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EL PRECIO DE LA TRANSICIÓN

‘Españoles, Franco ha vuelto…’: el empeño de la izquierda por resucitar al dictador

"Fuimos un reino de desmemoriados", afirma Gregorio Morán

Luis Balcarce 20 Nov 2015 - 17:59 CET
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Cuarenta años después de la muerte de Franco, a la izquierda todavía le cuesta asumir que el franquismo ni se desmoronó ni fue derribado. Para superar este trauma, su tarea consistió, como hicieron los alemanes tras la Segunda Guerra Mundial, construir un pasado ilusorio en el que todos tenían una hazaña para contar a sus nietos.

«Era algo tan enigmático como sostener que el franquismo se sostuvo sin franquistas», relata Gregorio Morán en ‘El precio de la Transición’ (reeditado por AKAL, 2015). Como las familias alemanas, todas tenían en sus armarios algún judío al que habían salvado.

La Transición pactó enterrar el pasado de sus protagonistas. «Nos constituimos en un reino de desmemoriados», afirma Morán. Es verdad que hay más antifranquistas hoy que en vida del dictador. Pero porque la izquierda debía enterrar SU pasado. Franco había muerto en la cama y lo que había que enterrar era algo tan evidente como que sus enemigos no habían contado con la fuerza suficiente para derribarle.

Al entierro de un pasado ominoso le siguió la exhumación del cadáver de Franco. La Transición necesitó de buenas dosis de buena conciencia como la necesitaron los franceses al término de la IIGM: todos necesitaban creer que habían combatido al nazismo. Y de la Transición hasta nuestros días se han dedicado a la tarea de «ganar la guerra civil con efecto retroactivo» (Santiago González).

La prensa no escapó a ese ocultamiento del pasado que sirvió para que muchos patas negras del franquismo como Juan Luis Cebrián finiquitaran sus deudas con el régimen. A otros como Manuel Fraga, Torcuato Fernández Mirando, Adolfo Suárez o Santiago Carrillo el pasado les perseguiría hasta la tumba. El dogma lo impuso la izquierda y lo compró una derecha cobarde y sumisa. Hasta hoy.

«El ridículo complejo del franquismo les tiene paralizadas las meninges. Cuando no es pensamiento débil es puro miedo», diagnósticó con acierto Hermann Tertsch. Ahora tienen pánico en hablar de guerra al terrorismo islamista por miedo a despertar el pásalo del ‘No a la Guerra’. Cuarenta años después, la derecha y la izquierda siguen encarceladas en sus propios traumas.

@lbalcarce

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