No, no me refiero a “Piolín”, ese simpático canario amarillo, cuyo principal enemigo en teoría, no es el presidente Pedro Sánchez— aunque podría muy bien serlo, visto el componente despectivo usado al aplicarlo cicateramente a las fuerzas policiales– sino el malvado gato “Félix”, el que siempre anda a la zaga para capturarlo y darse un pequeño homenaje gastronómico a su cuenta.
No, este presidente sátrapa no fue creado por Bob Clampett de la Warner Bross, como le ocurrió a Piolín, sino por un neo partido “sanchista” (que no socialista) pues él ya se encargó muy bien de refundarlo, desde sus cenizas—como el ave fénix—a su imagen, semejanza y para gloria y culto de su henchido narcisismo apoyado por sus paniaguados y comunistas socios que basan su cohabitación en una especie de mutualismo simbiótico, ya saben: “tú me das, yo te doy, tú me apoyas, yo te apoyo”. Es una mera transacción comercial, ya que ni creen en el proyecto de una España unida, libre y democrática y, mucho menos en su régimen monárquico y parlamentario avalado por la Constitución.
A diferencia del sociópata narcisista en cuestión, “Piolín” (Tweety, en inglés) fue creado, para la famosa serie de dibujos animados “Looney Tunes”, con una misión objetiva, social y altruista: hacer felices a todos los niños del mundo y a sus familias para paliar, en lo posible, las tristezas y penas de este perro mundo y todo lo malo que los ególatras y megalómanos dirigerentes mundiales se empeñan en infringir a la humanidad. Sánchez, el presidente “felón” por excelencia, con la cicatería que nos tiene acostumbrados, ha vuelto una vez más a “coger el rábano por las hojas”, aunque, en esta ocasión, no de forma equivocada, sino con la aviesa intención de confundir a la sufrida ciudadanía—y de paso y como el que no quiere la cosa—zaherir al PP y, muy especialmente a los miles de policías nacionales y guardias civiles desplazados a Catalunya, en vísperas del 1 de octubre de 2017, para salvaguardar la seguridad ciudadana en pleno referéndum ilegal del 1-O, durante la llamada “Operación Copérnico”.
Si ya dirigirse de forma barriobajera y petulante –a los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado (FFCCSE) encargados de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades de todos los ciudadanos, residan donde residan, y garantizar su seguridad– es de una vergüenza inconmensurable e inadmisible y, más en boca del presidente de España y, lo es mucho más –pues raya en la inmoralidad política– hacerlo desde su escaño presidencial en el Congreso, donde reside la soberanía del pueblo español, y llamar despreciativamente “piolines” a quienes están obligados a defender, sí o sí, a todos los ciudadanos con independencia de su ideología política (Art. 104.1 de la Constitución).
El “Moby Dada”, bautizado como “Piolín”—por contar con un enorme dibujo del personaje animado en su casco–, fue el gran protagonista durante las luctuosas efemérides de Catalunya. En el fueron alojados los policías y guardias civiles, destinados a tal fin. Durante 57 días tuvieron que compartir un incómodo alojamiento en sus camarotes y un peor catering, en el que tanto la calidad como la cantidad brillaban por su ausencia. A todos ellos son los que el presidente Sánchez ha humillado explícitamente, impune y sañudamente con sus ingeniosas, hilarantes e irónicas palabras al llamarles “piolines”.
Por mucho que el ministro del Interior Marlaska (de quien todos ellos dependen) sin “Grande” (pues lo de Grande lo perdió junto con su dignidad moral, ética y judicial desde el momento que entró en política al servicio directo y personal, como chico de los recados, del señorito Sánchez) intente desvirtuar, con su habitual verborrea de ex juez, las ocurrencias de su jefe, amo y señor y, diga ahora –que lo que quiso decir “cuando dijo digo, no era digo, sino Diego”— que las palabras de Sánchez llamándoles “piolines” tenían la única intención de destacar las condiciones “indignas” con las que el ejecutivo del PP (cómo no) envió a miles de agentes a Catalunya.
Las críticas desde todos los estamentos sociopolíticos no se han hecho esperar, han brotado a borbotones y han puesto de manifiesto la bajeza moral y política del presidente, no solo desde las filas de los partidos de la oposición sino también desde las principales organizaciones de las fuerzas de seguridad, el sindicato policial JUPOL y la asociación de guardias civiles AUGCD, e incluso desde los medios informativos no estatales.
