No tiene mapa.
No tiene mapa. Salí de madrugada con los pies sin zapatos, pisando los adoquines que el rocío dejó, buscando la felicidad entre naranjos y soleá, entre cumbia y limonero, entre luna y caracol. El duende me decía: "Niño, sigue el camino,"y el tambor en mi pecho llevaba el compás. Pregunté al viento sur, pregunté al torbellino, ¡ay!
