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Es una de las bodas del año. Marta Ortega, hija de Amancio Ortega, el séptimo empresario más rico del mundo según la revista Forbes, dará el sí quiero el 18 de febrero al jinete asturiano Sergio Álvarez en la localidad coruñesa de Anceis.
Marta Ortega comenzará dentro de poco su propia aventura personal y en unos años la compaginará con su proyecto profesional, ya que algún día heredará el imperio de su padre, centrado hoy en dos grandes negocios: la moda y el ladrillo.
El empresario gallego era un gran desconocido hasta que Inditex salió a Bolsa en 2001, aunque muchos ignoran que es el inversor privado español que más metros cuadrados tiene en su cartera inmobiliaria, centrada principalmente en España, donde se le conoce como El rey de la Castellana.
En los últimos años también ha tomado posiciones en el exterior con edificios prime. Según consultores del sector, Ortega se embolsa alrededor de 200.000 euros al día por la renta de sus edificios.
A su cartera inmobiliaria le faltaba un rascacielos y en 2011 cumplió su sueño. En 2007, estuvo cerca de tener una de las cuatro torres que dibujan el nuevo skyline de Madrid, pero finalmente Caja Madrid le arrebató la Torre Repsol por 815 millones.
Sin embargo, nada se le resiste a este empresario gallego y ha tardado sólo cuatro años en tener su torre. Ha sido una jugada maestra, como todo lo que lleva su sello, aprovechando la crisis y sobre todo la necesidad de algunas empresas de hacer caja, la oportunidad le ha venido de la mano de la constructora FCC, controlada por Esther Koplowitz, con la venta de Torre Picasso.
Es un inmueble emblemático en pleno corazón del centro de negocios de la capital, por el que ha pagado menos de la mitad (400 millones) de lo que costaba la torre en 2007, antes de la crisis, cuando fue tasada en 850 millones.
Sólo en rentas, su anterior propietario ingresaba cerca de 25 millones de euros al año. Un negocio redondo, tan redondo como el imperio que ha creado en torno a su marca textil Zara, que ha revolucionado el mundo de la moda metiéndose en el bolsillo a millones de mujeres.
Una marca que ha dado la vuelta al mundo y que le ha posicionado en el séptimo puesto del ranking de la revista Forbes de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna superior a los 25.000 millones de euros. Ortega ha ido tejiendo ese capital poco a poco cada año, cuidándose de no dar puntada sin hilo en sus dos grandes negocios.
En el ámbito de la moda, Inditex está presente en 78 países del mundo y cuenta con una plantilla de más de 106.000 trabajadores. Un grupo que en plena crisis ha conseguido ganar 1.302 millones de euros en el tercer trimestre de 2011.
Pero ¿quién es Amancio Ortega?
«Es ese hombre que cuando abrió su primera tienda Zara en Estados Unidos y la vio llena de gente comprando su ropa, se fue al baño a llorar sin poder contener la emoción al ver que su marca triunfaba fuera de nuestras fronteras», explica la periodista Covadonga O’Shea, autora de su biografía.
Amancio, Cholo para los amigos y don Amancio para sus admiradores, nació el 28 de marzo de 1936 en Busdongo de Arbas, un pequeño pueblo leonés. Su familia era de origen vallisoletano, pero desde 1944 se instaló en La Coruña y es allí donde forjó sus raíces. Proviene de una familia humilde, lo que le ha llevado siempre a tener los pies en el suelo.
Su padre era ferroviario y con un sueldo muy modesto. Esta condición le hizo dejar los estudios a los 13 años para empezar a trabajar en una camisería y así poder ayudar económicamente a la familia.
«Tomó esta decisión cuando la tienda donde compraba su madre dejó de fiarle, y en ese momento decidió aprender un oficio», rememora O’Shea.
Su disciplina y la ilusión de aprender le llevó a crear su primer negocio en 1963, Confecciones Goa, que son las iniciales al revés de Amancio Ortega Gaona.
Se trataba de una empresa familiar que contó con la ayuda de su primera mujer, Rosalía Mera Goyenechea, que distribuía y diseñaba ropa femenina; ahí nació la famosa bata de boatiné que en su día fue el producto revelación.
