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OPINIÓN

Victor Entrialgo De Castro: «Nada que usted no sepa»

11 Oct 2022 - 16:14 CET
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Sabe usted mejor que yo, estimado lector, que político no es hoy ni vocación ni oficio, sino más bien medio de vida.

En buena parte de nuestros «supuestos representantes» no hay un adarme de servicio publico, sino una instrumentalización del mismo con  fines privados o beneficio propio. Las excepciones, que las hay, confirmarán esta reflexión.

Buena parte de nuestros diputados y senadores no entran en la sede de la Soberanía popular con vocación de servicio público sino más bien la de Buscón, de nuestra picaresca del siglo de oro. Sólo que el nuestro no es de oro.

La mayoría tampoco lo hacen despues de acreditar prestigio en el sector público o privado sino como medio de conseguirlo. Y, lo primero y fundamental, no han sido elegidos directamente por los ciudadanos. No es verdad.

En las Cortes, como en las instituciones, se entra por lo general a través de una secta, haciendo más o menos méritos para favorecer los intereses propios o los de un tercero. De una familia natural, o política.

A veces se juntan las dos familias y duran más que el régimen de Franco, que tanto citan. Es el caso Pujol, donde seguimos esperando que salgan los muchos juicios que revelen aún más, si cabe, lo que el separatismo entraña y esconde. Un negocio formidable.

Muchos son hoy los que entran en política «to earn a living», que dicen los ingleses, para ganarse la vida o para beneficiar negocios públicos o privados, con las que se está de un modo u otro vinculado.

Pepiños, Bárcenas, Granados y Bonos del Estado, demagogos profesionales al servicio de sus negocios y su medro personal pasaron de no quererlos ni en su pueblo a las más altas instituciones del Estado, luego a okupar nuestras televisiones y más tarde a conseguidores de eléctricas o petroleras. En el CGPJ, que unos y otros siguen mangoneando, hay gente que lleva casi cuarenta años.

Y el colmo del fregao es que, por una mezcla de intereses espúreos y deficiente ley electoral, tenemos incluso que soportar, no sé aun por qué razón, a declarados enemigos del Estado.

Rufianes descarados de coletas o rastas en camiseta,  estanqueros de Valencia, profesores suspensos que antes de huir juraron amor eterno a Vallecas, cajeras amargadas, amantes resentidas consoladas con piso o chalet, asesoras ministeriales de igualdad de Almodovar, que decían todos estar de paso y ahora se agarran como percebes a la Nación a la que atacan diariamente mientras buscan alcaldías micrófonos y covachuelas para cuando se les acabe el cuponazo, mientras escupen a la cara del pueblo sus contradicciones.

No es cierto que eso sea la democracia, como algunos pretenden. No lo es que un anormal y deficiente sistema electoral obligue a gobernar con golpistas o con los que administran el rédito de cientos de asesinatos de víctimas inocentes de una ensoñación, de un bucle melancólico, caídas por la Nación. La democracia no es esto.

Eso sí, se han ido o se irán, despues de dejar como legado la hiel de sus odios y envidias a una casta y a una clase a la que han demostrado querer pertenecer dejando tirados a sus votantes. No quieren bajarse de la Nación, porque de ella viven.

Pero lo más grave de todo este fregao, paradigma y exponente máximo de la vocación de trepa, record mundial del «trepismo profesional» es el propio presidente del Gobierno, al que se veía venir desde lejos mientras conspiraba y ascendía a codazos dentro de su partido del que va a dejar sólo el esqueleto.

Mas tarde copió su tesis y mintió como un bellaco para llegar al gobierno y duerme hoy a pierna suelta como no podría ningún otro ciudadano ante las responsabilidades y servidumbres del Estado, lo que da idea de su anomalía.

Para llegar al gobierno se apoyó en los enemigos del Estado, con los que decía, no podría dormir. Ahora se acuesta con ellos. Aquellos que además de dejar el rastro de su memez van a costar a los ciudadanos muchos millones tirados por las alcantarillas del Estado, amen de la tradicional pérdida de tiempo histórico. Casi una generación. Los quince años que suele llevarnos Europa gracias a estos y otros majaderos. Y el presidente causante, «Pedro el bamboleante», sigue durmiendo a pierna suelta.

Basta ver cuando habla la falsedad de su cara, la ausencia de la más mínima autenticidad, por eso no puede salir de la Moncloa y es vituperado allá donde va.

He dicho paradigma, porque ejemplo no es de nada y esta ahi para montar su empresa privada. Cónyuges, suegros, parientes, amigos y un rostro que desmiente constantemente lo que pretende, no puede sino perseguir los intereses de una subcontrata dentro de la contrata.

O sea, que de un tiempo acá han «asaltado» el Congreso, y luego el Gobierno, gracias a Sanchez, personajes que disfrutando los privilegios de la vida pública, pretenden seguir viviendo de su cuento o rebañar el futuro de una vida privada, de la que carecían. Las excepciones, ya lo he dicho, se salvan por sí solas y seguro estarán de acuerdo con lo que aquí se trata.

Lo dicho, paciente lector. Nada que usted no sepa. Sensato es pensar que no es fácil, pero el día que el «demos» soberano quiera quizás le demos, a través de unos políticos prudentes pero valientes, una vuelta de tuerca a nuestro sistema de representación.

Victor Entrialgo

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