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La tecnología pone contra las cuerdas al fiscal general del Estado

Los guardias civiles de la UCO usan ‘Cellebrite’, el invento israelí con el que van a trincar a García Ortiz

El software forense recupera los mensajes borrados y revela la estrategia del fiscal para encubrir información

Mario Lima 25 Ene 2025 - 12:07 CET
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Dentro de unos días o unas semanas, cuando la Guardia Civil destape la olla, a Álvaro García Ortiz se le va a quedar una cara de tonto de campeonato.

No sólo a él, sino también a su jefe Pedro Sánchez y a toda la cuadrilla de cómplices y encubridores.

En el turbulento mundo de la política española, donde los escándalos se suceden con la regularidad de un reloj suizo, el caso del fiscal general del Estado alcanza cotas dignas de una serie de Netflix.

A 25 de enero de 2025, el panorama judicial para el otrora intocable fiscal de Sánchez se presenta más negro y quemado que la cafetera del Virginiano.

La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha logrado lo que muchos consideraban imposible: recuperar los mensajes que García Ortiz borró de su móvil.

 Y todo gracias a Cellebrite, un software israelí que parece sacado de una película de espionaje.

Este programa, que cuesta la friolera de 40.000 euros (más 8.000 de renovación anual), ha demostrado ser más eficaz que un sabueso con olfato de trufa.

La UCO ya ha «acotado los mensajes» del móvil del fiscal, revelando información que se considera «de interés para el esclarecimiento de los hechos».

Pero la cosa no queda ahí. Resulta que el imputado fiscal no solo borró mensajes, sino que además tuvo la brillante idea de cambiar de móvil una semana después de que el Supremo le encausara.

Una jugada tan sutil como un elefante en una cacharrería.

Ante este despropósito, el portavoz del PP en el Congreso, Miguel Tellado, ha exigido que el ministro de Justicia, Félix Bolaños, explique en un Pleno «a quién está encubriendo» el fiscal general.

Cambiar de teléfono y borrar mensajes es lo que hace cualquier ciudadano inocente cuando le investigan, ¿verdad?

Mientras tanto, el juez Ángel Hurtado, que instruye el caso en el Supremo, no se ha quedado de brazos cruzados.

Ha pedido a WhatsApp y Google que le faciliten los datos de las cuentas de usuario del fiscal general.

No cuesta imaginar la cara de los técnicos de estas empresas al recibir la solicitud: «¿El fiscal general? ¿Ese que debería perseguir el delito en vez de protagonizarlo?».

Pero no todo son malas noticias para García Ortiz.

La Abogacía del Estado ha salido en su defensa, acusando al juez Hurtado de omitir pruebas favorables al fiscal.

Una estrategia tan audaz como defender que la Tierra es plana en una convención de astrónomos.

El caso ha generado tal revuelo que hasta Felipe González, expresidente del Gobierno, ha opinado sobre el asunto.

Con la diplomacia que le caracteriza, ha dicho que si él estuviera en el lugar de García Ortiz, «dimitiría».

Vamos, que le ha faltado decir «váyase, señor García Ortiz».

La probabilidad de que el fiscal general termine condenado es un tema que mantiene en vilo a los juristas del país.

Algunos expertos apuntan a que podría enfrentarse a un delito continuado de revelación de secretos, lo que podría elevar su pena de prisión hasta el máximo previsto.

Otros, más socialistas, creen que saldrá de esta como ha salido de tantas otras: por los pelos y con una explicación más rebuscada que un cubo de Rubik.

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