Con las tardes de sal y de luz rota.
Con las tardes de sal y de luz rota que el mar devuelve a Cádiz como un regalo, tú llegas con el paso de quien no necesita puerta, trayendo en la piel ese olor a jazmín recién abierto y a pan que alguien hornea muy temprano para que el mundo tenga un corazón caliente. Y yo, que ya no espero nada, abro de pronto los postigos del pecho