Fermín Bocos – Magistrados politizados


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

No salimos de una cuando ya estamos metidos en otra. Si antes de ayer era el presidente del Gobierno quien comparecía ante la opinión pública nimbado por la ominosa sospecha de estar al cabo de la calle de las andanzas non sanctas de Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, hoy -en otro registro- quien está en entredicho es el presidente del Tribunal Constitucional Francisco Pérez de los Cobos. En su caso en razón de la polémica desatada a raíz de haber trascendido que hasta hace poco estaba afiliado al Partido Popular. Curiosamente, la noticia se desveló al hacerse pública parte de la documentación del «caso Bárcenas. Puesto que la ley prohíbe a los jueces estar afiliados a ningún partido políticos, desde diversas instancias de la izquierda togada se recuerda la incompatibilidad de la militancia para acceder a tan alta magistratura, pero Pérez de los Cobos no es juez sino catedrático de Derecho del Trabajo, circunstancia invocada por quienes defienden su continuidad al frente del TC.

A Pérez de los Cobos se le reprocha que cuando compareció en el Senado ante la comisión que examinaba la idoneidad del candidato para acceder a tan alta encomienda (fue elegido por unanimidad) no hubiera revelado su condición de militante del PP. Así fue, aunque, todo hay que decirlo, en todos los apuntes biográficos y en las reseñas periodísticas de aquellos días el nombre del candidato siempre venía consignado bajo la misma etiqueta: «conservador». Quiero decir con esto que quienes ahora piden la dimisión del presidente del TC hacen como que se han enterado de que Pérez de los Cobos era un señor de derechas. La ley es la ley y mientras no se cambia hay que cumplirla, pero éste asunto, está en la raya de la interpretación porque el protagonista de la polémica no es juez. En todo este caso se detecta una elevada dosis de fariseísmo.

Pese a estar llamado a ser «el juez de la ley», desde los tiempos de la presidencia de García Pelayo y la sentencia del «caso Rumasa», lo cierto es que el Alto Tribunal siempre ha estado bajo sospecha de politización. Sospecha de ser instancia no siempre capaz de desembarazarse del poder político al que los magistrados debían sus nombramientos. Ese ha sido el común origen de la filoxera que ha empañado muchas de sus actuaciones. Quien tenga alguna duda que repase las actas de las decisiones adoptadas por el TC bajo la presidencia de Pascual Sala. Dicho lo cual y visto que al no ser juez su eventual nombramiento no se vería afectado por la incompatibilidad establecida por la ley, tengo para mí que el señor Pérez de los Cobos, durante la comparecencia en el Senado, no debió omitir el dato de su afiliación al PP. A nadie le habría sorprendido. Ahora, ya es leche derramada y la polémica que le salpica al Tribunal.

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