Lo sabes, poesía

José Pómez

[ 162 ] La mujer que volvió a la luz.

[162] La mujer que volvió a la luz. Hubo una vez una mujer que aprendió a hablar con las paredes, a contar las noches con los dedos y a esconder sus sueños donde nadie pudiera encontrarlos. Le llamaron prisionera, pero nadie supo ver que detrás de aquellos barrotes había un corazón que seguía caminando hacia la libertad. Y un día,

[ 161] Noctámbula.

[ 161] Noctámbula. Te conocí de madrugada, con la lluvia en la mirada. Dijiste: «Quédate otra hora», y se hizo eterna la aurora. Una mañana te marchaste y al irte me dejaste la silla fría, el café a medias, y mil noches largas como tragedias. Sigo despierta, sigo aquí, con la puerta abierta para ti. Noctámbulos, hermanos del desvelo,

[ 159 ] Quédate en mi voz.

[ 159 ] Quédate en mi voz Quédate en mi voz. Hoy amaneciste con el corazón por fuera, con la piel de la luz y los ojos de lluvia, y yo, que no sé rezar, me puse de rodillas a aprender tu nombre como se aprende un salmo. Si lloras, que llore el cielo contigo. Si ríes, que se caigan las paredes. No hay nada en ti que me sobre, no hay nada

[ 158 ] Teresa quiere mecha.

[ 158 ] Teresa quiere mecha. La canción del Otoño Teresa quiere mecha. Querida prima: Te escribo porque el teléfono, ese aparato que inventaron para ti, parece que sigue en el cajón con el cable enrollado y la dignidad intacta. Llegó el otoño, ¿lo sabías? Las hojas caen de los árboles, y yo, que siempre me tropiezo con todo, me tropiezo

[ 156 ] El caracol y el alba.

[ 156 ] El caracol y el alba. Salió de su concha al filo de la noche, con la luna enferma colgando del cielo, llevaba en la espalda su casa de nácar y en el corazón un pequeño misterio. «Más allá del muro, más allá del río, dicen que la aurora se viste de oro». Y aunque el mundo entero le dijo «no puedes», él echó a andar despacio,

[ 157 ] Deshilachando.

[ 157 ] Deshilachando. Mas hoy sé que te quise sin medida como se quiere lo que no se puede llegué con bolsa, con patria y con rezo. ¡Tira del hilo, tira mujer, tira! Que este amor era de una lana pobre, y lo raro, lo raro y lo cierto es que nos abrigó toda la vida. ¡Tira del hilo, tira mujer, tira! Que no hay poema ni verso que lo cosa,

[ 155 ] Bolero de mar y de la villa.

[ 155 ] Bolero de la Mar y de la villa. Abría la maravilla, mansa, al alba, con su vestido de luz recién nacida, cuando llegó del Sur, con sal en el alma, un marinero de barba y de partida. No trajo más equipaje que una guitarra, ni más promesa que un canto sin apuro. Ella, sembrada en la orilla, quieta y descalza, lo oyó llegar como

[ 153 ] Pretórica.

[ 153 ] Pretórica. Llegaste sin prólogo, sin prisa con la tarde abierta en tu mirada y me venciste con media sonrisa dejando mi lógica retirada Quise oponer razón fría y tú quebraste la mía no hubo elipsis que te escondiera ni falacia que te defendiera Amarte es retórica pura, hipérbole dulce en tu cintura, anáfora que no se cansa

[ 154 ] La Plaza Grande.

[ 154 ] La Plaza Grande Vengo vestida de seda, con anillos y con flores, prometiendo el paraíso sin pedir cuentas ni honores. Soy la voz que no lastima, soy el pan que nunca escasea, soy el sueño más sencillo: "todo sigue, nada cambia". ¿Quién me miente, quién me alumbra? ¿Quién me duele, quién me calma? Una viste de mentira, otra

[ 152 ] Bajo el sol.

Bajo el sol. Bajo el sol que ya se entrega a la bruma de septiembre, caminamos sin la prisa por la orilla que nos espera. El viento trae tu nombre como un suspiro lejano, y el mar, la mar en voz baja, nos cuenta lo que callamos. Playas de septiembre, donde el tiempo se detiene, con tu mano en la mía todo el mundo se hace leve. No hace falta

[ 151 ] Cádiz Emporio del Orbe.

