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Mortal para el PP prescindir del humanismo cristiano.

Magdalena del Amo 20 Feb 2012 - 09:00 CET
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Durante un tiempo creímos que las ocurrencias eran cosa de Zapatero y Rubalcaba, pero no. Algunos peperos las tienen a pares. Se ha repetido hasta la saciedad que el PP es un partido de centro, reformista, donde caben todas las sensibilidades. Como enunciado teórico bien, pero solo como eso. Ello no quiere decir que militantes y simpatizantes marchen al son de la música de la gaviota, cual ejército ruso antes de la perestroika; pero sí que esas llamadas sensibilidades o matices conceptuales no diverjan de su ideario primigenio que no es otro que el arquetipo de la derecha y el humanismo cristiano. Otra cosa es que muchos, contaminados por la lluvia ácida acomplejante de la izquierda, que tan magistralmente gestiona siempre, quieran desprenderse de ese sello conservador y cristiano, origen del partido azul de la derecha española.

Rubalcaba, afectado por un brote de “anticlericalismo casposo”, Francisco Vázquez dixit, quiere replantear seriamente el Acuerdo con la Santa Sede y así lo expresó en el 38 congreso del Partido Socialista. Anacrónico y fuera de lugar, pero es esperable, dada la fobia que los radicales laicistas sienten hacia lo sagrado –deberían hacérselo mirar por si necesitan un exorcismo—, que muestra su máxima expresión en la niña Regan McNeil de la famosa película de William Friedkin, El exorcista. Rubalcaba no vomita verde ni hace giros imposibles de cabeza, pero reacciona ante la Iglesia de manera airada. Lo curioso es que acabamos de comprobar que algunos miembros del PP se parecen mucho a los progres laicistas. El texto de la ponencia social del XVII congreso del PP, celebrado en Sevilla, “Comprometidos con las personas”, dice que el partido “está inspirado en los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia y el humanismo cristiano y está plenamente comprometido con las necesidades, las preocupaciones y los problemas de todos los ciudadanos”. Impecable. Sin embargo, algunos no solo se avergüenzan de nuestras raíces, sino que abogan por borrar la palabra “cristiano” de la definición del Partido Popular y sustituirla por el término “humanismo occidental o europeo”. Los genios autores de la ocurrencia son el concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ángel Garrido –que gracias a su insensatez ha conseguido estar en los papeles nacionales—, y la delegada del Gobierno en la capital de España, Cristina Cifuentes, a la que muy frecuentemente ya hemos visto asomar la oreja en este sentido. Pretendía esta minoría progre –solo tuvieron cinco votos— poner una pica en Flandes y que el PP, que aglutina a prácticamente todos los católicos de España, eliminase la voz “cristiano”, aclarando además que no es “ir contra la fe católica”, que el propio Garrido es practicante y que está casado por la Iglesia. ¡Cuánta incoherencia! Con amigos así, no hacen falta enemigos.

Pero hay más: Este minigrupillo de dos, también se posiciona a favor de la ley de Zapatero sobre el matrimonio homosexual, recurrida por el PP ante el Tribunal Constitucional. “Apoyamos y defendemos el derecho de las parejas formadas por personas del mismo sexo a poder contraer matrimonio, tal y como recoge la actual legislación”, dice el texto de su enmienda. Y reivindican asimismo el derecho de adopción para las uniones del mismo sexo, arguyendo que persisten clichés sobre el PP “que convendría romper para siempre, entre ellos nuestra débil defensa de los derechos de homosexuales o nuestro apoyo a modelos de familia no tradicionales”. Todo ello implica la aceptación de que en el Código Civil se hayan sustituido los términos padre y madre, por progenitor A y progenitor B; y esposo y esposa por cónyuge 1 y cónyuge 2. Es una frivolidad de gran alcance, enmarcada en el proyecto de ingeniería social que el feminismo de Zapatero se ha propuesto implementar, cuya fecha tope es el 2015. Vistas las cosas, se me ocurre preguntarle a la inefable Cifuentes, “qué hace una chica como tú en un sitio como éste”, habiendo partidos defensores de esta nueva antropología del siglo XXI. Y recordarle también que el humanismo europeo es también cristiano y que no llegó de la mano de los turcos. Lo cierto es que llevamos cerca de ocho años luchando contra las ocurrencias de los Zapateros, Aídos, Pajines y todo el sindicato del género, y resulta que con nuestros votos hemos hecho delegada a esta señora que también suspira por Margaret Sanger y Alfred Kinsey.

¿Tenemos al enemigo en casa? ¿Hay varios “caballos de Troya” en el PP, desperdigados por las caballerizas autonómicas? Esperemos que se trate solo de pequeños garbanzos negros. En cuanto a la adopción, hay que aclararle a esta exigua pandilla que es el niño quien tiene el derecho a ser adoptado y a crecer en un hogar con un padre y una madre. No son los padres los sujetos del derecho sino el menor. Un niño no es un capricho más, que se “adquiere” para colmar una necesidad de la sociedad de consumo. En esta materia el PP respetará todas las opciones y se atendrá a la sentencia del Constitucional. Mala cosa, teniendo precedentes vergonzosos como el de Bildu. Pero he aquí una idea. Si el PP llevaba en el programa del 2004 la regularización civil de las parejas de homosexuales, adelante con ella. La solución sería la derogación de la ley Zapatero con todos sus efectos colaterales, y la promulgación de una nueva ley, por la cual las parejas puedan unirse a efectos civiles, sin que esto se considere matrimonio, quedando éste reservado a las uniones debidamente constituidas entre hombre y mujer de acuerdo a la ley natural.

El presidente del Ejecutivo gallego, Alberto Núñez Feijóo, autor de la ponencia social, con el presidente del PP de Navarra, Santiago Cervera y José Ramón Bauzá, presidente de la comunidad balear, defendió que el humanismo cristiano forma parte de la historia de Europa, y que, en cualquier caso, ese punto afecta a los estatutos del partido.

En el congreso se han debatido otros puntos: educación, economía, déficit, política exterior, fondos estructurales… enmarcados en las ponencias de Economía, Europa y política exterior, Estatutos… pero ninguno tan mollar y que tanto afecte a los cimientos de nuestra esencia trascendente como las enmiendas del minigrupo de Madrid que, afortunadamente, fueron rechazadas.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora de Ourense siglo XXI
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
www.magdalenadelamo.com
✉ periodista@magdalenadelamo.com
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