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Antonio Casado – Voces desafinadas

Antonio Casado 29 Oct 2013 - 12:20 CET
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MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Algunas voces desafinaron en la manifestación convocada el domingo pasado por las asociaciones mayoritarias de víctimas del terrorismo. Especialmente aquellas que reprobaban la actitud del presidente del Gobierno. «Rajoy, traidor» y «Rajoy, ¿dónde estás?» fueron algunas de esas pedradas verbales. Y tal vez el interpelado haya podido entender con carácter retroactivo como se pudo sentir el expresidente Zapatero, cuando era acusado de traicionar a las víctimas en las manifestaciones de la AVT, que el PP y sus líderes instigaban y frecuentaban. El propio Rajoy, que iba a sucederle luego en Moncloa, llegó a repicar tan bárbara acusación en sede parlamentaria (2007).
Tan bárbara e injusta era esa acusación dirigida contra el entonces presidente del Gobierno como lo es ahora contra el actual. Venga de donde venga. El debido respeto a las víctimas en ningún caso puede ser derogatorio del sentido común y el debido respeto al gobernante obligado a gestionar los intereses generales bajo el imperio de la ley. Solidarizarse con las víctimas y sus portavoces, sin dejar de comprender su frustración, no puede convertirse en alineamiento obligado con sus tesis. O las de quienes les bailan el agua desde un sector del PP y ciertos comunicadores. Tesis como las del desacato o el uso de la ingeniería jurídica para eludir el compromiso de «acatar y ejecutar» las sentencias que España asumió al firmar en 1977 y ratificar en 1979 el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales.
En la manifestación del domingo pasado en Madrid también hubo dedicatorias para los dirigentes del PP que participaron en la marcha. Unas, en contra: «Fuera, fuera» y «No nos engañéis», por ejemplo, tuvieron que oír los Pons, Floriano, Arenas. Y otras, a favor. Largamente vitoreados fueron: Ignacio González, Jaime Mayor Oreja («Tú sí que vales») Ana Botella y Esperanza Aguirre («¡Presidenta¡, ¡presidenta!»). Si añadimos la calificación de Moncloa sobre la sentencia («injusta equivocada»), queda hecha la propuesta para realización de un seminario a cargo de FAES. El tema no puede ser otro: de cómo un fallo de Estrasburgo pudo sembrar tanta discordia en las filas del PP.
Hay demasiada carga emocional en las reacciones porque la sentencia favorece a medio centenar de etarras. Entre ellos, los más sanguinarios, condenados a penas de cientos e incluso miles de años. Lo cual ha cargado de dolor y desaliento a miles de víctimas y familiares de víctimas de ETA. Han sido muchos años de sufrimiento y aún está muy viva la memoria de la arbitraria crueldad de la banda.

Pero eso no justifica esta absurda manifestación del domingo pasado, ni los excesos verbales cometidos por quienes siguen insinuando que el Tribunal se pone al lado de terroristas y violadores con la necesaria colaboración del Gobierno: el de antes y el de ahora. Qué disparate.

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