En España, la Política Pícara, con la tapadera de los riegos, construyó pantanos para producción eléctrica privada y el parón nuclear se vendió como Política Verde encubriendo el rescate de las grandes empresas eléctricas quebradas de las que el accionista principal, de aquella, era la banca. ¿Y si detrás de la descarbonización estuviese el rescate de las centrales de generación eléctrica con gas natural conocidas como de ciclo combinado (CCC)? ¿Y si lo del cierre de las centrales térmicas, del carbón, es, sobre todo, marketing político y lo que realmente está en juego son las mil millonarias inversiones de las grandes energéticas españolas en esas CCC absolutamente infrautilizadas?
Porque la Política Energética española siempre ha favorecido los intereses del oligopolio energético nacional falsificados publicitariamente por el Gobierno. En España el dinero público se gasta y no se invierte y se regala como subvención robándolo a la investigación. Mientras, la España ignorante no tiene ni idea de cuántos millones de metros cúbicos de agua turbinan las Eléctricas al año ni cuánto pagan por ella.
Porque las CCC, alguna está entre las cincuenta instalaciones industriales más contaminantes de España, solo funcionaban a un estimado diez-quince por ciento de su capacidad de generación durante estos años, y esa infrautilización, se ha pagado por los embobados españoles en el recibo de la luz, dentro de ese embrollo de los peajes, por los conceptos de “pago por disponibilidad y “por el incentivo de inversión”, es decir, como si a cualquiera le pagaran por construir una nave y por tenerla disponible por si se diera una fiesta. La golfería es que, los tontainas españoles, pagan a esas mismas empresas por potencia instalada durante todo el año, aunque solo consuman energía de vez en cuando, o los agricultores por regar unos pocos días en lo que se ha denominado modernización de regadíos, que lo que consigue es ahorrar agua para la producción hidroeléctrica.
Con un diseño y una planificación energética racionales y en un sistema de eficiencia, las CCC, por su tecnología, deberían cubrir la sobredemanda puntual de consumo energético no planificado. Pero ni se construyeron para esa función de respaldo, ni con la capacidad que precisaba el sistema, sino por moda tecnológica y por los dos gaseoductos que trasportan gas desde Argelia a Europa por España y, desgraciadamente, ninguna, caso de León, donde se cierran las térmicas, aunque el carbón esté al lado y el gas venga todo de fuera. Ahora se dirá que serán necesarias para respaldar las renovables, pero cuando se construyeron, las aspas que se veían eran casi todas de los molinos que engañaron a Don Quijote por La Mancha.
Porque, aunque el objetivo de emisiones cero de la Conferencia de París está en el 2050, y el de la descarbonización en 2030, las prisas son más las de los hechos consumados y a que en 2018 el Estado suprime el pago por disponibilidad y se deja de subvencionar a las térmicas para que adecuasen sus instalaciones a la normativa de emisiones contaminantes. ¡Ah si el Estado en vez de tirar el dinero de todos y mucho en dar subvenciones, lo hubiera capitalizado en esas empresas Energéticas, o sea, hubiera entrado en su capital social por esas aportaciones! ¡Ahora las centrales nucleares serían de todos los españoles!
Porque lo de la Moratoria Nuclear fue un trampantojo que consistió en un rescate similar al reciente de la banca. El Estado resarció toda su inversión en Lemóniz a la vasca Iberduero para que se quedara con la quebrada Hidroeléctrica Española, de ahí Iberdrola, y ese Estado español absorbió, a través de la pública Endesa, la deuda de la catalana FECSA, que eran las que habían metido lo que no tenían en la construcción de centrales nucleares.
Y ese trampantojo se paga desde el Gobierno y el cinismo de González y se sigue cargando en el recibo de la luz como pena de prisión permanente revisable y, no solo eso, sino que de los residuos, que parecen llevarse a vertedero seguro, se hacen cargo los españoles a través de la empresa estatal ENRESA sin que se responsabilicen sus dueñas, y, aun así, pretenderían cerrarlas sin costear su desmantelamiento si el Estado no se encarga de las inversiones para prolongar su actividad, que se podría ya que no han generado peligro hasta la fecha que se sepa.
Porque, por regla de tres, si se trancan las térmicas de Anllares, La Robla, Velilla, debido a la contaminación, ¿no contaminarán más Madrid y Barcelona?
¡Ay mi bobín españolín! ¡Cómo lo guardan! Porque por el desmán de la Política Energética y las Eléctricas el recibo de la luz sube y sube empobreciendo España.
¡Ay mi minerín del alma! ¡Cómo te engañan! Porque, por ecologismo, se entierran millones de euros para tapar la huella del carbón que, mejor, cubrirían necesidades básicas y porque donde cierran térmicas, aunque lo perjuren, nadie devolverá la voz al silencio de esos pueblos de los que sin futuro las familias marchan.
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