Amar, amar, amar
Amar, amar, amar... Y cuando el alba rompa la negrura, quedará tu memoria en la corriente, como perfume fiel, limpio y ardiente, que nunca envejece ni se apura. ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay! Será la luz más honda y más segura, la que no hiere, la que alumbra y siente; la que convierte el polvo humildemente en una eternidad de flor madura.