[ 151 ] Cádiz Emporio del Orbe. Cuando el sol nació en la aurora, buscó un trono donde arder, y halló tu puerto, Señora, y juró no envejecer. Orbe entero, de rodillas, besa tus mil maravillas. Tú eres el sol de los soles, el centro de cuanto existe, la cuna de los faroles, y el cielo, al verte, se viste. Cádiz tú prestas tu sal, tu

[ 150 ] Vengo del pueblo de los almendros blancos.

[ 150 ] Vengo del pueblo de los almendros blancos. Vengo del pueblo de los almendros blancos, donde el silencio también tiene sus manos, y te encontré sin buscar, sin querer, como se encuentra el agua con la sed. Tú no hablas de amor con palabras de oro, tú lo dices bajito, como quien guarda un tesoro, y yo, que he visto caer tantos veranos,

[ 149 ] Sobre el que no se queja.

Sobre el que no se queja. Yo no tengo tristeza, tengo camino. No llevo una lágrima: llevo conmigo la luz de un destino. Y si algo me acontece, si la noche se atreve a cruzarse en mis pasos, yo camino descalzo por senderos que nadie conoce, sin preguntarle al miedo por qué viene ni adónde. No soy quien se lamenta, aunque soy quien canta,

[148] La sentencia de la niebla.

[ 148 ] La sentencia de la niebla. Condenado soy, soy, soy, condenado y voy contento, a pasear de la mano con ella el mismo tormento. Que es pesada, ya lo sé, que es plasta, yo no lo niego, pero ella lleva mi mano ¡ay! como quien lleva fuego. La conozco mogollón, de toda la vida entera, y me lía en sus locuras como si el mundo esperara.

[147] A quien me dice.

A quien me dice. Lo dices como quien no quiere hacer ruido, tres letras nada más, son casi un secreto, pero las guardo como se guarda un fuego: Y lo hago muy despacio para que no se apague. No hacen falta discursos ni promesas grandes, tú lo resumes todo en un suspiro corto, y aun así yo siento que me abrazas entero, y que en esas tres

[ 146 ] Junto a un mar que no se moja.

Junto a un mar que no se moja. Villa botella, Villa Botella. Junto a un mar que no se moja tina Villa de cristal, con tejados de rocío y una fiel luna de sal. Nadie corre, nadie grita, todo va despacio allí: el reloj camina en puntas para nada interrumpir. Villa botella, Villa Botella. Una copla canta el viento entre grietas de un candil,

[ 145] Ley de la luz.

Ley de la Luz. Hay quien camina pisando el jardín, quien rompe el espejo por no verse ahí, quien miente despacio, con voz de metal, y llama mentira lo que es de cristal. Pero hay una ley que no escribe ni el tiempo, que vive en el pecho de quien no se vende, y aunque la apaguen, vuelve a encender: la luz no negocia con quien la quiere doblar.

[ 144 ] Piel de otro mundo.

[ 144 ] Piel de Otro Mundo. Floto en un cielo que no tiene nombre, mi cuerpo es agua, después es bronce, las manos crecen donde no hay distancia, y el tiempo se dobla como una infancia. Veo mil rostros dentro de uno solo, un ojo abierto donde nace el polo, la piel se vuelve mármol, luego humo, soy la pregunta y también soy el rumbo. Somos

[ 143 ] Las luces se encienden en la vieja ciudad.

[ 143 ] Las luces se encienden en la vieja ciudad el frío me cuenta una historia real buscando el camino que lleva hasta ti y el tiempo responde que sigo aquí. Y aunque hoy el viento sople fuerte sé que queda un poquito de calor. Espera a que salga el sol otra vez las nubes se irán, lo puedo creer hay luz en las grietas que deja el ayer.

[141] EN TIEMPO REGULAR.

[141] EN TIEMPO REGULAR. ¿En qué estación se te perdió el verano, Mar? ¿En qué techo dejaste la risa colgada? Te he visto florecer en enero, ¿cómo ahora te me vuelves callada? Dices que estás regular, Mar, como si regular fuera poco, como si no supiéramos los dos que lo regular también es un arcón roto. Pero Mar, lo regular no

[ 140 ] La espuma viene a devorar la orilla.

