Tomando como referencia los lamentables sucesos ocurridos recientemente en España, desde este periódico periodistadigital.com quiero denunciar una situación concreta, reiterada y advertida desde hace más de tres años, que sigue sin corregirse y que puede acabar en tragedia en cualquier momento.
Me refiero a la carretera DSA-254, a la altura de Valdesangil, donde en el proceso de “arreglo” de la vía se han dejado dos curvas ciegas sin ensanchar, pese a las reiteradas denuncias y advertencias trasladadas a los responsables técnicos y políticos.
Por esta carretera circula a diario el autobús escolar, hasta cuatro veces al día, además de vehículos particulares. No hablamos de un riesgo hipotético ni de una exageración vecinal: hablamos de una infraestructura deficiente, con tramos claramente peligrosos, en los que un cruce imprevisto o una maniobra evasiva puede provocar un accidente grave.
Cuando los técnicos han sido advertidos por escrito, cuando el problema está documentado y cuando se decide mirar hacia otro lado, la responsabilidad deja de ser abstracta. Si ocurre un accidente en esas curvas, no será fruto del azar, sino de una negligencia consciente. Y quienes fueron informados deberán asumir responsabilidades técnicas y políticas.
Resulta especialmente preocupante que, tras los últimos acontecimientos, se intente desviar el foco hacia el camping y sus usuarios, como si el problema fuera un supuesto exceso de velocidad o de tránsito. Los usuarios del camping no van volando, circulan por la DSA-254, una carretera que solo se ha ensanchado en unos 500 metros, desde la N-630 hasta dicho complejo.
Desde ese punto hasta el pueblo, el “arreglo” se ha limitado a echar asfalto, dejando intactas dos curvas ciegas extremadamente peligrosas.
Conviene no olvidar que en 2023, el entonces diputado Antonio Labrador se fotografiaba en esa misma carretera anunciando que el ensanche llegaría hasta el pueblo. Aquella imagen se tomó un mes antes de las elecciones. La obra quedó a medias y las promesas, como tantas otras, se evaporaron tras las urnas.
La memoria ciudadana no es tan corta como algunos creen. En las próximas semanas lo recordaremos, porque la seguridad vial no puede depender del calendario electoral ni de titulares oportunistas.
Las carreteras mal ejecutadas no son un fallo técnico menor, son un riesgo directo para la vida de las personas. Y cuando el aviso existe y se ignora, la responsabilidad tiene nombre y apellidos.
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