Lo sabes, poesía

José Pómez

Retrato en blanco y negro.

Retrato en blanco y negro Hay un rostro que guardé en el cajón, en blanco y negro, con silencio y luz. Una marca pequeña junto a la boca, como señal perfecta de bondad. Miles de ojos pasaron sin mirar, miles de manos tocaron sin sentir. Pero tú estás allí, muy quietecita, esperando a que vuelva la razón. Qué dura es la gloria cuando

[ 122 ] No digas nunca mi nombre

[ 122 ] No digas nunca mi nombre, déjame ser sombra y ruta, la espina que no se quita, la mano que nunca fuma. Si el viento dobla el olivo y la torre se desploma, yo me quedo junto al muro como la piedra en la sombra. ¡Si se apaga el sol del mundo, yo encenderé mi costado! Bajo el hierro y el abismo, mi raíz te ha jurado. ¡Ni la muerte,

He vestido siglos con los ojos vendados.

He vestido siglos con los ojos vendados, no por ignorancia, sino por confianza. Creí que el peso de la balanza bastaría para enderezar el mundo. ¡Qué livianas resultaron las promesas! ¡Qué hábiles manos aprendieron a inclinar mis platos sin tocarlos! Me llaman cuando la herida ya florece, cuando el mármol ha olvidado ser montaña y

119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada.

[ 119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada. Cendal la venda, airada la mirada, ceñido el pecho de desnuda suerte, no pende de su mano la balanza, que el peso del dolor la tiene yerta. Del oro roto la cadena yerta y el ojo ciego que la ley no alcanza, mas no hay en su furor mudanza o calma, que el hierro enciende la dormida llama. Así, desnuda

[ 118 ] Los cuarenta ladrones.

Los cuarenta ladrones de las tierras más raras, sumados a los sesenta y un perrillos plumas de falda y de mantel, nos da ciento y un dálmatas, una historia sin duda muy enternecedora; pero quizá no tanto como siempre lo es Bambí. José Pómez https://tinyurl.com/3smt2prx ISBN: 9781008924512 https://spillwords.com/author/jose-pomez/?citationMarker=43dcd9a7-70db-4a1f-b0ae-981daa162054

Amar, amar, amar

Amar, amar, amar... Y cuando el alba rompa la negrura, quedará tu memoria en la corriente, como perfume fiel, limpio y ardiente, que nunca envejece ni se apura. ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay! Será la luz más honda y más segura, la que no hiere, la que alumbra y siente; la que convierte el polvo humildemente en una eternidad de flor madura.

No hubo combate de metal ni acero.

No hubo combate de metal ni acero, ni estandartes de vana algarabía; tu sola gracia desarmó el sombrío orgullo antiguo del dolor severo. Venciste con la paz, noble lucero; con una flor ceñida todavía, hiciste de la sombra melodía y del destino un cauce verdadero. Quien mira así no vuelve siendo el mismo: lleva una luna viva entre las

Lámpara de luna.

Lámpara de luna. La luna alzó su cáliz de diamante, sobre un jardín de bruma silenciosa; velaba, fiel centinela, la lámpara luminosa de un sueño palpitante. Callaba el aire, puro caminante, con la humildad del agua sigilosa; y abrió la noche su secreta rosa bajo el cristal del cielo rutilante. Entonces fue tu imagen encendida, flor

La reina de espadas se cansó

La reina de espadas se cansó, arrojó sus cartas al mar, el verdugo perdió su número, ahora está trabajando gratis. Tu mujer dejó una nota diciendo: Me quedo después de todo, el tren que debería haberte matado acaba de silbar por el pasillo. Vi a Moisés bajar su bastón, dijo: el mar puede permanecer separado. Lo opuesto a lo fatal

Parte de novedades: ¡Hoy se ha caído un diente!

Parte de Novedades: ¡Hoy se ha caído un diente! Atención, atención, vecinos del jardín, se reporta un suceso justo allí en el jardín: un diente pequeñito, blanquito y peleón, por la mañana ha caído ¡sin ninguna razón! Este diente viajero no llegó hasta Asturias, quedó por el camino y cuenta su aventura. Testigos: Esa lengua

Fundirme en ti.

