De repente te veo
esperando por ti
corriste tan deprisa
que hasta te adelantaste
a tu piel y a tu canto.
Mientras tanto en la sombra
el dueño del castillo
con la pala en la mano
va preparando el foso
de alojar cocodrilo.
La esperanza trabaja
muchísimo tal como
ha trabajado siempre
detrás de los respaldos
donde nadie la ve.
Al poco te encontraste
cuando tú te alcanzabas
allí tan bien parada
como una foto fija
que sueña con estrella.
La tarde despedida
defiende las murallas
con madera y mejora
las renuncias del tiempo
entre emoción y alarma.
La incongruencia visita
los espacios en blanco
taponando una herida
que engaña a la herramienta
con pena compartida.
José Pómez
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