Lo sabes, poesía

José Pómez

[ 139] En mis sueños de golpe.

[ 138 ] En mis sueños de golpe, me atraes junto a ti, me abrazas fuerte fuerte, me hablas dulce al oído, y me cubres de besos. Y así, fundido en ti, al fin comprendo bien lo que es amar de veras, lo que es amor también. Siempre tendrás tu sitio, y serás bienvenida, en mis sueños ya tuyos, en mis sueños tu vida. José Pómez https://tinyurl.com/3smt2prx

[ 137 ] Y no paro de acordarme niña de coco y de huevo.

[ 137 ] Y no paro de acordarme niña de coco y de huevo. ¿Acordarme? ¡Ay! ¡Qué digo! Es una condena larga Estás viva en mi café, en mi siesta y en mi ducha. Porque allí abriste el grifo sin ninguna pena en banda como quien abre compuertas de una esclusa pasajera. Cepillo arriba y abajo, y mirada al infinito, tú tan tranquila pulías,

De San Diego a Manila.

[ 136 ] De San Diego a Manila. No puedo evitarlo. Hay un silencio que se rompe cuando miras, un idioma nuevo que mi pecho aprende solo. No fue decisión, fue como el viento entre las piedras, algo que se mueve sin tenerme en cuenta. He querido a veces no sentir tanto, guardar la voz, cerrar la puerta despacio. Pero vuelves siempre en cada

[ 135 ] Cetrería de piedra.

Fotografia: Daniel Corona. https://www.instagram.com/shivenis [ 135 ] Cetrería de piedra. Dos cernícalos velan sobre el muro dorado, guardianes silenciosos de un tiempo ya callado. Ella mira hacia el cielo, él vigila el confín, entre grietas y cera que llora sin fin. No hay reloj que los una más que el propio latir, dos alas, una piedra,

[ 134 ] Aeroplanos de papel.

[ 134] Aeroplanos de papel. Dobla el mundo entre sus dedos, pliega el cielo en un papel, y lo lanza sin miedo a estrellarse contra el sol. Toca un violín que no existe, con un arco que es de viento, y aunque nadie lo oiga, insiste: la música está en su intento. ¡Vuela, vuela, aeroplano! ¡Suena, suena, violín! Lo imposible está en su

[ 133 ] Al que calla.

[ 133 ] Al que calla. Tú, que nunca alzaste el brazo ni la voz, que dejaste la urna vacía como el pecho de una casa sin candil, hoy te canto, hoy te nombro mayoría dormida, ejército sin filas, pueblo que no ha sido pueblo todavía. ¡Avante! ¡Avante! Somos más de dos tercios. No es tuyo el silencio, te lo dieron. Cuenta las manos que

[ 131 ] Épica de cristal.

Épica de cristal. Desciende el granizo en tropel de diamantes, como lágrimas duras de un cielo iracundo, y en su danza de perlas y flecos resonantes anuncia la cólera primigenia del mundo. Viene el Bóreas armado de su lanza de escarcha, el Austro perfumado de rosas y de sal, y en el centro del aire, donde el trueno se ensancha, se abrazan

[129 ] El decir.

[ 129 ] El decir. No hablo solo por hablar, no es la lengua un simple sonar, cuando digo, hago aparecer, cuando nombro, funda el ser. El poeta no copia lo real, el poeta abre un lugar, antes del verso, silencio y nada, después del verso, el mundo se hace casa. No es adorno, no es señal, es la luz en lo esencial, el poeta dice y el mundo

[ 128 ] Lo que no se vende.

[ 128 ] Lo que no se vende. Hay un precio en cada esquina, todo se compra, dicen ya, pero hay algo que no se inclina ni se rinde ni se va. Es la voz que dice "no" cuando el mundo dice "sí", la verdad que no se dobla aunque duela estar aquí. Y no se vende, no se vende, lo que llevo por dentro, la mirada que no cede, el silencio que es mi

[ 127 ] A la españa que despierta.

