La culpa fue del Cha-cha-chá / Si fue del Cha-cha-chá / Que me volvió un caradura / Por la más pura casualidad. Ese era el estribillo del gran éxito de Gabinete Caligari. La canción iba dedicada a una mujer de Barcelona de apellido Brunet y es la que les aupó a un enorme nivel de popularidad.
Este hit- single estaba incluido en el disco “Privado” que se publicó en 1989. Por aquel entonces, nuestro ínclito Pedro Sánchez, solo era un adolescente de 17 años, pero por lo visto, ya apuntaba maneras y empezaba a tener bastante experiencia en “lo de echar balones fuera”, como buen aficionado y jugador, que lo fue, del “Club de Baloncesto Estudiantes”, hasta los 21años.
Visto lo visto, la pegadiza canción que sonaba a todo trapo en todas las disco-pubs y antros del momento, debió de gustarle mucho y especialmente su estribillo, ya que años más tarde, siendo ya presidente, lo sigue usando como muletilla –cada vez que le surge un nuevo problema en el Gobierno de España, con o sin motivo de sus conmilitones y socios de gobierno– para echarle la culpa de todo lo malo siempre al PP, estuviera gobernando o en la oposición. Todo lo bueno que pueda acaecer es mérito, única y exclusivamente suyo y, ni siquiera lo comparte con sus elatas vicepresidentas.
Todo al revés de lo que cualquier líder o jefe con “autóritas moralis”, que no con poder, haría. En el manual de la buena gestión, se afirma que para el buen gestor, todos los méritos deben ser de y para su equipo y los fallos solamente para él. Así es el personaje que tenemos por presidente en España. Vemos –sin asombro ni extrañeza– que ha cambiado la primera parte del estribillo de “la culpa fue del Cha-cha-chá”, pero no la segunda, pues observamos que, el paso de los años y las responsabilidades (¿?) le han convertido en un tremendo “caradura” y que no ha sido “por la más pura casualidad”, como en la canción.
Cuando era secretario general del PSOE y diputado, ante cualquier subida de impuestos o de productos de consumo de primera necesidad, por pequeña que fuera, siempre tenía a uno o varios responsables del PP a quienes culpar de que la pobre ancianita –en el caso de la subida de la luz o el gas– no pudiera poner la calefacción y pasara frio en invierno, pues esto era –aparte de injusto y muy inhumano– muy propio de los partidos fascistas y derechones. Tras llegar a la presidencia del Gobierno y prometer su cargo—sin la Biblia y la cruz—pero sí ante un ejemplar de la Constitución– el 1 de junio de 2018 en el Palacio de la Zarzuela, siempre encuentra a quien culpar de todo para eludir sus responsabilidades. Cuando se encuentra acorralado y sin salidas recurre a otra de sus grandes virtudes, la mentira. Tanto y tan bien la usa, que ya no distingue cuándo miente o cuando dice verdad. Tan acostumbrado está a la trola, que miente, incluso, hasta cuando nos miente. Por eso, cambia al culpable “Cha-cha-chá”, unas veces por Aznar, Rajoy, Zaplana, Rudi y, otras muchas, por Cospedal, Soraya, Casado, Abascal, Feijoo, o por cualquier responsable político de la oposición que no le baile el agua como a él le gusta.
Tan intensamente siente lo de que la culpa nunca es suya que, últimamente, hasta se ha atrevido a hacer responsable de todos sus males presidenciales y de las desgracias económicas de España –que no son sino la de todos los españoles—a la mismísima Unión Europea. ¿Recuerden cómo nos mintió por expresa indicación suya, en plena ola del Covid-19, su vocera y cuentista ministra de Hacienda –Montero– cuando nos dijo que el Gobierno no podía bajar el IVA de las mascarillas porque La UE se lo prohibía? Nuestro presidente, en el arte de mentir y de echar balones fuera, se supera cada día a sí mismo. Tanto es así, que de existir “Pinocho” –la marioneta, con forma de niño, tallada en madera por el carpintero Geppetto y que mágicamente cobró vida—le rendiría pleitesía en reconocimiento a su “maestría en el arte de mentir”.