Fundirme en ti. Fundir el alma mezcla obsesión y la mirada. Rebozaría de tinta y nieve cuenco de barro que aún conserva calor de manos esmalte y grieta que cubre y vela con la metáfora. Queda el amor y no es la luna tan reflejada en río y su agua, sino la sed que talla el cuenco marca al beber, la huella del asa, cruce de olas, y temblor

Macetero marchito.

Macetero marchito. Macetero de sombras, vendes jardines que nunca florecen, promesas verdes en bolsas de olvido, raíces huecas que el viento deshace. Te crees tierra fértil, pero solo eres polvo que mancha la mano, flores de plástico bajo luna fría, un paraíso que se pudre al amanecer. Solo estás echando tierra. flor falsa, alegría

Las formas y el asombro.

Las formas y el asombro. Es fascinante, digo, y lo repito, buscar el sentido oculto en la madera, en la piedra que calla su delito, en la sombra que baila y no se altera. Las formas nos hablan sin palabra, en curva de vasija, en trazo fino, la mano antigua que la tierra labra deja su huella como último destino. Y así el hombre recorre el

Luz que no pide.

Luz que no pide. No te llamo, porque tu nombre ya florece, silencioso, en la rama más alta de mi pecho. Eres esa claridad que no necesita el alba para ser día. Nunca he querido poseer la rosa; me basta saber que su perfume atraviesa el jardín del mundo y llega, sin saberlo, hasta mi respiración. Así te quiero. Como quiere el agua la luna

Sobre los escombros.

Sobre los escombros. Hay días en que la palabra llega tarde. No porque haya olvidado el camino, sino porque el polvo habla primero. Cada piedra caída pronuncia el nombre que ya nadie responde. Cada ventana rota sigue mirando un horizonte que no entiende de ruinas. Entonces la poesía se queda quieta. No renuncia. Aprende el oficio del silencio.

No busques marcos para lo que vive.

No busques marcos para lo que vive, ni le des nombre a lo que es libertad; el río fluye y el cauce lo mide, pero el cauce es esclavo de la claridad. Deja que el asombro sea tu guía, que no hay respuesta que valga el sentir; hay una paz que en el alma se cría cuando renuncia, por fin, a medir. Que el viento escriba lo que el verbo calla,

Mira como te mira esquiva la buganvilla.

Mira como te mira esquiva la buganvilla. Aquel que sube altivo como vid de buganvilla, que tiñe el muro de púrpura y carmín ardiente, creyendo que su fuego es eterno y reluciente, sin raíz firme en tierra humilde y sencilla; alza su pompa al cielo, y en la cumbre brilla, mas sin apoyo ajeno su tallo se resiente; las espinas ocultas hieren

La curva del silencio.

La curva del silencio. La ciudad no ha perdido la memoria. La lleva, como estas fachadas de cal que sostienen el sol sin preguntar de quién es la mañana. La piedra conoce lo que los hombres olvidan. He visto una calle doblarse sobre sí misma como un pensamiento antiguo, y en aquella curva el tiempo parecía haber dejado su bastón contra

Si no te lo explicas, no te lo expliques.

Si no te lo explicas, no te lo expliques. Cuando en la sombra de tu pensamiento surja una luz que no puedas prender, déjala arder en su callado aliento, sin preguntarle por qué quiere arder. Hay en el alma jardines secretos que no conoce la voz ni la ley; brotan sus flores en hondos quietismos, mueren sin nombre y perfuman también. ¿Por

Al tirititero del río al atardecer.

Al Titiritero del río al atardecer. En esta hora en que el Guadalquivir o el Manzanares se tiñen del mismo cobre que el Sena, camina un hombre blanco de rostro, negro de traje, con los hilos del mundo entre los dedos enguantados. No es París, hermano, es España la que tiembla bajo sus zapatos. Es Madrid con olor a bocadillo de calamares

La entrega.