[ 127 ] A la España que despierta. Yo vi la patria dormida bajo un cielo en bruma incierta, con la puerta entreabierta a una voz desconocida. ¿Dónde quedó aquel coraje que alzaba el pecho a la mar? Sólo veo naufragar sombras de vil personaje. Y los que hablan desde lo alto tejen redes de silencio, y el pueblo, en padecimiento, guarda

[ 126 ] Insensibilidad.

[ 1 2 6 ] Insensibilidad. Hoy, bajo una luz que ya no es luz sino herida que parpadea y se apaga, el alma se ha ido adelgazando hasta casi no ser. Ya no oímos el silencio que antes cantaba en las cosas; sólo queda el rumor sordo de nombres vacíos que se pierden en el aire sin memoria, y el ruido de los hombres que ahoga al hombre verdadero.

Ceuta, centinela.

[ 125 ] Ceuta, centinela. Ceuta, roca y farol sobre la mar que brama, ni el viento ni la duda apagarán tu llama; entre dos continentes, con la sal en la frente, vela tu nombre insomne la eternidad del puente. Ciudad de doce siglos, peñón sobre la mar, el faro no se apaga aunque se apague el mar. La niebla de la aurora te viene a despertar,

A la espesura que se aleja.

[ 124] A la espesura que se aleja de la urbe y su cemento, le robamos el contento con afán de moraleja. Del frescor que el roble deja solo queda un verso frío, un desdén al hondo brío de la leña y su calor; y el incendio, con furor, lo convierte en poderío. Ya no es taller ni despensa, sino idilio de poeta; mas la llama, tan secreta,

Retrato en blanco y negro.

Retrato en blanco y negro Hay un rostro que guardé en el cajón, en blanco y negro, con silencio y luz. Una marca pequeña junto a la boca, como señal perfecta de bondad. Miles de ojos pasaron sin mirar, miles de manos tocaron sin sentir. Pero tú estás allí, muy quietecita, esperando a que vuelva la razón. Qué dura es la gloria cuando

[ 122 ] No digas nunca mi nombre

[ 122 ] No digas nunca mi nombre, déjame ser sombra y ruta, la espina que no se quita, la mano que nunca fuma. Si el viento dobla el olivo y la torre se desploma, yo me quedo junto al muro como la piedra en la sombra. ¡Si se apaga el sol del mundo, yo encenderé mi costado! Bajo el hierro y el abismo, mi raíz te ha jurado. ¡Ni la muerte,

He vestido siglos con los ojos vendados.

He vestido siglos con los ojos vendados, no por ignorancia, sino por confianza. Creí que el peso de la balanza bastaría para enderezar el mundo. ¡Qué livianas resultaron las promesas! ¡Qué hábiles manos aprendieron a inclinar mis platos sin tocarlos! Me llaman cuando la herida ya florece, cuando el mármol ha olvidado ser montaña y

119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada.

[ 119 ] Fresca y verde desnuda y cabreada. Cendal la venda, airada la mirada, ceñido el pecho de desnuda suerte, no pende de su mano la balanza, que el peso del dolor la tiene yerta. Del oro roto la cadena yerta y el ojo ciego que la ley no alcanza, mas no hay en su furor mudanza o calma, que el hierro enciende la dormida llama. Así, desnuda

[ 118 ] Los cuarenta ladrones.

Los cuarenta ladrones de las tierras más raras, sumados a los sesenta y un perrillos plumas de falda y de mantel, nos da ciento y un dálmatas, una historia sin duda muy enternecedora; pero quizá no tanto como siempre lo es Bambí. José Pómez https://tinyurl.com/3smt2prx ISBN: 9781008924512 https://spillwords.com/author/jose-pomez/?citationMarker=43dcd9a7-70db-4a1f-b0ae-981daa162054

Amar, amar, amar

Amar, amar, amar... Y cuando el alba rompa la negrura, quedará tu memoria en la corriente, como perfume fiel, limpio y ardiente, que nunca envejece ni se apura. ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay! Será la luz más honda y más segura, la que no hiere, la que alumbra y siente; la que convierte el polvo humildemente en una eternidad de flor madura.

No hubo combate de metal ni acero.

