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CUANDO LLEGAN LAS ÓRDENES DE LA MONCLOA

¡Hágaselo mirar Majestad!… Hasta Eduardo Inda tira de las orejas a Felipe VI por tibio y diletante

La Monarquía, que desde 1975 ha dado por garantizado el respaldo ciego del centroderecha español, navega entre posturas contradictorias

Mario Lima 18 Ene 2026 - 09:57 CET
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La Monarquía española, desde 1975 cuando Franco se murió en la cama de un hospital público que él había hecho construir, pisa cada vez más arenas movedizas.

Ha dado siempre la Casa Real por garantizado el respaldo ciego de la derecha española y se ha dedicado, sin disimulo, a cortejar a la izquierda.

Y eso ha terminado generando hartazgos y visibles enfados.

Hay una creciente desazón en sectores que hasta ahora eran incondicionales.

No solo entre votantes de VOX, sino también entre periodistas e intelectuales no adictos al Régimen Sanchista, que cuestionan la permanente y creciente tendencia de Felipe VI y su entorno a cortejar a progres y agradar al Gobierno Frankenstein.

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, lo ha repetido en múltiples ocasiones: la Casa Real —limitada constitucionalmente, sí, pero con una enorme responsabilidad simbólica— debe adoptar gestos, actitudes o formas más firmes en asuntos clave, especialmente frente a quienes amenazan la unidad de España, nuestra democracia o la convivencia.

Para Rojo, ciertos episodios recientes son inaceptables: no haber felicitado a María Corina Machado tras su reconocimiento internacional por su lucha contra la dictadura venezolana; sonreír como un lelo al recibir al condenado fiscal general de Sánchez, o no citar siquiera la palabra corrupción en su discurso de Navidad, pese a los escándalos, puteríos y mangancias que corroen de arriba a abajo al PSOE y al Ejecutivo socialcomunista.

Estos silencios y tibiezas, a su juicio, no son de recibo y erosionan la confianza de quienes ven en la Monarquía una institución vital para la Nación y la unidad de la Patria.

Lejos de marcar distancias claras con las derivas autoritarias o los ataques a la separación de poderes, se percibe un alineamiento excesivo con el discurso que emana de La Moncloa.

En todo, desde la relación con el viejo rey Juan Carlos a la dictadura chavista, pasando por la Agenda 2030 o el propio Donald Trump.

Llueve sobre mojado.

Hace más de un año, Alfonso Rojo afirmó en el debate de ‘El pentagrama’ de Periodista Digital, a propósito de la ilegal Ley de Amnistía:

«Imagino que estas horas sigue Felipe VI tragándose una a una las palabras del memorable discurso que pronunció el 3 de octubre de 2017, porque dentro de dos semanas —por imperativo legal y como un cordero— sancionará con su firma el bodrio legal con el que Sánchez compra los 7 votos de Junts, que le permiten seguir durmiendo en La Moncloa. No es el Rey el único que traga quina…»

Hace unos días Rojo dedicó su sermón cotidiano a las tibias palabras del Rey sobre los torturados presos políticos del régimen chavista.

Con ironía mordaz, escribió algo así:

«Majestad… retenido es lo que nos pasa en Valdemarín cuando vamos en coche y resulta que usted sale en comitiva por el Camino de la Zarzuela… y dura un minuto».

Estas frases ilustran una creciente frustración: se percibe una Monarquía que, en lugar de usar los gestos para marcar distancias claras con las derivas del Gobierno, opta diletante por una neutralidad pastueña, que muchos interpretan como complicidad pasiva, además de resignación constitucional.

El contraste entre el discurso firme del 3-O de 2017 —que frenó el procés separtatista catalán— alimenta esta sensación de que la Corona traga quina en silencio, erosionando el respaldo incondicional que históricamente ha tenido en la derecha española.

Las últimas intervenciones del Monarca, como subraya hoy en OKDiario el periodista Eduardo Inda, claman al cielo.

Les damos sólo los párrafos finales de la columna Así no, Majestad, que son los relevantes y no tienen desperdicio:

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