Quédate, alma mia, un instante más.
Quédate, alma mía, un instante más. Las olas ya no cuentan sus espumas, ni el viento sus adioses de cristal, de orilla donde el mar no olvida el nombre. Deja que el tiempo, como un niño lento, juegue desnudo entre la arena y tú; que el oleaje olvide su lamento y la playa se vuelva sólo azul. Una caricia más, tal como el beso que la