¡Ay, la mujer…
¡Ay, la mujer... que tiene cuerpo de bahía! Con caderas de roca oscura y muslos de agua verde, donde el mar sube y baja como un amante ciego. Tus senos son las colinas redondas y dormidas, cubiertas de casas blancas como lunas crecientes. Tu cintura, el rompeolas que desafía la espuma, y tu pelo, el viento que peina las laderas. El puente,