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Andrés Aberasturi – Sindicatos

Andrés Aberasturi 14 Sep 2010 - 12:20 CET
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MADRID, 13 (OTR/PRESS)

La apuesta de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid con respecto a los liberados sindicales, no es sólo «una más de Mariespe» y, salvo a los muy convencidos, al personal, a la mayoría casi siempre silenciosa, a esa legión de currantes con o sin trabajo, a los que fichan cada mañana y a los de las colas del INEM, a los autónomos y a los políticamente incorrectos, la iniciativa no nos parece nada disparatada.

El mundo ha cambiado mucho pero en las dos grandes centrales sindicales parece que no se han enterado. O sí, pero miran hacia otro lado porque aquellas organizaciones reivindicativas y absolutamente necesarias han devenido en paquidermos viejos, anclados en un lenguaje y en una actitud que nada tienen que ver con los tiempos que corren. Como no podía ser de otra manera, la Constitución les dio un protagonismo necesario entonces pero que hoy resultaría al menos discutible. ¿Por qué ejercen el monopolio nada menos que de la representación de todos los españoles en el ámbito laboral? A los partidos se les vota cada cuatro años y aunque su poder es desmedido, todos tenemos la opción de premiar o castigar su conducta. ¿Qué se puede hacer frente a unos sindicatos incapaces? No afiliarse. ¿Y qué? Seguirán negociando en nuestro nombre -y muchas veces contra nuestros intereses- aunque, eso sí, pagados y bien pagados con el dinero de todos.

Cuando entonces, se convocaban asambleas y se llenaban los espacios y con una autoridad moral que nadie cuestionaba, lo mismo se firmaban los muy responsables Pactos de la Moncloa que se hacia una huelga general contra el propio PSOE. ¿Qué ha cambiado? Casi todo; mientras Internet se colaba por las rendijas, ellos seguían con alma de panfleto en ciclostil semiclandestino, la jerga de las famélicas legiones y el dinero de los nuevos ricos mas preocupados por las subvenciones que por los camaradas trabajadores.

Sé que soy injusto y que no todos los sindicalistas son así; de acuerdo. Pero no estoy hablando de las personas sino de unas organizaciones que nunca han querido ni reflexionar sobre su situación de privilegio ni mucho menos practicar el sano deporte de las autocrítica. Ahora convocan asambleas y no van más que los cuatro de siempre, quieren «calentar» la huelga que viene -o eso dicen- y a la UGT no se le ocurre otra cosa mejor que realizar unos vídeos que avergüenzan a propios y extraños (por cierto, ¿cuánto han costado?).

Y no vale decir que estoy en contra de las centrales o del sindicalismo. Es un recurso tan fácil como acusar de antidemócrata a los que venimos pidiendo menos poder de los partidos y más sociedad. Pero da igual. Mientras las subvenciones duren y los cursillos mantengan engrasadas las arcas del paquidermo, nada va a cambiar. A nadie le preocupa demasiado el tema con la que está cayendo y ellos salvan la cara con la huelga. El resto ya se sabe: «las cosas de Mariespe» harta de que unos pocos le revienten Telemadrid puntualmente o intenten aguarle las inauguraciones de un nuevo hospital.

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