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Antonio Casado – El silencio de Rajoy.

Antonio Casado 13 Jul 2013 - 12:20 CET
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MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Los ministros se han concertado para defender en público la honorabilidad de Mariano Rajoy, cuestionada por Luis Bárcenas, en relación a los supuestos pagos en negro. No era necesario, pues no es difícil elegir entre la palabra del presidente del Gobierno y la de un mentiroso acreditado. Sin embargo, me parece que no viene a cuento remitirse a la decencia personal de Rajoy si de lo que hablamos es de la financiación ilegal.

Al hablar del caso Bárcenas siempre hacemos referencia a la financiación ilegal del PP. En realidad no se trata de una figura delictiva descrita en el Código Penal. Sin embargo, en esa genérica expresión del gran pecado público que tanto preocupa a los españoles, lo que se esconde es un filón inexplorado de todos los delitos inherentes a la corrupción. Y esas ya son palabras mayores.

Habida cuenta de que se han cometido numerosos delitos en el modus operandi descrito por Bárcenas hace unos días, se trataría de conocer el grado de consentimiento que los dirigentes del PP han venido prestando a lo largo de estos últimos veinte años. Que el trabajo sucio lo hiciera el cajero, y que además acabara metiendo la mano en la caja para redondear su patrimonio, no les exime de responsabilidad. La tesorería no es un compartimento estanco porque forma parte del organigrama.

Esa es la razón que asiste al resto de los partidos para exigir una explicación política del presidente en sede parlamentaria. El silencio de Rajoy causa males mayores porque hablamos de un escándalo que afecta al corazón del sistema democrático y el prestigio de España en el mundo: la existencia de una trama corrupta que, entre otras cosas, servía para financiar al partido en el poder.

Sin embargo, no ha habido forma de persuadir al PP, que es el grupo mayoritario de la Cámara, respecto a lo saludable que hubiera sido una urgente comparecencia del presidente del Gobierno ante el Pleno del Congreso para explicarse políticamente respecto a un asunto que escandaliza a la opinión pública y perjudica la imagen de España en el extranjero. Hubo mucha tensión en la Diputación Permanente, reunida el jueves pasado, pero con resultado cero.

El portavoz del PP, Alfonso Alonso, no se salió del guión: hacer pasar a Rajoy por ese trance es hacerle el juego a un delincuente como Bárcenas. La lógica toxica de ese discurso le llevó a acusar al resto de los portavoces de estar apadrinando a un sinvergüenza. Todo ello como preparación del terreno para impedir la solicitada comparecencia del presidente.

Moncloa y Génova han decidido dejarlo para septiembre. Un portazo en toda regla a la oposición parlamentaria que, vale la pena recordarlo, tiene el derecho y el deber de controlar la acción política del Gobierno. Un mal paso de Rajoy y sus equipos, a mi juicio. Blindar de esta manera el silencio de Rajoy no hará más que alimentar la sospecha de que el PP tiene mucho que ocultar.

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