No hubo combate de metal ni acero, ni estandartes de vana algarabía; tu sola gracia desarmó el sombrío orgullo antiguo del dolor severo. Venciste con la paz, noble lucero; con una flor ceñida todavía, hiciste de la sombra melodía y del destino un cauce verdadero. Quien mira así no vuelve siendo el mismo: lleva una luna viva entre las

Lámpara de luna.

Lámpara de luna. La luna alzó su cáliz de diamante, sobre un jardín de bruma silenciosa; velaba, fiel centinela, la lámpara luminosa de un sueño palpitante. Callaba el aire, puro caminante, con la humildad del agua sigilosa; y abrió la noche su secreta rosa bajo el cristal del cielo rutilante. Entonces fue tu imagen encendida, flor

La reina de espadas se cansó

La reina de espadas se cansó, arrojó sus cartas al mar, el verdugo perdió su número, ahora está trabajando gratis. Tu mujer dejó una nota diciendo: Me quedo después de todo, el tren que debería haberte matado acaba de silbar por el pasillo. Vi a Moisés bajar su bastón, dijo: el mar puede permanecer separado. Lo opuesto a lo fatal

Parte de novedades: ¡Hoy se ha caído un diente!

Parte de Novedades: ¡Hoy se ha caído un diente! Atención, atención, vecinos del jardín, se reporta un suceso justo allí en el jardín: un diente pequeñito, blanquito y peleón, por la mañana ha caído ¡sin ninguna razón! Este diente viajero no llegó hasta Asturias, quedó por el camino y cuenta su aventura. Testigos: Esa lengua

Fundirme en ti.

Fundirme en ti. Fundir el alma mezcla obsesión y la mirada. Rebozaría de tinta y nieve cuenco de barro que aún conserva calor de manos esmalte y grieta que cubre y vela con la metáfora. Queda el amor y no es la luna tan reflejada en río y su agua, sino la sed que talla el cuenco marca al beber, la huella del asa, cruce de olas, y temblor

Macetero marchito.

Macetero marchito. Macetero de sombras, vendes jardines que nunca florecen, promesas verdes en bolsas de olvido, raíces huecas que el viento deshace. Te crees tierra fértil, pero solo eres polvo que mancha la mano, flores de plástico bajo luna fría, un paraíso que se pudre al amanecer. Solo estás echando tierra. flor falsa, alegría

Las formas y el asombro.

Las formas y el asombro. Es fascinante, digo, y lo repito, buscar el sentido oculto en la madera, en la piedra que calla su delito, en la sombra que baila y no se altera. Las formas nos hablan sin palabra, en curva de vasija, en trazo fino, la mano antigua que la tierra labra deja su huella como último destino. Y así el hombre recorre el

Luz que no pide.

Luz que no pide. No te llamo, porque tu nombre ya florece, silencioso, en la rama más alta de mi pecho. Eres esa claridad que no necesita el alba para ser día. Nunca he querido poseer la rosa; me basta saber que su perfume atraviesa el jardín del mundo y llega, sin saberlo, hasta mi respiración. Así te quiero. Como quiere el agua la luna

Sobre los escombros.

Sobre los escombros. Hay días en que la palabra llega tarde. No porque haya olvidado el camino, sino porque el polvo habla primero. Cada piedra caída pronuncia el nombre que ya nadie responde. Cada ventana rota sigue mirando un horizonte que no entiende de ruinas. Entonces la poesía se queda quieta. No renuncia. Aprende el oficio del silencio.

No busques marcos para lo que vive.

No busques marcos para lo que vive, ni le des nombre a lo que es libertad; el río fluye y el cauce lo mide, pero el cauce es esclavo de la claridad. Deja que el asombro sea tu guía, que no hay respuesta que valga el sentir; hay una paz que en el alma se cría cuando renuncia, por fin, a medir. Que el viento escriba lo que el verbo calla,

Mira como te mira esquiva la buganvilla.

Mira como te mira esquiva la buganvilla. Aquel que sube altivo como vid de buganvilla, que tiñe el muro de púrpura y carmín ardiente, creyendo que su fuego es eterno y reluciente, sin raíz firme en tierra humilde y sencilla; alza su pompa al cielo, y en la cumbre brilla, mas sin apoyo ajeno su tallo se resiente; las espinas ocultas hieren

La curva del silencio.

