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El inspector José María Ballesteros fue quien entregó el móvil del chivatazo a ETA

Caso Faisán: el hombre del teléfono

El policía, que se limitó a obedecer órdenes, está destinado en Vitoria

24 Oct 2010 - 20:54 CET
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Esta fotografía muestra al inspector de la Policía de Vitoria que el 4 de mayo de 2006 entregó en el bar El Faisán el teléfono móvil a través del que se dio el chivatazo a la banda terrorista ETA.

José María Ballesteros -que se limitó a cumplir órdenes y es experto en terrorismo islámico- entregó en mano al dueño del bar Faisán, Joseba Elosúa, el móvil con el que su superior, Enrique Pamiés, alertó al cobrador terrorisdta de la operación policial que estaba en marcha contra él y el resto del aparato de extorsión de ETA.

EL JEFE PAMIÉS

Según consta en las investigaciones elaboradas por Carlos G. y su equipo -a las órdenes del juez Baltasar Garzón-, Ballesteros pasó el móvil a Elosúa entre las 11.20 y las 11.25 horas del citado día, información confirmada por el dueño del Faisán en el interrogatorio.

Antes de entregárselo, Ballesteros marcó el número del jefe superior de Policía del País Vasco, Enrique Pamiés, quien a continuación habló durante más de cinco minutos con Elosúa.

En esa llamada, apunta la investigación reflejada en el sumario, el jefe superior vasco alertó al propietario del Faisán -encargado de recoger el dinero de las extorsiones para pasárselo a ETA- de que estaba en marcha una inminente operación dirigida por el juez Fernando Grande-Marlaska.

EL YERNO DEL DUEÑO

Tras el chivatazo de Pamiés y Ballesteros, los planes de Elosúa cambiaron.

El colaborador de ETA abandonó precipitadamente el Faisán ante la sorpresa de los agentes de Policía que vigilaban y esperaban órdenes para iniciar la operación contra él.

El dueño del bar cogió su coche acompañado de su yerno, Carmelo Luquin, y arrancó dirección a Francia ante la mirada impasible de los policías de Marlaska, que luego fueron precisamente los que se encargaron de investigar el soplo.

Mientras, el inspector que controlaba la baliza del vehículo de Elosúa, situado en un piso de Irún, escuchaba asombrado la conversación que el colaborador de la banda terrorista tenía con su yerno.

«Estamos escuchando cosas muy raras. Elosúa dice que un policía le ha avisado de la operación«, aseguró el agente por teléfono a su jefe, que coordinaba desde San Sebastián el operativo para desmantelar la red de extorsión.

¿Qué le había dicho Elosúa a su yerno para que el inspector se quedara tan asombrado? El dueño del Faisán, a su vez, también había mostrado a su copiloto la sorpresa que le produjo la llamada:

«Tiene que ser un madero. No me entra en la cabeza que me haya advertido por teléfono».

Además de a Pamiés y a Ballesteros, las investigaciones del sumario apuntan al entonces director general de la Policía, Víctor García Hidalgo.

Señalan que Pamiés, justo después de hablar con Elosúa, hizo dos llamadas al máximo dirigente del Cuerpo Nacional de Policía, que no cogió el teléfono, ya que en ese momento se encontraba en un acto oficial del Ministerio del Interior.

En cuanto terminó el evento, fue el propio García Hidalgo el que devolvió la llamada al jefe superior de Policía del País Vasco. Tanto García Hidalgo como Pamiés y Ballesteros se encuentran en estos momentos imputados por el titular del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.

ASCENSO FRUSTRADO

Cuatro meses después del día en que se produjo el chivatazo, el 8 de septiembre de 2006, García Hidalgo fue cesado de su cargo.

El autor material del soplo, siempre según la investigación, Enrique Pamiés, continúa ejerciendo su tarea desde el mismo cargo que ocupaba entonces, el de jefe superior de la Policía del País Vasco.

El inspector que entregó materialmente el teléfono móvil a Elosúa, José María Ballesteros, acudió a Madrid a primeros de junio de 2010 para realizar la prueba de la oposición para inspector jefe.

Dentro de la Policía se considera este procedimiento como un «coladero» para la promoción interna.

En cualquier caso, se requiere una mínima antigüedad, requisito que no cumplía el imputado, porque apenas lleva siete años de inspector y se requieren quince.

El Tribunal Calificador había dado el visto bueno a Ballesteros en el proceso selectivo, incluyendo su nombre en la lista de admitidos para realizar la prueba.

A la hora de la verdad y debido en buena medida a que los sindicatos policiales pusieron el grito en el cielo, Ballesteros no ‘aprobó‘, lo que parece haberle causado un enorme disgusto.

EL FAISÁN Y EL PATO

Cuando declaró ante Garzón, el inspector Ballesteros afirmó no recordar si estuvo en el bar Faisán:

«En la hora que me levanté me tomaría un café con toda seguridad. Pudo ser ahí, es que no lo sé».

Ahora, con el caso vivo y otro juez al mando, las cosas se complican para él. Sigue en su destino original, dedicado a ‘asuntos islámicos’ y sus posibilidades de hacer carrera se han ensombrecido.

Las probabilidades de que el PP, que ha convertido el ‘Caso Faisán’ en un eje de la campaña, gane las elecciones son cada día más altas y por tanto, aumentan las posibilidades de que se termine aclarando el turbio affaire del chivatazo a ETA y que acaben sentenciados los principales implicados.

No se descarta que termine siendo uno de los que ‘pague el pato‘ que el ministro Alfredo Pérez Rubalcaba intenta por todos los medios dejar ‘volar‘.

 

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