Deseo celebrar, aunque con cierto retraso, El Día Mundial de la Filosofía (17 de noviembre). No quiero pasar por alto esta fecha, que al menos para mí, un demócrata y defensor de la Democracia, me parece de gran importancia.
La Filosofía intenta sacarnos de la cueva, convencida de que es el mejor antídoto contra la estupidez y la intolerancia. Y algo muy importante que parece que estamos olvidando, debe ser la gimnasia del demócrata, hoy más que nunca.
La filosofía no es que haga ciudadanos críticos, lo que logra es hacer “ciudadanos” en el sentido estricto de la palabra, con sus derecho pero también con sus obligaciones. Debemos recordar que la Democracia en la que vivimos es obra de la Filosofía porque todos los principios que vertebran este sistema político fueron concebidos y enseñados por filósofos.
Sin filosofía no habría existido nunca Democracia ni esa concepción de ciudadano. Por esta razón a algunos nos asusta y enoja que quieran eliminar la Filosofía del sistema educativo, si se llevara a cabo facilitarían que nuestros jóvenes al final olviden su condición de ciudadanos, de hombres y mujeres libres.
«Una vida que no se cuestiona, que no se examina, que no se reflexiona no merece ser vivida» (Sócrates). Las preguntas son necesarias para hacernos derribar muros y prejuicios. Este padre de la filosofía defendía que “La duda es el comienzo de la sabiduría”. Y Ortega y Gasset se expresó de la siguiente forma: “Siempre que enseñes, enseña a dudar de lo que enseñas”-
Para Hannah Arendt “no hay pensamiento peligroso, el pensamiento en sí, pensar es algo peligroso”. La Filosofía sirve para reflexionar, reflexionar sobre la vida, sobre el ser humano, y para cuestionarse las cosas. A lo mejor por eso quieren acabar con ella, la encuentran peligrosa.
El sistema nos quiere competentes como consumidores y productores, pero incompetentes como ciudadanos. Personas que producen y piensan poco, una sociedad dócil y manipulable. Por eso necesitamos de estos filósofos, al modo de profetas que nos curan del peor de los males, la estupidez. “Faros de la sociedad”, utilizando un concepto orteguiano. Y nos devuelve con la cordura la libertad, que es con la dignidad dos virtudes que no deben faltar al hombre.
Estoy seguro que estas letras serán del agrado de mi querido amigo Eugenio Luján, filósofo (gran experto en Unamuno) y excelente persona. Este pequeño y muy merecido homenaje a la FILOSOFIA y a él como constructor y maestro del pensamiento filosófico.
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