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OPINIÓN

Manuel del Rosal: «Mundial de fútbol: Escaparate de la decadencia de la raza blanca»

15 Dic 2022 - 11:02 CET
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“La caída de toda civilización empieza por su decadencia y el olvido de los principios sobre los que se fundó”
Hace ahora un siglo, Oswalld Spengler, historiador y filósofo alemán publicó en dos volúmenes (1918y 1922) su obra titulada La decadencia de occidente. Spengler predijo que alrededor del año 2000 la civilización occidental entraría en estado de postración previo a la muerte.
El mundial de fútbol ha mostrado como la raza blanca va dando tumbos en su caminar hacia la decadencia, hacia el ocaso, y cómo otras razas van ocupando los espacios que, la desidia, la comodidad y la blandenguería de esta raza enferma, ha dejado vacíos de los valores y principios que forjaron el mundo occidental.

No voy a entrar en cuestiones de tipo político, no voy a mencionar a los gerifaltes europeos pringados hasta la médula de progresismo; me quiero limitar a hablar de fútbol y con él de las causas que está llevando a Europa a la decadencia al ocaso, que en el caso del fútbol son físicas y de sentimiento por los colores que representan a su país.

No existe en Europa ni un solo club de primera categoría que no tenga en su plantilla jugadores africanos o de origen africano. Todas las selecciones europeas participantes en este mundial han alineado jugadores de origen africano, sobre todo Francia con siete jugadores de origen africano y cuatro europeos que forman su once.

Marruecos es el paradigma de lo que estoy diciendo. Ha llegado hasta semifinales de este mundial por méritos propios como el físico, la velocidad, el esfuerzo agónico, la exquisita técnica de algunos de sus jugadores, aunque no lo parezca, y el sentimiento de entrega total a los símbolos que representan a su país. Sus jugadores vienen de la pobreza, de los mercadillos, del top manta, de unas condiciones de vida mínimas, pero con una fe en sus creencias, valores y principios y una dedicación y empeño en mejorar sus vidas que nosotros, los pertenecientes a esta raza blanca aletargada, acomodaticia, blandengue, alejada del esfuerzo y del mérito, abandonamos hace mucho tiempo.

He dicho que no voy a hablar en términos políticos, pero si lo quiero hacer en términos sociológicos. Cuando se habla de la decadencia de las civilizaciones es inevitable hablar de la decadencia y caída del imperio romano. He releído el libro publicado en 1939 por Jerôme Carcopino titulado “La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio” donde el autor explica las causas de su caída. Me limito a exponer las causas domésticas y sociales que la provocaron: “Roma fue degradándose y degenerándose conforme iba olvidando los valores que llevaron a aquellas pequeñas tribus latinas asentadas en la región del Latio, a crear el más colosal imperio” “(…) La Annona, era el equivalente a nuestra protección al paro y podía sumar 700.000 personas solo en la capital viviendo de una u otra forma de la asistencia pública. Estos satisfechos y eternos parados, el único esfuerzo que realizaban era el de acudir una vez al mes a las ventanillas oficiales para recibir la asignación que la Annona les había concedido de por vida” (…) “El menoscabo de la autoridad paterna se fue haciendo patente. El marido quedó desarmado frente a la mujer, una mujer que pasó de ser la mater familia a liberadas y desenfrenadas”. La mujer romana que (…) “Antes se enorgullecía de su fecundidad, ahora la rechaza” (…) “Los divorcios se habían convertido en el mejor modo de practicar el adulterio legal” (…) “En este estado de cosas, los hijos sufrían grave abandono materno y paterno y al no querer dirigir a sus hijos se dejaron gobernar por ellos creando una clase de ociosos y derrochadores” (…) “El descrédito del maestro era notorio Era tal la antipatía que mostraban los romanos ante su figura que lo representaban en el teatro como un ingrato traidor” (…) “Ya fuera por el descenso voluntario de la natalidad o a causa del empobrecimiento de la raza, Roma tuvo que mirar al “extranjero” para cubrir las necesidades humanas de sus ejércitos y en los últimos años de su existencia el 60% de sus hombres eran de origen bárbaro”. Y los bárbaros, al mando de Alarico, entraron en Roma un caluroso día de agosto del año 410 por la puerta Salaria abierta por los extranjeros que, desde hacía años vivían en la capital y ocupaban los puestos más relevantes de la administración.

En 1966 el presidente de Argelia Ben Bella dijo: “Conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres” Erdogan, actual presidente de Turquía se ha dirigido a sus emigrantes en estos términos: “Tened cinco hijos no tres. Sois el futuro de Europa” Y es que la mujer europea no quiere ser madre y la demografía, en sus datos de nacimientos por mujer en Europa es terca, así que como dijo Gadafi: “Vamos a conquistar Europa sin disparar una sola bala”. Pero no será solo por esto por lo que la raza blanca se asoma a su ocaso, a esto hay que añadir el olvido de los valores y principios que adornaron a Europa y que han sido olvidados poniendo en su lugar a valores progresistas banales y débiles frente a los valores fuertes y sólidos (no digo que sean justos) que siempre han adornado a los “bárbaros” y a los que, no solo no han renunciado, sino que se han afirmado en ellos.

MAROGA

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