[ 140 ] La espuma viene a devorar la orilla. La espuma viene a devorar la orilla mientras mis pasos borra la corriente te busco en la penumbra más sencilla con un abrazo tibio y persistente. No importa que la furia se desate ni que el salitre muerda la garganta mi pecho tiene el ritmo de un combate que por tu calma siempre se levanta. Si

[ 139 ] Viento de verdad pendiente.

[ 139 ] Viento de verdad pendiente. Cae el diamante, cae de cristal, rompe el silencio del aire total, piedra de nube, piedra de luz, canta la furia que el cielo es austral. Vienen los vientos, se funden los dos, Norte y Sur cantan la misma voz, Este y Oeste se dan la mano, un solo aliento, un solo verano. Blanco relámpago sobre la piel,

[ 138 ] En mis sueños de golpe.

[ 138 ] En mis sueños de golpe, me atraes junto a ti, me abrazas fuerte fuerte, me hablas dulce al oído, y me cubres de besos. Y así, fundido en ti, al fin comprendo bien lo que es amar de veras, lo que es amor también. Siempre tendrás tu sitio, y serás bienvenida, en mis sueños ya tuyos, en mis sueños tu vida. José Pómez https://tinyurl.com/3smt2prx

[ 137 ] Y no paro de acordarme niña de coco y de huevo.

[ 137 ] Y no paro de acordarme niña de coco y de huevo. ¿Acordarme? ¡Ay! ¡Qué digo! Es una condena larga Estás viva en mi café, en mi siesta y en mi ducha. Porque allí abriste el grifo sin ninguna pena en banda como quien abre compuertas de una esclusa pasajera. Cepillo arriba y abajo, y mirada al infinito, tú tan tranquila pulías,

De San Diego a Manila.

[ 136 ] De San Diego a Manila. No puedo evitarlo. Hay un silencio que se rompe cuando miras, un idioma nuevo que mi pecho aprende solo. No fue decisión, fue como el viento entre las piedras, algo que se mueve sin tenerme en cuenta. He querido a veces no sentir tanto, guardar la voz, cerrar la puerta despacio. Pero vuelves siempre en cada

[ 135 ] Cetrería de piedra.

Fotografia: Daniel Corona. https://www.instagram.com/shivenis [ 135 ] Cetrería de piedra. Dos cernícalos velan sobre el muro dorado, guardianes silenciosos de un tiempo ya callado. Ella mira hacia el cielo, él vigila el confín, entre grietas y cera que llora sin fin. No hay reloj que los una más que el propio latir, dos alas, una piedra,

[ 134 ] Aeroplanos de papel.

[ 134] Aeroplanos de papel. Dobla el mundo entre sus dedos, pliega el cielo en un papel, y lo lanza sin miedo a estrellarse contra el sol. Toca un violín que no existe, con un arco que es de viento, y aunque nadie lo oiga, insiste: la música está en su intento. ¡Vuela, vuela, aeroplano! ¡Suena, suena, violín! Lo imposible está en su

[ 133 ] Al que calla.

[ 133 ] Al que calla. Tú, que nunca alzaste el brazo ni la voz, que dejaste la urna vacía como el pecho de una casa sin candil, hoy te canto, hoy te nombro mayoría dormida, ejército sin filas, pueblo que no ha sido pueblo todavía. ¡Avante! ¡Avante! Somos más de dos tercios. No es tuyo el silencio, te lo dieron. Cuenta las manos que

[ 131 ] Épica de cristal.

Épica de cristal. Desciende el granizo en tropel de diamantes, como lágrimas duras de un cielo iracundo, y en su danza de perlas y flecos resonantes anuncia la cólera primigenia del mundo. Viene el Bóreas armado de su lanza de escarcha, el Austro perfumado de rosas y de sal, y en el centro del aire, donde el trueno se ensancha, se abrazan

[129 ] El decir.

[ 129 ] El decir. No hablo solo por hablar, no es la lengua un simple sonar, cuando digo, hago aparecer, cuando nombro, funda el ser. El poeta no copia lo real, el poeta abre un lugar, antes del verso, silencio y nada, después del verso, el mundo se hace casa. No es adorno, no es señal, es la luz en lo esencial, el poeta dice y el mundo

[ 128 ] Lo que no se vende.

