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Félix Bolaños declaró públicamente que ni él ni nadie del PSOE había contactado con Víctor de Aldama o su entorno.
Era una afirmación rotunda, sin matices, del ministro de la Presidencia en nombre del Gobierno y del partido.
El periodista Alejandro Entrambasaguas ha publicado en El Debate los registros telefónicos que la destruyen: 19 comunicaciones desde números asociados al PSOE al portavoz de Aldama, Ramón Bermejo.
Doce desde el Congreso de los Diputados. Siete desde Ferraz, la sede central del partido. Y entre los interlocutores: Cristina Narbona, presidenta del PSOE.
19 llamadas no son un accidente burocrático. No son una confusión administrativa.
Son una operación deliberada para gestionar el daño político del caso Koldo mientras el Gobierno negaba públicamente cualquier contacto con el empresario central de esa trama.
Narbona: la última en caer, no la última en saber
Cristina Narbona había conseguido hasta ahora mantener una imagen relativamente alejada de la corrupción que salpica a su partido. Es la presidenta orgánica del PSOE, la figura institucional más visible tras la dimisión de Santos Cerdán. Su perfil, asociado al ecologismo y a la moderación, la había mantenido a una distancia prudencial del barro.
Esa distancia ya no existe.
Según el relato de Bermejo, las conversaciones con Narbona tuvieron varias fases: recepción de información sobre el alcance real del caso Koldo, petición de «esperar instrucciones» desde Ferraz y propuestas para mitigar o controlar las revelaciones del empresario. Entre esas propuestas aparecen lo que Bermejo describe como «prebendas», que irían más allá del dinero e incluirían posibles cargos o posiciones políticas futuras a cambio de moderar las declaraciones de Aldama.
Si eso se confirma, la presidenta del PSOE no estaba gestionando una crisis de comunicación. Estaba participando en un intento de comprar silencio.
El mapa de quién sabía qué
Lo que las 19 llamadas revelan no es solo que Bolaños mintió, aunque eso ya es suficientemente grave para el ministro que gestiona las relaciones del Gobierno con el Congreso y que hizo esa afirmación ante los medios con toda la autoridad de su cargo.
Lo que revelan es que la estructura completa del PSOE estaba al tanto de lo que Aldama podía contar y actuó de forma coordinada para contenerlo:
Moncloa sabía. Las llamadas desde líneas asociadas a Presidencia del Gobierno que El Debate documentó en una investigación anterior confirman que el entorno del presidente estaba al tanto.
Ferraz sabía. Siete llamadas desde la sede central del partido a quien representa a un empresario que declara haber llevado dinero en mochila al Ministerio de Transportes y al domicilio de Ábalos.
El Congreso sabía. Doce llamadas desde las instalaciones del hemiciclo al mismo portavoz.
Narbona sabía. La presidenta orgánica del partido participó personalmente en las gestiones para controlar el relato.
No es un caso de un ministro que actuó por su cuenta. No es un caso de un asesor que se desmandó. Es un partido que desde su cúpula hasta sus estructuras parlamentarias e institucionales actuó de forma coordinada para intentar silenciar o controlar al testigo que más daño podía hacerle.
El cuadro completo de la corrupción socialista
Las 19 llamadas no ocurren en el vacío. Ocurren en el contexto de la acumulación de frentes judiciales más grave que ningún gobierno español ha afrontado en la democracia.
Aldama declaró ante el Supremo que Sánchez era el escalafón uno de la organización, que lo agradeció personalmente en el teatro La Latina en 2019 diciéndole «sé lo que estás haciendo», que llevaba dinero en mochila al Ministerio y al domicilio de Ábalos. Ábalos está en prisión preventiva esperando sentencia con petición de 24 años. Koldo admitió las «chistorras», los billetes de 500 euros recogidos en sobres en Ferraz. La Audiencia Nacional investiga la financiación ilegal del PSOE con 1,5 millones en donaciones cuyo origen no ha sido explicado.
Begoña Gómez, esposa del presidente, está procesada. David Sánchez, hermano del presidente, enfrenta cargos por tráfico de influencias. El número tres de Montero en Hacienda tenía una caja fuerte en la barbacoa. El ex fiscal general García Ortiz fue condenado por revelación de secretos.
Y ahora la presidenta del PSOE aparece en los registros telefónicos intentando controlar al empresario que puede hundirlos a todos.
Santos Cerdán dimitió. Ábalos está en la cárcel. Narbona gestionaba el silencio de Aldama. Bolaños mentía ante los medios. Y Sánchez sigue en La Moncloa.
El PSOE que prometió desterrar las viejas prácticas lleva años demostrando que las ha perfeccionado. Las 19 llamadas son la prueba de que cuando la corrupción amenaza con salir a la luz, todos saben, todos actúan y nadie, hasta que los registros telefónicos aparecen, dice nada.
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