Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, soñaba con revivir un frente popular al estilo de 1936.
Su objetivo era reunir a nacionalistas, independentistas y progresistas para detener el avance de PP y Vox, que según las encuestas podrían alcanzar los 200 escaños.
Sin embargo, este experimento ha tenido una efímera vida: ha estallado antes de despegar.
Después de los resultados electorales en Aragón, donde Vox creció notablemente, Rufián intensificó su llamado en las redes sociales. «Lo que viene no se para con siglas, se para con pueblos», tuiteó, pidiendo «más cabeza y menos pureza».
Afirmó que el fascismo no entiende de fronteras partidistas y se preguntó: «¿De qué sirve llegar al Congreso con 2, 3 o 4 diputados más si el Ministro del Interior va a ser Abascal?». S
u propuesta, defendida desde julio, pretendía crear un espacio plurinacional con fuerzas soberanistas a la izquierda del PSOE.
No obstante, la respuesta ha sido unánime en sentido negativo. Izquierda Unida ya ha manifestado que la ciudadanía está «harta de las telenovelas de la izquierda» y que no participará.
Por su parte, Podemos, Sumar, EH Bildu, BNG, Más Madrid, Compromís e incluso su propio partido, ERC, han desestimado la iniciativa. Antonio Maíllo, representante de IU, dejó claro que no apoyaría al republicano catalán. En ERC, tanto Oriol Junqueras como la dirección han mostrado su oposición: «Se estrellará. Nadie lo apoya», aseguran fuentes cercanas.
Rufián comenzó una gira con actos programados junto a figuras como Emilio Delgado de Más Madrid en Madrid y otro con Oskar Matute de Bildu. Sin embargo, Arnaldo Otegi ha desechado el plan, priorizando una alianza con el PNV bajo el lema «país frente a partido». Desde Bildu, insisten en su proyecto vasco sin diluirse en un frente español. En ERC, únicamente Joan Tardà, mentor de Rufián, lo respalda, aunque su influencia es limitada. La ejecutiva retó a Rufián a llevarlo al Consejo Nacional: «A ver qué apoyo consigue».
Rechazos en cascada y divisiones internas
La izquierda fragmentada no se deja convencer por el argumento presentado. Rufián lleva sondeando desde verano a grupos como Bildu, Compromís, BNG o Adelante Andalucía, pero sin éxito alguno. La diputada Tania Sánchez ha expresado sus dudas sobre la eficacia de esta gira: «Es difícil de entender». En ERC hay temor a perder identidad tras haber recuperado terreno en las encuestas catalanas, donde se perfilan como la segunda fuerza tras el PSC.
Pedro Sánchez, líder del PSOE, podría plantearse una versión propia del frente popular, pero solo si le beneficia políticamente. Por ahora, Rufián avanza solo: «Giras hacen los Rolling Stones. Yo solo voy a hablar con quien me llame». Su apuesta se quiebra después de Aragón, donde criticó a Vox por presentar un plan de vivienda en un hotel cinco estrellas en Zaragoza: «¿Qué mejor manera? A 250 euros la noche», ironizó al compararlos con «insecticida diciéndole a las moscas que la culpa es de los mosquitos».
Las consecuencias son evidentes. Sin unidad entre ellos, la izquierda pierde fuerza ante el bloque conservador. Aunque Rufián cuenta con un millón de seguidores en X y genera ruido mediático, eso no se traduce en votos. Este proyecto efímero deja al portavoz como un mirlo blanco que no logra cuajar.
Rufián mantiene su popularidad: su aparición en ‘El Hormiguero’ compitió con Broncano. Curiosamente, hace unos años bromeaba sobre políticos que afirman que los medios críticos «no son prensa de verdad». Ahora sus tuits acumulan 500 comentarios entre detractores recordándole su sueldo y seguidores pidiendo cortar «alas a los fascistas». Y mientras tanto, en Booking el hotel de Vox aparece por 100 euros: los aragoneses siguen siendo hospitalarios incluso con la ultraderecha.
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