
En la curva del cuello.
Alba dicha al oído
no sabes cómo era el alba
cuando pensaba en tu venida.
Los árboles tenían sueño
y el aire apenas respiraba,
como si el mundo, entre sus hojas,
tu nombre solo pronunciara.
La luna estaba entre las nubes
como una rosa amortajada,
mirando el borde de la tierra
con una tristeza callada.
Parecía que el cielo entero
por verte un poco se inclinaba.
Y el mar, que siempre rompe espejos
con su impaciencia de agua amarga,
se quedó quieto aquella hora
como una mano enamorada.
Ni una ola quiso moverse
por no romper lo que soñaba.
Lejos, la línea de la ciudad
seca, sin forma, desdibujada,
era un carbón sobre la niebla,
una ceniza levantada,
como un recuerdo que aún no sabe
si nace o muere en la distancia.
Los cerezos abrieron lento
su sangre blanca y sonrosada,
y fueron cayendo los pétalos
sobre la tierra ensimismada
igual que pequeñas cartas
que el amanecer te enviaba.
Yo quise guardarte ese instante
dentro del hueco de mi palma,
pero tu nombre, tan despacio,
me lo llenó de luz callada,
y comprendí que aquella aurora
no era del cielo: era tu cara.
Porque jamás vi tanta calma
ni en la mar ni en la madrugada,
y supe entonces que el silencio
también aprende a enamorarse
cuando una mujer, sin saberlo,
empieza a habitar en el alba.
José Pómez
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ISBN: 9781008924512
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