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Pedro Calvo Hernando – Convivir en Euskadi

Pedro Calvo Hernando 02 Jul 2009 - 12:07 CET
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MADRID, 1 (OTR/PRESS)

La sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo llega justo en el momento en que el clima político de Euskadi y de las relaciones con el gobierno central y el Estado en general había entrado en una etapa nueva, distinta y desconocida hasta ahora. El País Vasco ha cambiado de faz desde la introducción del Gobierno socialista del lehendakari Patxi López, quien justamente este miércoles era recibido por Zapatero en la Moncloa, en una atmósfera que nada tiene que ver con anteriores visitas de su antecesor Ibarretxe. Por supuesto, el hecho de que en Vitoria haya un Ejecutivo socialista propiciado por el pacto con el PP es una circunstancia que lo tiñe todo de un color inimaginable pocos meses antes. Ahora se ve con toda claridad que el PNV no supo moverse políticamente como hubiera sido de espera de un partido con su historia y su experiencia. Los experimentos de Ibarretxe en los últimos años sólo trajeron desconcierto en la gente y desprestigio para las instituciones vascas, e incluso un deterioro notable de la convivencia entre nacionalistas y no nacionalistas.

El PNV y el Gobierno al que sostenía tampoco supieron jugar las bazas relacionadas con Batasuna y con el terrorismo, dando a menudo la impresión de flojera y de permisividad, cosa que yo personalmente nunca he creído. Se habían comprometido demasiado con la oposición a la ilegalización de Batasuna y habían depositado esperanzas en que Estrasburgo iba a echar abajo las decisiones de los Tribunales españoles. No ha sido así ni para ellos ni para nadie y ahora eso va a tener sus consecuencias políticas. A mí nunca me convenció ni la Ley de Partidos ni la ilegalización de nadie, pero no dejo de reconocer que el Estado de Derecho es como es y funciona como funciona y que no hay más remedio que aceptarlo así. Ahora hay que confiar en que se vaya estableciendo un clima de concordia y de unidad democrática, en la que el PNV y los demás partidos nacionalistas que no apoyan la violencia tienen que estar presentes y jugar el papel que les corresponde y que es muy importante.

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