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Van a intentar llevárselo crudo.
Y el drama para España es que el socialista Sánchez está a cuatro patas y dispuesto a entregarles lo que sea, para que le dejen seguir unos meses en La Moncloa.
La política española vive días de vértigo.
A fecha de 20 de julio de 2025, el Gobierno del marido de Begoña atraviesa su periodo más convulso, marcado por una mezcla explosiva de escándalos, cesiones apresuradas y una mayoría parlamentaria que amenaza con descomponerse en cualquier momento.
Si algo define el momento es el nerviosismo casi histérico de los socios del presidente, que se lanzan a exprimir hasta la última gota del “tiempo que quede” antes del previsible derrumbe del PSOE.
En los pasillos del Congreso nadie oculta ya que la figura de Sánchez inspira más recelo que confianza, incluso entre quienes le han sostenido hasta ahora.
Como bromean algunos diputados, “ya nadie se fía de esta panda”, en alusión a las últimas polémicas y la caída en picado de su crédito político.
Y lógicamente, lejos de buscar estabilidad, sus socios parecen decididos a maximizar beneficios antes del probable naufragio socialista.
Rufián marca el paso: “aprovechar antes del desplome”
El diputado Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana, lo resume sin tapujos: “hay que conseguir el mayor número de cesiones antes de que se desplome del todo el PSOE”. El independentismo catalán y vasco sabe que la debilidad socialista es su mejor baza para arrancar concesiones en materias tan sensibles como financiación autonómica, competencias judiciales o amnistías parciales. El Gobierno, acorralado por la necesidad aritmética y los escándalos internos, está dispuesto a ceder en cuestiones impensables hace apenas un año.
El reparto frenético de favores tiene su lógica interna: nadie quiere quedarse sin su parte si la legislatura salta por los aires. Se suceden reuniones discretas y negociaciones maratonianas mientras el equipo más próximo a Sánchez trabaja contra reloj para satisfacer exigencias y evitar deserciones en votaciones clave. La consigna es clara: hay que mantener la mayoría como sea hasta 2027, aunque sea a costa de hipotecar decisiones futuras o agravar la sensación de “fin de ciclo” que ya flota en el ambiente.
Una legislatura corrupta y decadente
La presión no solo viene de fuera. El propio PSOE afronta una crisis interna sin precedentes, con el caso Santos Cerdán —exsecretario de Organización socialista— como epicentro del último terremoto político. La investigación sobre corrupción ha salpicado a figuras próximas al presidente y ha provocado un éxodo silencioso entre cargos medios que temen quedar atrapados en futuras purgas judiciales o mediáticas.
No es casualidad que hasta Sumar haya decidido marcar distancias con sus socios socialistas, exigiendo medidas anticorrupción “claramente insuficientes” según Pablo Bustinduy. La reciente dimisión forzada de Cerdán y la sombra alargada del caso Koldo han convertido la legislatura en una secuencia continua de sobresaltos y titulares demoledores. Se habla abiertamente en los medios y entre analistas políticos de una legislatura “corrupta y decadente”, donde la ausencia de escrúpulos políticos es ya moneda corriente.
La respuesta oficial llega bajo la forma de un paquete anticorrupción presentado por Sánchez para cohesionar a una mayoría cada vez más exigente. El Gobierno asegura haber diseñado medidas “potentes” para situar a España en la vanguardia europea frente a la corrupción, aunque pocos dentro y fuera del hemiciclo creen que sirvan para cambiar una dinámica ya enquistada.
Feijóo: dos años con las maletas hechas para entrar en la Moncloa
Mientras tanto, en la otra orilla política se respira un ambiente diametralmente opuesto. Alberto Núñez Feijóo acaba de ser reelegido líder del Partido Popular con un apoyo casi soviético —el 99% de los votos— y ha logrado consolidar una imagen de unidad férrea frente al desconcierto socialista. En las filas populares no hay espacio para dudas ni debates internos: todos cierran filas con el objetivo declarado de “sacar a España de la oscuridad” y devolverla a una senda reformista.
Feijóo lleva dos años —literalmente— con las maletas listas para entrar en La Moncloa. Su estrategia es clara: presentarse como alternativa centrada y fiable ante una ciudadanía harta del ruido institucional y los sobresaltos judiciales. El PP ha iniciado una OPA hostil sobre el centro izquierda, captando votantes desencantados con el PSOE e incluso lanzando guiños calculados a antiguos aliados socialistas.
El reciente congreso nacional ha reforzado este enfoque, con discursos plagados de referencias a la “decencia”, la “ilusión” y la promesa —casi bíblica— de arrasar electoralmente cuando llegue el momento oportuno. La sensación generalizada es que Feijóo solo espera un último tropiezo socialista para dar el salto definitivo.
Entre bastidores: miedos cruzados y facturas pendientes
El telón político español parece estar a punto de bajar sobre uno de los actos más accidentados desde la Transición. Los temores personales del propio Sánchez —que ve cómo su círculo se estrecha— empujan aún más al presidente hacia acuerdos arriesgados para mantenerse al frente hasta 2027. Pero incluso entre sus propios fieles cunde el miedo a pagar un alto precio por tanta improvisación legislativa.
Algunos analistas ironizan sobre las agendas apretadas en Moncloa: dicen que allí ya no se reparte café sino ansiolíticos; otros apuntan al creciente uso del término “legislatura zombi” para definir estos últimos meses plagados de gestos desesperados.
Para quienes gustan de curiosidades políticas:
- El récord histórico reciente lo ostenta esta legislatura como la más breve en aprobar grandes paquetes legislativos bajo presión externa.
- En los mentideros parlamentarios circula una apuesta sobre cuántas veces más Gabriel Rufián logrará doblar el brazo al Gobierno antes del final.
- Mientras tanto, Núñez Feijóo ha batido también récords internos: ningún líder popular había reunido tanto apoyo interno desde tiempos pre-Aznar.
Lo único claro es que España vive uno de esos momentos donde todo parece posible… salvo la estabilidad.
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