El interior espera
la voz de fuera
llegara con el tiempo
por los cimientos.
Sí existe una raqueta
ya en otro sitio
recubierta de fuego
por milenaria.
Del color del lamento
y del desierto
no está identificada
su propiedad.
Es idéntica a otras
almohadas planas
frente a la fuente alegre
de luz que aprende.
Abierta la subasta
vertiginosa
de la clivia madura
de los encuentros.
Guardando los viajes
en las maletas
de la leyenda incierta
rompen resortes.
Se cobraron pedazos
del sueño roto
desestabilizando
ronquidos mudos.
Al la marcha al instante
se intercambiaron
maderas cálidas
que manchan las manos.
Con centella del agua
de los aportes
su alejandrino precio
crea la paloma.
Rompe abismo secreto
con la ternura
discreta y calladita
del aire eterno.
Sin las tinieblas nuevas
bajando en noche
las valerosas manos
secan el viento.
Con millares de signos
voluntariosos
asustando el destino
se hace esta vida.
Sonido de las hojas
mas impaciente
invisible a los ojos
llenan los ríos.
Del piano coherente
de los esclavos
al derecho imperfecto
del horizonte.
José Pómez
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