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El presidente merece lidiar con los problemas que está creando

Con Zapatero… ajo y agua

No hay gobernante que se arriesgue a acortar su mandato con las encuestas en contra

20 Sep 2009 - 08:19 CET
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La España de Zapatero en la pendiente

Zapatero tiene un plan… ¡crear parados!

Quienes piden elecciones anticipadas deberían preocuparse si Zapatero las llegase a convocar, porque eso significaría que está en condiciones de volver a ganarlas.

Tratándose de una prerrogativa personal no hay gobernante que se arriesgue a acortar su mandato con las encuestas en contra, tal como ahora las tiene un presidente que está atravesando los peores momentos de su carrera.

La única posibilidad racional de adelanto pasaría por el otoño de 2010, tras la presidencia semestral europea y el previsible maquillaje de imagen que le han de proporcionar al agobiado líder socialista tres encuentros con Obama, pero aun así cabe apostar por el agotamiento de la legislatura.

Afirma Ignacio Camacho en ABC que toda la estrategia zapaterista ante la crisis consiste en esperar una recuperación remolcada cuyos indicios mínimos no se harán visibles antes de 2011; hasta entonces, el Gobierno socialista pretende resistir acolchando una red de subsidio social que cada vez se parece más a un tejido clientelar como el desarrollado en Andalucía.

A la velocidad que se está desgastando es probable que llegue triturado, pero conviene no darlo por liquidado todavía, porque como le salgan medio bien los cálculos Rajoy tendrá que irse a Santa Pola o a Sanjenjo a escribir las memorias de un perdedor obstinado.

Para evitarlo el PP sí tiene a su alcance la posibilidad de provocar adelantos electorales parciales que socaven al Gobierno y apuntalen la idea de un cambio de ciclo progresivo, de una alternativa inminente.

En Madrid y Valencia cuenta con mayorías aseguradas que podrían amargar a ZP cualquier atisbo optimista y de paso amortiguar el previsible tropezón de la derecha en las catalanas del año que viene.

Ocurre que en un partido de oposición la dirección nacional no tiene apenas control sobre los líderes territoriales con poder real, y una decisión de esta clase atañe sobre todo a quienes tienen que jugarse el cargo.

En el caso de Valencia -con veinte puntos de ventaja para Camps en los sondeos- la posibilidad ha sido estudiada, y por lo que parece desestimada a día de hoy, y en Madrid resulta harto improbable por razones varias, de las que no es la menor la escasa sintonía entre Esperanza Aguirre y el marianismo.

Si los populares no se arriesgan con las opciones a favor tienen poca legitimidad para pedir al adversario que lo haga con el viento de cara.

El que no tenga paciencia para medir los tiempos que se dedique a jugar a la lotería instantánea.

Por lo demás, el escenario político nacional es inestable, pero resulta dudoso que unas nuevas elecciones lo dejasen más asentado.

Como decía Pío Cabanillas padre, ahora lo más urgente es esperar; no sólo porque la democracia tiene unos plazos y unas formas, sino porque Zapatero merece lidiar con los problemas que está creando.

 

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