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Entre Andorra y Gibraltar Zapatero y los intereses de España

Miguel Higueras 12 Nov 2010 - 20:27 CET
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Miguel Higueras.-
Como el Presidente Zapatero, la pupila del burdel de la ciudad colombiana de Pasto tardó seis años en descubrir que sus colegas cobraban lo que ella hacía por afición.
Al justificar la tibieza de su gobierno frente a la brutalidad marroquí contra los saharauis del campamento de El Aiun, el Presidente del Gobierno razonó que “hay que poner por delante los intereses de España”.
La de España con su incómodo vecino del sur, aclaró la ministra de asuntos exteriores Trinidad Jiménez, “es una relación esencial que debemos preservar por razones de seguridad, de combate contra el terrorismo, de control de los flujos de inmigración y narcotráfico, y por las relaciones comerciales y económicas”.
Es ese un giro tranquilizador del objetivo de la política exterior española después de seis años de apasionados suspiros románticos por la defensa de los derechos humanos, la legalidad internacional, la alianza de civilizaciones y otras zarandajas.
Zapatero y su cuadrilla tardan en aprender pese a que tuvieron un maestro cuyas enseñanzas deberían haber seguido: el ex presidente socialista Felipe González que todavía no sabe si acertó al no volar a los mandamases etarras, por temor a cabrear a Francia.
Como las colegas de la pupila de Pasto, Felipe González era un profesional tan consecuente como su sucesor José María Aznar, quien no dudó en unirse a los jerifaltes de entonces—Bush y Blair—para ayudarles en Irak contra Sadan Husein, al que otros profesionales, como Francia, Rusia y Alemania, amparaban no por amor, sino por interés.
Al oponerse a sus adversarios, defendían la posibilidad de cobrar lo que les debía, que perderían si lo eliminaban.
Esos tres países, si se opusieron al derrocamiento armado del tirano, no fue por humanitarismo sino porque, como padrotes, cafiches o proxenetas de Husein, se aprovechaban de sus habilidades prostibularias.
De los 110.000 millones de dólares que debía Sadan Husein a 20 paises acreedores—encabezados por Francia, Rusia y Alemania—tuvieron que hacerle una quita del 80 por ciento. Así y todo, a Francia le costó la broma 5.500 millones.
Ni derechos humanos, ni legalidad internacional ni gaitas escocesas. El sucio dinero o, como ahora ha caído en la cuenta Jose Luis Rodriguez Zapatero, “los intereses de España”.

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