Escucha, Pedro Sánchez:
A esos, a los que ahora tú llamas con desprecio “piolines”, los volaban y saltaban en pedazos con bombas-lapa, no hace mucho tiempo, en las casas-cuartel donde residían por imperativo legal, con sus mujeres e hijos…
A esos, a los que ahora tú humillas llamándoles “piolines”, tienen que llevar en su uniforme—si tu Marlaska de turno aprueba el presupuesto—un chaleco anti-balas y cavar a mano y a golpe de pico y pala pozos en Mali o en cualquier otro país a donde se les destine en misiones especiales…
A esos, a los que tú llamas con sorna “piolines”, se dedican a inspeccionar y vigilar los alcantarillas por donde vas a pasar montado en uno de tus coches oficiales que pagamos todos, incluso “los piolines” para evitarte un atentado que podría ser mortal…
A esos, a los que tú llamas con ironía “piolines” son los que arriesgan su vida por rescatar a un borracho del rio mientras se hacía un selfie con sus amigos en el pretil del puente…
A esos a los que tú ahora llamas sarcásticamente “piolines”, son los mismos que tuvieron que vivir hacinados, mal comiendo y mal durmiendo durante varios meses a bordo de un ferry anclado en el puerto de Barcelona y Tarragona, casi a punto de ser desguazado, separados de sus mujeres e hijos…
Esos mismos, a los que tú te empeñas en desdeñar llamándoles “piolines, fueron amenazados, insultados y expulsados de varios hoteles en Calella y Pineda del Mar por cientos de personas de los GDR´s, teniendo que aguantar impertérritos y tragando saliva los gritos de: ¡Fuera de aquí, las ratas venidas de Madrid!, por el mero hecho de ser policías y guardias civiles, enviados y alojados en ellos, por orden del ministerio del Interior para salvaguardar la paz, la libertad, el orden y proteger las vidas de los ciudadanos catalanes, mientras sus hijos eran acosados en los colegios…
A esos, a los que llamas con displicencia “piolines” han tenido que rescatar a muchas personas e incluso a sus mascotas –soportando altísimas temperaturas y arriesgando sus vidas—con motivos de las pasadas erupciones del volcán de la isla de la Palma, o en arriesgados rescates de alta montaña o en los salvamentos marítimos de miles de emigrantes en las costas de Baleares, Canarias, Almería y Murcia o en las actuaciones marítimas contra el tráfico de drogas en Galicia y Andalucía…
A esos, a los que llamas frívolamente “piolines”, son los que llevan asistiendo a múltiples entierros de compañeros asesinados a sangre fría y con un tiro en la nuca a manos de los “gudaris” de ETA. Desde el primer atentado cometido contra la persona del guardia civil José Pardines Arcay en 1968, han sido 429 guardias civiles y policías nacionales los que han perdido su “piolínica” vida en múltiples atentados con coches-bomba y, ahora, a esos mismos asesinos son a los tienen que saludar con respeto y pleitesía, por ser concejales o diputados del Parlamento vasco…
A esos, a los que llamas irreflexivamente “piolines”, son los que dedican cada segundo de su vida en proteger y defender –cueste lo que cueste– todos los segundos de las nuestras, incluida la tuya y la de tu familia. Y todo esto lo hacen sin recibir nada a cambio, ni siquiera esa gran Cruz de la Orden de Carlos III, que le fue concedida por sus servicios a la Corona al impresentable más impresentable, embaucador de masas, nuevo miembro de la casta y nuevo rico, Marqués de Galapagar, D. Pablo Iglesias Turrión, junto con sus compañeros de camarilla ministerial Celaá, Ábalos, Batet, Duque, etc., y así, hasta dieciséis cruces repartidas a mogollón y aprecio de baratillo…
Mira y escucha, Pedro Sánchez, ejemplos como estos de los “piolines” te podría contar cientos a tí, a tus 22 ministros y a esos 764 asesores, altamente cualificados y designados “dedocráticamente”…pero ¿qué decirte a estas alturas que tú no sepas?, y más teniendo ese famoso CNI, al que por valorarlo tanto, has obligado a la servil Margarita Robles, la ministra de Defensa, a “sustituir” (que no a destituir) a su directora, después de una actividad ejemplar en todos los sentidos, durante casi 40 años. Cada día te pareces más al “Gran Hermano” de la distópica novela “1984” de George Orwell. La invención de una neo-lengua para tus cicateras y narcisistas decisiones políticas, te delata.
Te pediría, una vez más, que si te queda algo de moralidad, de bonhomía y de dignidad política, dimitieras sin esperar a las próximas elecciones generales, por todas las felonías que has cometido contra la Corona, la Constitución y el Estado de Derecho, como presidente “legalmente elegido”, desde tu asalto a la Moncloa. Pero, si a día de hoy aún no lo has hecho, no lo vas a hacer por la nimiedad y frusilería de llamar “piolines” a los agentes y policías que dependen de tu fiel y sempiterno escudero Marlaska, sin “Grande”.
No es de extrañar, que contigo como presidente de España, estemos a la cola de la UE en casi todo lo bueno y, a la cabeza, en todo lo malo. Sin embargo no hay que desesperar, pues creo que fue Margaret Thatcher la que dijo que: “El socialismo dura hasta que se le acaba el dinero quitado a los ciudadanos”, o que “es la filosofía del fracaso, el credo de los ignorantes, el evangelio de la envidia y su máxima virtud es el reparto igualitario de la miseria”, frase atribuida al gran W. Churchill.
Pedro Manuel Hernández López es médico jubilado, periodista y ex senador por Murcia.
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