La curva del silencio. La ciudad no ha perdido la memoria. La lleva, como estas fachadas de cal que sostienen el sol sin preguntar de quién es la mañana. La piedra conoce lo que los hombres olvidan. He visto una calle doblarse sobre sí misma como un pensamiento antiguo, y en aquella curva el tiempo parecía haber dejado su bastón contra

Si no te lo explicas, no te lo expliques.

Si no te lo explicas, no te lo expliques. Cuando en la sombra de tu pensamiento surja una luz que no puedas prender, déjala arder en su callado aliento, sin preguntarle por qué quiere arder. Hay en el alma jardines secretos que no conoce la voz ni la ley; brotan sus flores en hondos quietismos, mueren sin nombre y perfuman también. ¿Por

Al tirititero del río al atardecer.

Al Titiritero del río al atardecer. En esta hora en que el Guadalquivir o el Manzanares se tiñen del mismo cobre que el Sena, camina un hombre blanco de rostro, negro de traje, con los hilos del mundo entre los dedos enguantados. No es París, hermano, es España la que tiembla bajo sus zapatos. Es Madrid con olor a bocadillo de calamares

La entrega.

La entrega. Si me amas tanto como yo a ti, Siento que por fin todo tiene sentido. Tenía que confesarte lo que dicta mi corazón. Hola, mi vida, hola, mi vida Hola, mi vida, no dejemos de sentir Hola, mi vida, no dejemos de sentir. Eres la única mujer en este mundo con la que quiero despertar cada día, Chica, te elegiría mil veces más,

LA CAÍDA.

LA CAÍDA. Respirar duele ahh... duele. Todo parecía perdido. Y el miedo gritaba tu sombra. ¡Gritaba! yeah perdido. ¡Vamos! Pero algo arde dentro. Rompes el suelo al levantarte. ¡Rompes! ¡wuh! fuego ¡uhh! Cada cicatriz es un paso paso a paso, yeah ¡LEVÁNTATE! ¡Arriba! ¡Dale! ¡Uah! ¡wooh! ¡corre! Eres fuego. ¡Fuego! Eres guerra

La verdad.

La verdad. Fue quedándose de agua y de ceniza. Nadie llamó su nombre. La tarde, que sabía el sitio de sus manos, entró despacio, como una luz cansada entre los visillos. No hubo rumor de pasos, ni una voz que acudiera a recoger del aire la rosa última de su pensamiento. Sólo el reloj, con su pequeño corazón de sombra, contó las hojas

Tridentes de Marte.

Tridentes de Marte. Bajo el polvo de Aonia, donde el hielo nunca muere, esas bestias de metal despertaron a la vez. Con un rugir de fisión, rompen la cripta marciana, lanzas de guerra hacia el vacío, sed de gravedad humana. Las grietas del subsuelo son costillas del planeta, y cada tridente escupe fuego que a Fobos enfrenta. No hay mal que

Dime…

Dime... Dónde está. Dime... Que no se dónde está. Quizá pueda pensar... Mas no comprendo ni el tiempo, ni el lugar. Vuelve donde estaba. La llave ya la entregué con total confianza. José Pómez http://pomez.net http://pomez.es https://tinyurl.com/3smt2prx ISBN: 9781008924512 https://spillwords.com/author/jose-pomez/?citationMarker=43dcd9a7-70db-4a1f-b0ae-981daa162054

Uno más.

Uno más. Me desperté con el silencio, donde solía sonar tu voz. El café se está enfriando, otro día normal. Tu lado de la cama todavía recuerda cómo te reías. Ahora el reloj sigue corriendo, pero no conoce la mitad. He estado caminando por estas calles como un hombre sin tiempo. Llevando tu memoria como una moneda de diez céntimos

Mira bien mi jugada.

Mira bien mi jugada, tres ases en la mano. Tres reinas me acompañan, bienvenidos al lado. Tú miras mi sonrisa, yo te leo la intención. Si dudas en la apuesta, se te cae la decisión. No mires tus cartas, mírame a mí. Si subes la apuesta, te hago decir que sí. Tres ases, tres reinas, voy a ganar así. Tres ases, tres reinas, la mesa es

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