[ 128 ] Lo que no se vende. Hay un precio en cada esquina, todo se compra, dicen ya, pero hay algo que no se inclina ni se rinde ni se va. Es la voz que dice "no" cuando el mundo dice "sí", la verdad que no se dobla aunque duela estar aquí. Y no se vende, no se vende, lo que llevo por dentro, la mirada que no cede, el silencio que es mi

[ 127 ] A la españa que despierta.

[ 127 ] A la España que despierta. Yo vi la patria dormida bajo un cielo en bruma incierta, con la puerta entreabierta a una voz desconocida. ¿Dónde quedó aquel coraje que alzaba el pecho a la mar? Sólo veo naufragar sombras de vil personaje. Y los que hablan desde lo alto tejen redes de silencio, y el pueblo, en padecimiento, guarda

[ 126 ] Insensibilidad.

[ 1 2 6 ] Insensibilidad. Hoy, bajo una luz que ya no es luz sino herida que parpadea y se apaga, el alma se ha ido adelgazando hasta casi no ser. Ya no oímos el silencio que antes cantaba en las cosas; sólo queda el rumor sordo de nombres vacíos que se pierden en el aire sin memoria, y el ruido de los hombres que ahoga al hombre verdadero.

Ceuta, centinela.

[ 125 ] Ceuta, centinela. Ceuta, roca y farol sobre la mar que brama, ni el viento ni la duda apagarán tu llama; entre dos continentes, con la sal en la frente, vela tu nombre insomne la eternidad del puente. Ciudad de doce siglos, peñón sobre la mar, el faro no se apaga aunque se apague el mar. La niebla de la aurora te viene a despertar,

A la espesura que se aleja.

[ 124] A la espesura que se aleja de la urbe y su cemento, le robamos el contento con afán de moraleja. Del frescor que el roble deja solo queda un verso frío, un desdén al hondo brío de la leña y su calor; y el incendio, con furor, lo convierte en poderío. Ya no es taller ni despensa, sino idilio de poeta; mas la llama, tan secreta,

Retrato en blanco y negro.

Retrato en blanco y negro Hay un rostro que guardé en el cajón, en blanco y negro, con silencio y luz. Una marca pequeña junto a la boca, como señal perfecta de bondad. Miles de ojos pasaron sin mirar, miles de manos tocaron sin sentir. Pero tú estás allí, muy quietecita, esperando a que vuelva la razón. Qué dura es la gloria cuando

[ 122 ] No digas nunca mi nombre

[ 122 ] No digas nunca mi nombre, déjame ser sombra y ruta, la espina que no se quita, la mano que nunca fuma. Si el viento dobla el olivo y la torre se desploma, yo me quedo junto al muro como la piedra en la sombra. ¡Si se apaga el sol del mundo, yo encenderé mi costado! Bajo el hierro y el abismo, mi raíz te ha jurado. ¡Ni la muerte,

He vestido siglos con los ojos vendados.

He vestido siglos con los ojos vendados, no por ignorancia, sino por confianza. Creí que el peso de la balanza bastaría para enderezar el mundo. ¡Qué livianas resultaron las promesas! ¡Qué hábiles manos aprendieron a inclinar mis platos sin tocarlos! Me llaman cuando la herida ya florece, cuando el mármol ha olvidado ser montaña y

119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada.

[ 119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada. Cendal la venda, airada la mirada, ceñido el pecho de desnuda suerte, no pende de su mano la balanza, que el peso del dolor la tiene yerta. Del oro roto la cadena yerta y el ojo ciego que la ley no alcanza, mas no hay en su furor mudanza o calma, que el hierro enciende la dormida llama. Así, desnuda

[ 118 ] Los cuarenta ladrones.

Los cuarenta ladrones de las tierras más raras, sumados a los sesenta y un perrillos plumas de falda y de mantel, nos da ciento y un dálmatas, una historia sin duda muy enternecedora; pero quizá no tanto como siempre lo es Bambí. José Pómez https://tinyurl.com/3smt2prx ISBN: 9781008924512 https://spillwords.com/author/jose-pomez/?citationMarker=43dcd9a7-70db-4a1f-b0ae-981daa162054

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