La entrega. Si me amas tanto como yo a ti, Siento que por fin todo tiene sentido. Tenía que confesarte lo que dicta mi corazón. Hola, mi vida, hola, mi vida Hola, mi vida, no dejemos de sentir Hola, mi vida, no dejemos de sentir. Eres la única mujer en este mundo con la que quiero despertar cada día, Chica, te elegiría mil veces más,

LA CAÍDA.

LA CAÍDA. Respirar duele ahh... duele. Todo parecía perdido. Y el miedo gritaba tu sombra. ¡Gritaba! yeah perdido. ¡Vamos! Pero algo arde dentro. Rompes el suelo al levantarte. ¡Rompes! ¡wuh! fuego ¡uhh! Cada cicatriz es un paso paso a paso, yeah ¡LEVÁNTATE! ¡Arriba! ¡Dale! ¡Uah! ¡wooh! ¡corre! Eres fuego. ¡Fuego! Eres guerra

La verdad.

La verdad. Fue quedándose de agua y de ceniza. Nadie llamó su nombre. La tarde, que sabía el sitio de sus manos, entró despacio, como una luz cansada entre los visillos. No hubo rumor de pasos, ni una voz que acudiera a recoger del aire la rosa última de su pensamiento. Sólo el reloj, con su pequeño corazón de sombra, contó las hojas

Tridentes de Marte.

Tridentes de Marte. Bajo el polvo de Aonia, donde el hielo nunca muere, esas bestias de metal despertaron a la vez. Con un rugir de fisión, rompen la cripta marciana, lanzas de guerra hacia el vacío, sed de gravedad humana. Las grietas del subsuelo son costillas del planeta, y cada tridente escupe fuego que a Fobos enfrenta. No hay mal que

Dime…

Dime... Dónde está. Dime... Que no se dónde está. Quizá pueda pensar... Mas no comprendo ni el tiempo, ni el lugar. Vuelve donde estaba. La llave ya la entregué con total confianza. José Pómez http://pomez.net http://pomez.es https://tinyurl.com/3smt2prx ISBN: 9781008924512 https://spillwords.com/author/jose-pomez/?citationMarker=43dcd9a7-70db-4a1f-b0ae-981daa162054

Mira bien mi jugada.

Mira bien mi jugada, tres ases en la mano. Tres reinas me acompañan, bienvenidos al lado. Tú miras mi sonrisa, yo te leo la intención. Si dudas en la apuesta, se te cae la decisión. No mires tus cartas, mírame a mí. Si subes la apuesta, te hago decir que sí. Tres ases, tres reinas, voy a ganar así. Tres ases, tres reinas, la mesa es

Soportales.

Soportales. Qué hermosa es tu canción y qué hermosa es tu voz con tu flequillo suelto después de recortado. Ya no hace frío o sí confío en que no vuelva se suben las laderas para después bajarlas. La obra ansiosa cede en plácidos escombros de terrores antiguos de tazón y de flores. Soltando el pecho vive el juego de la roca convencido

Sanación por el verso te receto.

Sanación por el verso te receto. En la escrita prisión del alma herida, donde el gemido ahoga la garganta, baja el verso cual lluvia descendida de aquel manantial que nunca se agota. No sólo sana llaga del deseo que en fuego vivo el corazón abrasa; también la carne gime y el cuerpo ceo siente en sus huesos la celeste brasa. ¡Oh verso

En esta España mía.

En esta España mía, de olivos y de espadas, donde el Guadalquivir sigue llorando en silencio, un hombre de sonrisa eterna y paso de baile gobierna desde el puente de un barco que hace agua. ¡Ay, España, madre mía, qué sola te has quedado entre banderas rotas y promesas de papel! El poder es un amante que promete y no se entrega, y el

Faros en la bahía.

Faros en la Bahía. Hay cien barcos que duermen muy quietos frente al muelle y mil luces que tiemblan cuando la tarde cae. Y tu risa se enreda entre redes y sal y este viento me nombra cosas que ya no están. Si vuelves con marea te espero el agua sueña, con faros y promesas Si que no borró la arena. Aquí guardo tu nombre en una caracola,

Agua y oro.