Por mucho que le recuerdan que, antes de la invasión de Rusia, los precios y los impuestos ya eran muy elevados por los “errores” del Gobierno, y le exigen bajarlos, él, haciendo oídos sordos, se empecina en repetir, una y otra vez, el “mantra de la mentira”, diseñado estratégicamente para esta ocasión– intentando convencernos con sus dotes de vendedor, de mantas, medias de nylon, peines, y hojas de afeitar “palmera”, al más puro estilo de “Ramonet” (el charlatán número uno de los mercadillos ambulantes de Orihuela)– que es muy importante decir la verdad a los ciudadanos, porque la inflación y el alza de precio de la energía del último mes, solo es culpa de la “guerra ilegal” de Vladimir Putin. No contento con esta “hiper-mega-magna” trola, extiende su culpa también al 2021, porque, según ha dicho, llevaba más de unos meses preparando ese conflicto en Ucrania.
Sánchez, aparte de ser un experto en evasivas, un maestro del escaqueo y un geómetra de la tangente, es el presidente de las mil y una coartadas.
Primero utilizó la pandemia y hoy utiliza la guerra. Hace demasiado tiempo –por no decir desde que ascendió a presidente—que los problemas de los españoles han dejado de ser sus problemas y se han convertido en los problemas de todos los demás. Antes de que Putin invadiera Ucrania, la inflación ya estaba por encima del 7% y, el precio de la luz, el gas y los hidrocarburos marcaban un récord tras otro. Además, los autónomos cada día pagan más cuota, las familias ven como la cesta de la compra está más cara y más vacía, a los agricultores y ganaderos les cuesta más producir y obtiene menos rendimientos por sus productos, los transportistas se han visto obligado a convocar una huelga indefinida, por que el precio de los portes no les cubren los gastos y, ya empiezan a escasear algunos productos en los supermercados (aceite de girasol, leche, pescado, frutas, verduras productos cárnicos, cerveza, cereales,etc.,) al no llegarles las mercancías. Esto podría conllevar la pérdida de más de 100.000 puestos de trabajo directos amén de los cientos de millones de euros perdidos en estos últimos días.
Los españoles no se merecen tener unos Ministerios cuyos titulares apoyan abiertamente a Putin, llaman al PP y Vox los partidos de la guerra y desestabilizan a España. No pueden sus ministras, una tras otra, ir repitiendo en todos los canales televisivos y calificar a la huelga del transporte de “boicot alentado por la extrema derecha”. Bueno, sí pueden y, además, están obligadas a seguir el “mantra de la ultraderecha” que les dicta su corifeo Sánchez. Es evidente, que su credibilidad como presidente del Gobierno está por los suelos y más bajo ya no puede caer.
Para volver a confiar un poco en él, como presidente –que no como persona—debería para empezar, suprimir ya esos ministerios vacíos de contenidos y que sin embargo dilapidan millones de euros en políticas feministas y en reformas de despachos, que no valen para nada ni conducen a ninguna parte, excepto para pagar su cuota de poder: ¿Podemos permitirnos el lujo , con la pandemia todavía amenazando la salud pública y la incierta recuperación económica en el punto de mira, que el Ejecutivo destine 158,34 millones de euros en campañas publicitarias de cinco de sus 22 ministerios? ¿Alguien puede explicarnos por qué el ministerio de Igualdad recibe el doble de recursos que otros ministerios claves, como Sanidad, Interior o Hacienda, cuando es un ministerio que, Igual-dá que esté como que no esté? ¿No consideran inmoral que el Gobierno de España malverse 100 millones de euros de los fondos europeos para la rehabilitación energética de 42 edificios del patrimonio sindical acumulado? ¿Señora Yolanda, como activa comunista de “pro” y que ha echado los dientes en el Partido Comunista de España –el original y primigenio– le parece a Ud. ético, justo y decente que su ministerio apruebe indolentemente una partida de 17 millones de euros en subvenciones a los sindicatos de clase –al suyo y a UGT, mientras cientos de miles de familias españolas no pueden llegar a fin de mes ni hacer frente a los insolidarios precios de los carburantes, de la luz, del gas y cesta de la compra?
