En la penumbra de un reloj de arena.
En la penumbra de un reloj de arena. En la penumbra de un reloj de arena que sangra horas como sangre de toro, los ladrones de luna almendra y coro de azúcar, se deshacen en la mano. Crujen apenas, como huesos de santo que el tiempo muerde con su diente de oro, y en la boca se vuelven más sonoro, ceniza dulce de un diciembre santo. ¡Ay,