Era una protesta gráfica, era demostrar que no tenemos miedo. Estoy seguro de que a todos y cada uno de los asistentes les hubiera gustado poner el chorizo en la puerta de UGT, después de haber gritado ‘chorizos’, ‘ladrones’ y chupópteros’ por las calles de Madrid, pero me ha tocado a mí en representación de todos y estoy sumamente contento.
He de reconocer que, por ese factor de exorcizar el miedo nacional a estos sindicatos que expolian a los trabajadores, me ha dado mucho más placer depositar el chorizo en la puerta de UGT que en la de la CEOE, aunque en la patronal era igualmente merecido el símbolo.
Se trataba de mostrar que la sociedad civil está harta de esas patrañas de los agentes sociales, que, en realidad, no son otra cosa que parásitos sociales. Que sabemos que nos están chupando la sangre y expoliándonos el dinero.
Gracias a todo por la asistencia, por el coraje, por el cariño. Gracias especiales a cuantos habéis venido de fuera. Ya vamos formando un grupo compacto, ya nos vamos conociendo de las movilizaciones, ya hay un flujo de fraternidad interna forjado en la lucha en esta España a la que la casta parasitaria –y los parásitos fiscales- está llevando a la ruina.
Os aseguro que ha sido un momento emocionante –y quiero compartirlo con todos vosotros- cuando he colgado de la puerta de UGT el exquisito chorizo picante de León.
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