Si los sucesos acaecidos en Saint Dennis en la final de la Champions se hubieran producido durante la segunda vuelta de las elecciones en Francia, es posible que el inquilino del palacio del Elíseo fuera Marine Le Pen y no Emmanuel Macron.
Saint Dennis es una comuna francesa ubicada en la región de Isla de Francia. Creada inicialmente como un suburbio industrial, se ha convertido en los últimos tiempos en una localidad residencial habitada fundamentalmente por inmigración musulmana proveniente de las colonias francesas. Y con los sucesos del pasado sábado en la final de Champions, una muestra más de racismo de quienes son acogidos en Europa contra los europeos y una muestra más de cómo el Estado de Derecho lo es sobre todo para quienes viven de la subvención financiada con nuestros impuestos. No queda ahí la cosa, Saint Dennis es una foto permanente en el tiempo y variable según lo que va sucediendo de lo que está haciendo que en Europa la ultraderecha vaya subiendo despacio, pero con paso firme. Los europeos cada día estamos más hartos de que nos detraigan de nuestros ingresos impuestos para acoger la inmigración con la cantinela de los derechos humanos, la Europa solidaria y la multiculturalidad que, desde hace años, se ha demostrado que es imposible. Si lo del sábado hubiera sucedido durante la segunda vuelta de las elecciones en Francia ¿estaría viviendo en el palacio del Elíseo el señor Macron? Puede que la manifestación de salvajismo exhibida por quienes nunca se sentirá franceses ni europeos, hubiera hecho reflexionar a los votantes. De momento Macron está desaparecido desde el sábado.
Europa es una pura hipocresía de sus dirigentes que elevan sus voces llenándoseles sus bocas de palabras como solidaridad, tolerancia, acogida, multiculturalidad, sostenibilidad etc, al tiempo que millones de personas inmigrantes como las de Saint Dennis son abandonadas a su suerte, pero eso sí con una asignación de por vida para que puedan respirar. Porque Europa utiliza a los inmigrantes para dar brillo a su imagen y para hacer creer a los ciudadanos europeos que es bueno para todos abrazar la inmigración que viene a “garantizar nuestras pensiones”. Y a esto hay que añadir que el Estado de Derecho europeo mima a millones de inmigrantes poniendo sus derechos por encima de los derechos de los europeos. Luego se asombran de que la mal llamada ultraderecha vaya caminando sin prisa, pero sin pausa y se rasgan las vestiduras en Bruselas acomodados magníficamente en sus despachos, se mesan las barbas porque no entienden que los ciudadanos estemos hartos de vivir cada día más en precario económica, judicial y socialmente frente a la avalancha de privilegios que los medios de comunicación, servidores fieles del poder, esparcen por toda Europa.
Michel Houellobecq, autor del libro “Sumisión” dice esto sobre la invasión del islam en Europa: “La delincuencia lo invadía todo; cada vez era más frecuente que grupos de jóvenes atacaran a los viandantes en pleno día en mitad de los centros comerciales. En cuanto a la vida nocturna, ni soñar con ella; hacía mucho tiempo que las mujeres no se atrevían a salir a salir solas después de la puesta de sol. El integrismo islámico había adquirido proporciones alarmantes; después de Londres, Bruselas se había convertido ahora en un santuario terrorista. En las calles, en las plazas cada vez más mujeres con velo”
Y esto que escribo no son frases, es la realidad vivida en Barcelona por una señora que tiene una mercería en un barrio obrero de la ciudad: “Estoy hablando con una mujer árabe, una de mis clientes: Pero cómo podéis consentir que os traten así los hombres, no os gustaría estar como nosotras – le digo. No entendéis nada, estáis ciegas, no os dais cuenta de que sois vosotras las que terminareis como nosotras- me contesta”
Y en el 2024 los Juegos Olímpicos se celebran en Paris.
MAROGA
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