De su vida privada tampoco se conoce mucho. Tiene tres hijos: Marcos y Sandra, de su primer matrimonio, y Marta, de su segundo enlace con su actual esposa Flora Pérez y también tiene tres nietos de su hija Sandra, pero quizás su hijo predilecto se llama Zara.
«El éxito del grupo Inditex es sin duda el éxito de un hombre, Amancio, pero también de todo un equipo humano que está detrás» apunta O’Shea.
Desde que abrió la primera tienda Zara en la calle de Juan Flórez de La Coruña, en 1975, han pasado 37 años. Hoy, el grupo Inditex, con su marca Zara como icono de la empresa junto a otras del grupo (Pull & Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho, Zara Home y Uterqüe) forman una red de 5.402 tiendas.
Un legado que cedió el año pasado a Pablo Isla, actual presidente de Inditex, para que tome la batuta de la empresa, aunque los hilos los siga manejando Ortega, que con sus ya 75 años prefiere hacerlo desde la trastienda.
Isla, de 46 años era vicepresidente y consejero delegado desde 2005 en Inditex y se ganó la confianza de Ortega para ser su sucesor tras el desembarco del imperio textil en Asia y su entrada en el negocio de la venta online, dando un nuevo rumbo a la compañía.
El grupo Inditex está controlado por dos sociedades, Gartler y Partler, en las que Amancio Ortega es accionista directo con un 60% del capital. Y como el dinero llama al dinero, el empresario gallego empezó a gestar su cartera inmobiliaria en 2002 tras los primeros beneficios de Inditex, después de su salida a Bolsa un año antes.
En el mundo del ladrillo empezó su andadura a través de la sociedad Pontegadea Inmobiliaria, filial 100% de Pontegadea Inversiones, con su primera adquisición en el ámbito hotelero: la compra de cuatro establecimientos a NH en Madrid, Pamplona, Lérida y Bilbao.
Presente en las principales ciudades españolas, el grueso de su cartera patrimonial está en Madrid y Barcelona. A Amancio se le conoce como El rey de la Castellana en Madrid, una de las calles más caras de Europa, ya que no hay inmueble por el que no puje para incluirlo en su cartera.
Fuera de España está en Portugal, Francia, Alemania, EE UU, México, Reino Unido e Italia. Su mayor apuesta ha sido en Estados Unidos, donde entre 2007 y 2009 gastó más de 700 millones en edificios emblemáticos de Boston, Miami y Manhattan.
Sus inversiones en el área patrimonial se centran en edificios de oficinas, hoteles, locales y centros comerciales en renta, siempre en los mejores emplazamientos de las ciudades más importantes del mundo.
«Son inversiones seguras, con un inquilino solvente y una rentabilidad del 6,5%. En realidad compra inmuebles como si fueran bonos revalorizables con ladrillos», apunta un experto inmobiliario.
Amancio Ortega no tiene un MBA, pero sí un olfato para los negocios que muchos quisieran. Además de sus pequeñas participaciones en empresas relevantes como BBVA, Telefónica, Santander y Ferrovial, en esta época de crisis ha sabido mover ficha para sacar la mejor rentabilidad a sus inversiones.
El estancamiento de la economía, la falta de liquidez en los mercados y la ausencia de perspectivas alentadoras para invertir a medio plazo ha provocado que Pontegadea Inmobiliaria absorbiera Alazán y Keblar, sus dos principales sociedades de inversión de capital variable (Sicavs), para destinar sus recursos a inversiones inmobiliarias.
¿Por qué inmuebles en plena crisis?
Los precios han caído más de un 20% y el mercado ofrece una amplia oferta, ya que empresas y bancos han puesto a la venta sus carteras inmobiliarias para obtener liquidez bajo la fórmula sale & lease back (venta del inmueble con inquilino y un contrato de alquiler por un período de 25 a 40 años).
En España, Ortega ha inaugurado la moda de invertir en edificios de oficinas y sucursales de banco. Protagonizó la mayor operación a finales del 2007 con la compra de 10 edificios al Santander por 485 millones. Después adquirió 40 edificios de Caixa Galicia y cinco locales del Sabadell.
Don Amancio está de enhorabuena, sus negocios le han llevado a lo más alto y, aunque él seguirá siendo el hombre misterioso, silencioso y discreto, su marca Zara es la que pone voz a su imperio por todo el mundo.
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