Agua y oro . Agua y oro te ciñen el semblante, y en tus ojos dos selvas de esmeralda donde naufraga el sol, y en tu guirnalda de cabello la noche cae amante. Gota a gota desciende el dios errante que bautiza la piel y el fuego escalda. Tú eres llama que el agua no resguarda, tú eres agua que el fuego hace brillante. Ay, vida, así te miro

Algo de huerto, algo de Jardín… Y un poquito de Luna.

Algo de huerto, algo de jardín… Y un poquito de Luna. En la artesa del verano, canta el tomate encendido, rojo farol campesino bajo el cielo adormecido. Agua clara, pan tranquilo, ajo blanco, sal marina, aceite verde que sueña con la tarde andaluza fina. ¡Ay, ay, ay! Algo de huerto... Pepino fresco en la sombra, pimiento de sol y viento,

Se abrió la niebla.

Se Abrió la Niebla. Caminó entre sombras, con el alma descalza. Guardó sus no puedo donde duele la calma. Pintó madrugadas con café y con fe. Mientras el mundo dormía, ella era su porqué. Y dijeron que el río era muy muy muy ancho que los sueños se ahogan si no hay un buen plan B. Pero ella siempre hablaba con el cielo despacio y

Hojas enormes del laurel que sangra.

Hojas enormes del laurel que sangra. ¡Ay, qué ambición de espada que no corta el aire, sino el cuello del hermano que también lleva sangre de duende! En el olivar de los libros, donde la luna es una página rota, dos políticos se miden la sombra con palabras que son dagas de plata. Uno dice: «Mi nombre será torre más alta que el ciprés

El alba vino a los árboles.

El alba vino a los árboles con pies de agua y de cuchillo. La luna, presa entre las nubes, temblaba en su cristal herido. La mar, sin una sola ola, parecía haberse rendido, como si toda su amargura durmiera al borde del abismo. Lejos, la ciudad era apenas un trazo seco y amarillo, la cicatriz de alguna torre borrada en yeso por el frío.

Sal en la piel.

Sal en la piel. Suena el viento, cae el sol arena en los pies, sube el calor tu mirada me rozó y ya no hay control. Brisa lenta, tu pelo volando piel dorada, me estás atrapando dices “vente”, yo voy llegando y el mundo se queda girando. Y aunque la noche se vaya sin avisar quiero este momento pa’ siempre guardar. Sal en la piel, fuego

No tiene mapa.

No tiene mapa. Salí de madrugada con los pies sin zapatos, pisando los adoquines que el rocío dejó, buscando la felicidad entre naranjos y soleá, entre cumbia y limonero, entre luna y caracol. El duende me decía: "Niño, sigue el camino,"y el tambor en mi pecho llevaba el compás. Pregunté al viento sur, pregunté al torbellino, ¡ay!

Tú sin romper el silencio.

Tú sin romper el silencio, tu nombre encandilaba. La calma vino a los árboles con pies de sombra y rocío. La luna, detrás de nubes, te miraba desde exilio. La mar quedó tan callada que tuve miedo al vacío. Ni una ola quiso tocar piel dormida de lo vivo. Lejos, la ciudad más blanca como un sueño indefinido. Los cerezos deshojaban lento

Y algo tiembla debajo de la corteza.

Y algo tiembla debajo de la corteza. A ella, en la hora de los cerezos entre los álamos dormidos la mañana rompió en la tierra, con un temblor de luz herida sobre la corteza mojada. La luna, cierva silenciosa, quedó en sus gasas detenida, cercada por nubes tan lentas como una pena sin orilla. Y el mar, que nunca sabe estarse sin deshojar

En la curva del cuello.

En la curva del cuello. Alba dicha al oído no sabes cómo era el alba cuando pensaba en tu venida. Los árboles tenían sueño y el aire apenas respiraba, como si el mundo, entre sus hojas, tu nombre solo pronunciara. La luna estaba entre las nubes como una rosa amortajada, mirando el borde de la tierra con una tristeza callada. Parecía

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