¡Qué bien saben Uds. aplicar aquel famoso aforismo –hoy le llamaríamos mantra—de “no es lo mismo predicar que dar trigo”! Mientras nos aconsejan encarecidamente no cambiar de móvil, viajar en bicicleta, no encender la calefacción y hasta aprovechar las ofertas de los supermercados para así reducir el consumo, Uds. siguen pisando alfombra roja, ocupando inalterables sus sillones ministeriales y sin bajarse ni un miserable euro de sus opíparos sueldos. ¿No les parece chocante e incluso sospechoso que los sindicatos españoles, a diferencia del resto de los países europeos, apoyen fielmente al Gobierno y no se manifiesten en su contra? ¡“El que regala bien vende si el que recibe lo entiende”, que dirían nuestros abuelos!
Sr. Sánchez, se publica, se lee y se comenta en los mentideros de la información y transmitido por las lenguas de doble filo, que su tan cacareado viaje a ocho países europeos para verse con sus respectivos presidentes y aunar posiciones energéticas y bajadas de impuestos –antes de la cumbre europea del próximo 24 de marzo– encubre un nuevo capítulo de la docuserie que la productora del Grupo “Secuoya” le está realizando y, así poder demostrar al mundo entero lo importante que es como presidente de España a nivel de la UE. No andan desencaminados quienes así opinan. Esta “operación de autobombo” ¿no sería el pago a esos préstamos avalados por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) por valor de 17, 7 millones de euros?
Tiempo al tiempo, pues lo que hoy cuesta saber, mañana es gratis.
A parte de sus importantes y carismáticas entrevistas con los presidentes europeos, ¿no debería dejar de mentirnos con la promesa que el próximo 29 de marzo—tras la cumbre europea– el Consejo de Ministros adoptará un paquete de medidas para bajar los precios de los combustibles y así mitigar los efectos económicos de la guerra en Ucrania.? Si tuviera intención de hacerlo ¿por qué esperar al día 29 y no hacerlo mañana o pasado?
¡Deje, de una vez por todas, de tomarnos por “tontos del haba”! De sobra sabemos que si quiere, el Gobierno español puede bajar los precios de los combustibles –ya mismo–sin esperar a Europa. El resto de países ya lo están haciendo. Lo que pasa es que el Gobierno no quiere dejar de “forrarse a costa de esta desorbitada subida”, como hace días le espetó Núñez Feijóo, el nuevo presidente del PP. La única razón es que el sociopodemismo no quiere ni puede permitirse el lujo de perder ingresos ni de recaudar menos: necesita mantener el voto cautivo.
Si sigue el ejemplo de los gobiernos europeos, reduce la presión fiscal y baja el precio de los combustibles y de los productos de primera necesidad antes del día 29 de marzo, como una pequeña muestra de su “conversión” — aunque no se caiga del caballo en el camino hacia Damasco– quizás así y, solo entonces, le demos un voto de confianza como presidente. Aunque conociendo su naturaleza –la del escorpión— sus principios y como se las gasta, creo que nos vamos a quedar con las ganas.
Esto es para exclamar, como solía hacerlo un compañero–en mis tiempos de diputado de la Asamblea Regional de Murcia– cuando en plena exposición de su moción se quedaba sin argumentos y, entonces, sin cortarse un pelo, exclamaba: ¡Toma higos, Pepa que s´abusanan! La verdad, nunca llegamos a entender lo que quería transmitir con esa interjección tan poco política y, sin embargo, tan ecológica y de la “güerta” murciana.
Este diputado, al menos no le echaba la culpa a nadie, a diferencia de nuestro ególatra y narcisista presidente. Últimamente la culpa de todo, ya no es “del Cha-cha-chá” que le volvió un “caradura y no fue por pura casualidad.
Pedro Manuel Hernández López, medico jubilado, periodista y ex senador.
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