La rosa alza su muro
donde se quiebra el día,
y el tiro de una sombra
respira todavía.
Allí la luz escapa,
doliente, en su agonía,
y el tiempo se deshace
como pálida arcilla.
Este mundo carece
de árboles y de pájaros,
solo hay agrura en él
y frías balas muertas.
Un latido se extingue
detrás de la pared,
un hombre vuelto bruma
que ya no puede ser.
La muerte –torpe y fría–
posa en su quehacer,
hilando con silencio
la forma del ayer.
El cielo, desbordado,
derrama su espesura;
en cada grieta tiembla
con la huella de una altura.
Mas nada reconoce
la antigua arquitectura,
ni voz, ni carne, ni alma,
ni sueño, ni postura.
Dos pasos se aproximan
del fondo de un umbral,
y al roce de la ausencia
se vuelve todo igual.
La vida se arrodilla
con gesto funeral
y un soplo abre la herida
del aire cenital.
Oh muro que oscurece
la súplica del hombre,
que borra suavemente
su tránsito y su nombre.
¿Qué queda tras tus sombras
que al mundo se le asombre,
si no el temblor desnudo
del ser que ya no es nombre?
Allá, donde lo quieto
reposa en lo desierto,
un brillo se diluye,
callado y casi muerto.
La noche junta estrellas,
y en su perfil incierto
bajan cálidos ángeles
buscando al cuerpo abierto.
José Pómez
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ISBN: 9781008924512
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