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OPINIÓN

Manuel del Rosal: «Nos roban el trabajo y la dignidad. Nos quieren humillados»

25 Mar 2022 - 19:04 CET
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Nos roban el trabajo y la dignidad. Nos quieren humillados

“El salario, la hoja de la paga, es algo muy distinto de una entidad económica. Es el honor del obrero que la enseña a su mujer. Allí encuentra la prueba de su valor de hombre que le pone al abrigo de la humillación” Raoul Vergez: Los Yunques de Cristal

“No queremos subsidios ni subvenciones, queremos un trabajo digno que nos permita vivir dignamente a nosotros y a nuestras familias” Esto lo ha dicho Manuel Hernández líder de la Plataforma en Defensa del Sector de Transporte.

Sánchez y su gobierno de pijos nos roban el trabajo y la dignidad, nos quieren humillados como los perros echados bajo la mesa del banquete que ellos y sus conmilitones se meten en sus orondas barrigas, esperando recibir el hueso mondo y lirondo como limosna para roer. Y esto es así porque la izquierda ama profundamente a los pobres; sabe que son la sustancia de la que se alimenta para, mediante subsidios y subvenciones de miseria, hacerles ver que ellos, la izquierda, al menos les permite respirar que no vivir. Por eso las izquierdas en todos los países aumentan la pobreza.

¿Trabajaron alguna vez en sus vidas? ¿Sintieron el orgullo de llevar a casa el primer sueldo obtenido por el trabajo realizado? ¿Han llegado al hogar cansados tras 10 horas subidos en un andamio, o torneando una pieza, dando forma a una madera en bruto, levantando la pared de una casa, tirados bajo un automóvil revisando y arreglando sus averías, tras conducir cientos de kilómetros con los ojos enrojecidos y las piernas rígidas, subidos a torres de alta tensión, lanzando las redes a un mar inclemente…No, ellos, Sánchez y todos los que le rodean que viven del erario público tienen sus manos muy finas y su piel suave, que contrasta con la dureza de sus mentes orientadas tan solo hacia el poder a costa de lo que sea.

Como jamás han sabido lo que es un trabajo y la responsabilidad que conlleva, como nunca sus frentes se han bañado en el sudor del esfuerzo y, durante toda su vida, no han hecho nada más que especular, intrigar, manipular, mentir, sobar a quienes les podían aupar – ¿se han dado cuenta de que, para subir, en ocasiones, se adopta la misma posición que para reptar? – carecen de la dignidad que un trabajo confiere a quien lo realiza, carecen de cualquier dignidad. El trabajo de Sánchez y de todos sus conmilitones ha sido y es: Traficar con la mentira, mercadear con el opio mental, vender lo peor a través de la verdad pervertida y adulterada y hacer que el número de pobres aumente. Las mañanas heladas en el camino al trabajo de los trabajadores, de los que mantienen al país para que ellos lo esquilmen, les son desconocidas. Y en su loca ambición de totalitarismo, de poder absoluto, de manipulación sin tasa, de intoxicación de las mentes de los ciudadanos; en vez de proporcionarles oportunidades y futuro, le dan limosnas; ruines y mezquinas limosnas con las que comprarlos como ciudadanos y como personas para hacerles comprender que el único camino a seguir es el de la sumisión, el único futuro el de la limosna, el único horizonte el que le limita ese gobierno. Y, para que el pasado no les avise, les hacen creer que las perlas más preciosas – trabajo y libertad – que nos legaron nuestros padres y nuestros abuelos hay que tirarlas a los cerdos y aceptar la sumisión y la humillación de una mísera limosna.

Sánchez y su cáfila de afines saben que, cuando el hombre tiene ante él oportunidades y un futuro que va a depender de su esfuerzo, su mérito y su dedicación, no acude a las limosnas, sino a esa oportunidad a ese trabajo que le va a garantizar un futuro para él y para los suyos en el ejercicio de su libertad. Sánchez y su camarilla de pijos izquierdosos no quieren hombres libres, quieren hombres genuflexos ante ellos por el hueso pelado que, del banquete pantagruélico que ellos disfrutan, les tiran bajo la mesa.

Manuel del Rosal

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