Como no soy forofo del fútbol ni de ningún club que se dedique a este deporte de masas, no puedo dar las gracias a Lionel Andrés Messi Cuccittini, más conocido como Leo Messi, por haberme hecho disfrutar de tardes inolvidables en el deporte rey, o por haberse quedado en el Barcelona después de haber organizado la mundial comunicando en un burofax tajante que se iba, pero sí se las quiero dar efusivas por no haber apoyado el independentismo en Cataluña ni haber jaleado las locuras secesionistas del que se dice Més que un club.
Como español es lo que agradezco a Messi de todo corazón porque él, a pesar de las presiones ejercidas dentro y fuera del FC Barcelona, y a diferencia de otros paisanos suyos dedicados a la política en España, como el podemita y también rosarino Pablo Echenique Robba y el secretario tercero de la Mesa del Congreso de los Diputados, Gerardo Pisarello, promotor de la desaparición de los símbolos monárquicos en el Ayuntamiento de Barcelona, jamás ha pronunciado frase alguna contra España o a favor de su ruptura y secesión de Cataluña, ni portado estelada o cualquier otra alegoría del dislate. ¡Y mira que lo han intentado por activa y por pasiva desde el Més que un club y aledaños! Solo lo consiguieron con el imbécil de Hristo Stoichkov. ¿Se imagina la legión de felones independentistas que habría florecido con el apoyo incondicional del mejor jugador del mundo y dueño y señor de los destinos del Barcelona durante años? Y buena prueba de lo que escribo es que cuando el 16 de mayo de 2019 recibió la Cruz de San Jordi de manos del Presidente de la Generalitat Joaquim Torra i Pla “por ser el mejor futbolista de todos los tiempos” y por representar valores como “la humildad, la honestidad, el aprendizaje, la creatividad, el sentido de equipo y el respeto”, así como por su donación al Hospital San Juan de Dios para la construcción del Pediatric Cancer Center, dio las gracias en castellano y en un comentado gesto fue el único asistente que no aplaudió los cánticos de “libertad presos políticos” que vociferaron los asalariados del “procés” y corearon los acojonados de siempre. ¡Bravo, Messi!
Para algunos, los más forofos, la salida del Barcelona del nen rosarino hubiera sido una invitación al suicidio o, cuantos menos, a darse baja como abonados, que para ellos es como quitarse la vida. No en vano Messi recaló en el Barcelona con 12 años (tiene 33), después de empezar a jugar a los 6 en la escuela infantil Malvinas Argentinas, de Newell’s, de la que despuntó en distintas categorías. Tras organizarse el quilombo con el documento en el que daba por terminada su relación con el FC Barcelona, muchas fueron las voces sobre el destino del poseedor de 5 Balones de Oro, 4 Pichichis, 4 Botas de Oro, 3 Mundiales de Clubs, y ganador con el FC Barcelona de 10 Ligas, 4 Champions, 6 Copas del Rey, 8 Supercopas de España, 3 Supercopas de Europa y 3 Mundiales de Clubs. Y entre las peticiones y tratándose de un argentino no pudo faltar la del presidente de su país, el peronista Alberto Ángel Fernández Pérez, que dirigiéndose al astro futbolístico le dijo: “Estás en el corazón de todos nosotros y nunca pudimos verte jugar en nuestra tierra. Danos el gusto de terminar tu carrera en Newell’s Old Boys”.
Después de dos semanas de tira y afloja, de órdago a la grande y jaque mate de Josep María Bartomeu, Messi ha decidido quedarse en el FC Barcelona el año que le queda de contrato “porque jamás iría a juicio contra el club de mi vida. Por eso me voy a quedar en el Barcelona”. Y porque no está dispuesto a pagar los 700 millones de su clausula de rescisión, añado yo. La pela es la pela aquí y en Rosario. Messi quiere acabar con éxito la última etapa de su carrera y no está seguro de que en el Barsa pueda lograrlo, por eso ha atacado con dureza a Bartomeu, al que no quiere ver ni en pintura y que, si cumple con su palabra, no se presentará a las elecciones anunciadas para la segunda quincena de marzo de 2021. No sé si la nueva Directiva que salga de los comicios sabrá darle a Messi el equipo que necesita para ganar Liga y Champions, pero lo que sí parece muy probable es que los sucesores de Bartomeu sean independentistas hasta las cachas y quieran convertir el Camp Nou en un festival secesionista en cada partido que juegue el primer equipo de ese club querido y respetado antaño en toda España. Y si fuera así, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), la Liga Nacional de Fútbol Profesional (LNFP), el Consejo Superior de Deportes (CSD) y cuantos organismos públicos tengan aún dignidad y redaños, lo que tendrían que hacer, que es lo que se haría en Francia, Italia y Alemania, por no ir muy lejos, es expulsar al FC Barcelona de la Liga y si le apetece y le quedan ganas que juegue una liguilla (no daría para más) anual con el Lleida, el Girona, el Badalona, el Cornellá, el Sabadell, el Olot y el Gimnàstic. A mí me encantaría, que quiere que le diga.
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