«De ridículo no se regresa jamás», dijo Juan Domingo Perón, referencia política de primer nivel de Íñigo Errejón. Pues el catantautor separatista Lluís Llach va y viene con billete de ida y vuelta. El diputado de Junts pel Sí vio unas banderas con los colores de la senyera en el Estadio Olímpico de Marsella y emocionado tuiteó:
Se ve que no había tomado la medicación porque acto seguido tuvieron que recordarle a este memo que esos colores eran de la bandera de la Provenza francesa y no de su amada Cataluña. El cachondeo fue brutal. Un ‘estacazo’ bien merecido a este trovador sectario que amenazó en su día a los funcionarios que no se sometieran a la «legalidad catalana»
Eso le valió que el corresponsal en Madrid de Libération, François Musseau, titulase «De cantante amenazado a diputado amenazante» comparándole con los censores del franquismo.
El diputado gerundense es una de las voces más furibundas a favor del separatismo y no duda de tachar al Estado español de ser un «cáncer» que «ha interpretado y reinterpretado la historia falsamente de arriba abajo».
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