El campeón no necesita enemigos, solo necesita rivales. Así Nadal Federer, España-Italia del otro día, los grandes.
Los verdaderamente grandes sólo necesitan adversarios, oponentes, cuanto mayores mejor, porque les hacen más grandes.
El adversario u oponente se convierte en enemigo cuando hay mala voluntad de verdad, cuando se le desea al rival el mal, -no de broma, como diversión, tertulia, rivalidad o infinito motivo de relación social y chascarrillo, sino cuando, torpemente, se le desea el mal a aquel que precisamente permite a nuestro equipo ser más grande con nuestro partido y nuestra victoria y sin el cual, nuestro equipo o deportista favorito no habría llegado ni podría continuar siendo el que es.
Porque quién te hace grande al final es el rival. Al Barcelona el Madrid y el Madrid al Barcelona, el Bayer al París y el París al Bayern, al R.Oviedo el Sporting y al Sporting el Real Oviedo. A Nadal, Federer y Djokovic y los demás. Y viceversa. Al que con esfuerzo y en buena lid, logras vencer.
Sin ellos no habría nada, no habria esfuerzo ni superación. Al «enemigo» deportivo y sobre todo futbolístico real, -no al rival que sirve de divertimento con los amigos,- lo construye uno mismo con sus prejuicios que le sirven para vencer sus frustraciones.
Quien te hace grande es el rival. Y como demuestran todos los días de una manera ejemplar los deportistas paralímpicos, de todos los rivales el rival mayor es uno mismo.
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