por ignorancia, sino por confianza. Creí que el peso de la balanza bastaría para enderezar el mundo. ¡Qué livianas resultaron las promesas! ¡Qué hábiles manos aprendieron a inclinar mis platos sin tocarlos! Me llaman cuando la herida ya florece, cuando el mármol ha olvidado ser montaña y
